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 - Atalaya -



 



A quién le molesta el campo..?

 Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado


“-El avance de los ideólogos -cargados de resentimiento-  está exhibiendo un afán de desquite por su fracaso, en los años 70, los de la violencia armada, cuando se empeñaron en imponer una dictadura”. (J. Caunedo)        

“-A qué responde el apuro por restringir la actuación de las FFAA ante situaciones de crisis de seguridad, y restableciendo el requisito de que los invasores deben vestir el uniforme de un Estado extranjero…? - 

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Los ataques contra la producción agropecuaria, mediante la destrucción de silos y otros modos de concentración y depósito de cereales estratégicos, constituye una sorpresa maligna que viene alarmando a la opinión pública nacional. Esto ocurre en los ambientes rurales pero ya ganó el interés y la preocupación de los ámbitos urbanos. 

Nadie ignora el aporte de la producción agropecuaria en cuanto al ingreso millonario de divisas a través de la exportación y de cuyo monto se sirve golosamente el presupuesto público, con o sin restricciones. Sin olvidar los sueldos de la burocracia y los “privilegios” de los representantes políticos. De la misma fuente el Estado computa recursos para sus necesidades institucionales y, a la vez, los medios para dotar de infraestructura (obras públicas) a la población. Pero, conjuntamente, de la faena agropecuaria proviene buena parte de los alimentos a un precio accesible para los diversos niveles de la estructura social. Qué pasaría si el consumo debiera depender de productos importados a un costo muy por encima de la producción interna..? - En cuanto se reduciría el acceso a los alimentos básicos y sus derivados dietéticos industrializados..? 

Nadie deja de tener en claro cuánto --sobre todo por la explosión productiva de fines del siglo XIX, con la inmigración-- avanzó con creciente dinamismo como factor medular para el desarrollo nacional. Y con ello multiplicando, en sentido ascendente, las condiciones técnicas, financieras y cívicas del pueblo argentino. Entonces, cómo explicar y/o justificar la campaña “contra el campo” que en los últimos tiempos viene expresada por supuestos “dirigentes sociales” que denuncian la legitimidad de este componente fundamental de la nación argentina. Son los que reclaman medidas jurídicas y económicas en contra de los establecimientos agropecuarios

Claro que no es cuestión de ingenuidad. Los mandarines de la “transformación del capitalismo” --proclamado en fecha reciente  desde  el gobierno-- pretenden someter al gran sector de productores agropecuarios como parte de una particular modalidad de la lucha de clases. Saben que, en la historia del país, en el campo está una de las fortalezas de la nacionalidad, y hay que voltearla. Para lo cual el principal frente de batalla está en la “propiedad privada” y desalentar la iniciativa de miles de individuos y familias que, al decir de un pensador ilustre, “constituye uno de los más grandes y eficaces manadero de energías sociales”. 

Ninguno de estos revolucionarios de opereta ha contribuido mínimamente al desarrollo socio-económico argentino, y tampoco tienen suficiente valor para reconocer públicamente su auténtico credo ideológico. Les apasiona cualquier forma de colectivismo, aunque se proclamen monaguillos o delegados de alguna usina metafísica. Pero no disponen de la fibra política de Lenin aunque lo lleven en el subconsciente, y apenas si recitan algunos de los aprestos literarios de Trotsky.--- 


   

 

 

 

El estatismo como propuesta ideológica

Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado


--“La agresión de los ricos contra los ricos que está en la berlina, hoy y aquí, por un lado puede hacer daño espantando las inversiones; pero además aparece como el libreto de un sainete político.”

--“La óptica mental de cierto izquierdismo, pretendiendo ser una iniciativa justiciera en estos días de “pandemia”, tiene un fondo ideológico más trasnochado que sensato; acaso por que advierte de cuanto ignora la transformación socio-económica que lleva la sociedad desde que se superó la Gran Crisis de 1930.”.  

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En la Argentina el llamado “índice de pobreza” es demasiado alto si se lo evalúa con relación a los medios naturales, la producción agropecuaria y minera,  nivel de industrialización alcanzado por el país y los recursos socioculturales (profesionalidad, artes, educación) a disposición. La población ya superó los 44 millones que, por la escala de cada sector comprende: 50% la base social, 45% clase media y 5% el sector alto. 


--La pobreza en este país tiene largo tiempo. Es como una enfermedad crónica, pese a que se suceden los gobiernos (civiles y militares) y no se encuentra la vacuna adecuada y eficiente. La cuestión, entonces, remite al Estado y a quienes lo dirigen. Y se presenta como un misterio, tan difícil de resolver cual el origen del Universo. ¿Cómo, porqué?”




Las cifras de las escalas socioeconómicas, empero, aún siendo correctas, solamente aportan los “grandes números” para comparaciones globales entre uno y otro nivel de profundidad de los tres principales que constituyen, acorde a la Sociología, la estructura social. Hay algo, empero, que no puede ignorarse. la realidad no es pétrea sino que, normalmente, está “en movimiento”. A diferencia de lo ocurrido con la sociedad anterior al Renacimiento, la vida social soporta y genera energías que no admiten ser neutralizadas por las viejas formas de poder. 


La vitalizan ciertas modalidades sociopolíticas y técnicas, y también  cambios que modifican dichas posiciones relativas. La evolución industrial (siglos 17/18) fue la dura apertura a la modernidad. En el siglo XX no pararon las transformaciones, el  mundo siguió marchando. Un fenómeno que, de manera relevante, siguió a la Gran Crisis (1929 en adelante), con una relación no tradicional entre las fuerzas sociales y, a la vez, entre éstas y las políticas públicas. En lugar de un Estado guardián de los modos socioeconómicos y jurídicos del siglo XIX, se instaló el Estado activo y regulador de las instituciones y del juego de intereses. 


El liderazgo de Ludwig von Mises, talentoso catedrático de la economía de mercado, cedió su lugar a John Maynard Keynes, un “intervencionista” al que no perdonan los nostálgicos de la ortodoxia liberal. Eran los días de avance del modelo soviético y del nacionalismo totalitario. O sea que, ante dicho proceso, el rol de Keynes fue, decididamente, un salvataje.


La composición de la sociedad no ha sido ni es estática. Al superarse la Gran Crisis tomó su lugar --y mucho más con la paz de 1945-- la modernización tecnológica, un nuevo ciclo de la acción empresarial y en el cual la propiedad privada en sus diversas modalidades debió aceptar al Estado --aún a distancia-- como factor regulador. Fue el caso del “new deal” en USA, y en Argentina el giro de la jurisprudencia de la CSJ al imponer el “interés público” sobre los derechos del propietario en los préstamos

 

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En 1958 : Zanichelli  gobernador de Córdoba

Por José Antonio Riesco


Fue en 23 de febrero de 1958, hubo comicios generales y en Córdoba resultó electo Arturo Zanichelli, abogado, de origen mendocino. El flamante gobernador era un activo deportista, Cumplió una larga militancia en la UCR, posteriormente -sin renegar de nada ni de nadie- se incorporó a la UCRI. A ésta, en el orden nacional, la lideraba Arturo Frondizi electo Presidente en la misma fecha.

Muchos observadores coincidieron en que se abría paso una nueva generación, luego de un complicado ciclo inaugurado por la llamada Revolución de 1955 que produjo la caída y destierro del ex presidente Juan Perón. Al resultado de 1958 lo animaba la esperanza de  un rumbo de altura. Y que se lograría mediante el programa  de “integración y desarrollo” con que los triunfadores del acto comicial se proponían cerrar la etapa de desencuentro e inquina que daba color a las relaciones entre los actores de la política argentina. Lo cual requería, en los nuevos mandatarios (nación, provincias y municipios), algo más y mejor que voluntad de pelea y/o sectarismo partidista.

La meta más importante para reconstituir la democracia --y dada la potencia electoral del peronismo-- consistía en un acuerdo “estratégico” y eso implicaba que se respetaría el triunfo de la fórmula ganadora en el comicio. Para que ésta, al gobernar, pudiera incorpo rar las masas al sistema institucional y, con ello, cerrar el ciclo de la mayoría “proscripta” desde 1955. Alguien dijo que era una suerte de convocatoria “no gorila”, orientada a la absorción del peronismo por el régimen republicano mediante un proceso de “integración” social y político.
En la elaboración de ese programa con Frondizi habían colaborado Arturo Zanichelli, Silvestre Begnis, Raúl Uranga --a veces en disidencia con el aporte fundamental de Rogelio Frigerio y sin pasar a mayores-- hasta lograr el acuerdo definitivo. En contraste con esta idea básica (integración sociopolítica y desarrollo económico) se dio una suerte de democracia cerrada como fórmula de los otros partidos: UCR, PS, PDC y sectores del conservadorismo.
La asumían hombres honorables como Ricardo Balbín, Santiago del  Castillo, Lucas Arragaray, Horacio Sueldo, Eduardo Gamond, Américo Ghioldi y otros. Su idea de reconstrucción del sistema constitucional excluía al peronismo. En algunos dirigentes de esa obstinación seguía siendo válido aquello de “el aluvión zoológico”, lanzado en 1946 contra el régimen fundado por Perón.
En Córdoba eso de “integración y desarrollo” mostró la idoneidad y la amplitud política con que el gobernador Zanichelli organizó sus equipos y definió los objetivos básicos de su gestión. Lo hizo sin ataduras partidistas ni ideológicas, en sus colaboradores no hubo extremistas y numerosos funcionarios fueron  designados por sus capacidad y al margen de preferencias domésticas. Algo que le  valió aplausos y también quejas y rencores. La ley que rige a los que gobiernan sólo para el bien común.  
No logro recordar a todos, pero tengo presente los nombres de Dr. Félix Martín, Escr. Héctor Panzeri, .Ing. Molina, los economistas Raúl A. Rios y José Calvo, Dr. Miguel Pascheta, Prof. Elvira Baroffio, Dr. Marcelo Torres, Prof. Leticia Aguirre, Dr. Juan Zanetti, Prof. Francisco Rodríguez, Escr. Angel Reale,  Prof. Eduardo Bordones, Ing. Rinaldo Prósperi, Dr. Gilberto Molina
Zanichelli gobernó con una visión realista de la situación provincial; por eso cubrió los cometidos principales: educación, salud pública, rutas y caminos, energía eléctrica, promoción industrial y agropecuaria, seguridad, etc. En cada rubro fue activa la vinculación concurrente entre el sector  público y las actividades privadas; de ahí el permanente contacto con las entidades representativas (sindicatos, centros industriales y comerciales, cooperativas, clubes  deportivos). Y sin excluir los relaciones con la dirigencia política, en especial en el ámbito legislativo. Cuando surgió y se puso en marcha la legalización de las universidades privadas, en especial “la Católica”, no titubeó en brindar su apoyo.
La política municipal --el área del poder público que más directamente se vincula con los vecinos y sus actividades industriales, comerciales y culturales-- tuvo un lugar muy destacado en el programa de “integración y desarrollo” que llevó adelante Zanichelli. Sin perjuicio de  la competencia y acción del ministerio de gobierno, el gobernador promovió el asesoramiento directo de un grupo de intendentes, entre ellos fue muy fecundo el aporte del Escr. Angel Viqueira, por entonces “lord mayor” de la ciudad de Bell Ville.
El 15 de junio de 1960 la provincia fue intervenida por el poder central. Zanichelli falleció a la mitad de la vida (25.V/64). Pero no pudo eludir el juego de calumnias y acciones malignas en contra de su persona y de su obra. Un fenómeno que, desde los altos niveles o desde los ámbitos populares, por largo tiempo viene esterilizando a  la nación para existir y operar como una democracia moderna. El costo, para propios y ajenos, está a la vista.-
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El difícil arte de gobernar

(percepción, realismo y control)

Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

     
             - “Sin estrategia el político se mueve a ciegas, pero el exceso de estrategia  puede llegar a cegar        al más ducho de los conductores.” (Juan Perón) --- “Si  un militar ocupa el poder político del  Estado, y aplica criterios cuarteleros en su relación con la sociedad, promueve adhesiones irra
               cionales y para nada una conciencia social y democrática.” - (Gral. Schleicher)-- “Gobernar no es soplar y hacer botellas.”: R. J. Cárcano y otros.
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Hace tiempo leí un trabajo del general Oscar Sacheri --“Apreciación de Situación”-- donde explicaba la posición mental de un comandante en operaciones. Es cuando ante la inminencia de una batalla, se ve compelido a adoptar las decisiones del caso. O sea estudiar el campo, que es el espacio físico, marítimo y aéreo y sus elementos fijos y activos, humanos y materiales. Lo asiste, normalmente, su “estado mayor” o equipo de especialistas en los principales rubros del acontecimiento. Pero deberá ajustar el visor si le toca conducir el Estado. Algo sobre lo cual los “argie” tenemos nuestra tradición; aunque a veces los líderes civiles no fueron mejores.

-“Charles de  Gaulle combatió en las dos grandes guerras contra Alemania; pero al gobernar Francia superó la lógica del cuartel y se abrazó con el teutón Konrad Adenauer. Entonces nació la Unión Europea como gran proyecto para la paz”.  

Lo del militar suele ser parecido pero no igual. -Para no actuar a ciegas --o caprichosamente como el cónsul Varron (Cannas, 216 a.C)-- debe resolver ciertas exigencias propias de la profesión y ya indicadas, entre otras conocer y/o entender la mente del oponente. Seleccionar las rutas de avance y, por previsión, las de retirada, etc.

O sea que “el campo” es un factor vivo con el cual dialogar y enfrentarse. Todo conforma “la situación”, un fenómeno dinámico con sus riesgos y oportunidades. Es el soporte mental de la decisión estratégica. Con el manejo del Estado, y conducir una sociedad, ocurre algo similar (guardando las diferencias, que no son pocas), aunque la defensa es una función sustantiva de todo gobernante (art. 21 CN).

-“Julio A. Roca y Agustín P. Justo fueron buenos militares, y la historia (al margen de odios y  envidias) dejó visto que luego de ejercer el gobierno nacional el país habían cumplido un notorio ciclo de desarrollo. El uno plantando la Nación que, victoriosa, llegó a la admirable marca de 1910. Y el otro logrando superar la Gran Crisis de 1930 y dejar una sociedad próspera y en marcha. Ellos no fueron santos, que los santos son para otra cosa”. ( J. Caunedo)

El ejercicio del poder político es mucho más problemático, el pueblo no es “una tropa”; y demanda del funcionario una actitud mental que necesita entenderse con una situación normalmente compleja. Por razones prácticas no se gobierna con todos, aunque sí hay que hacerlo para todos. Va mucho más allá que la conducción de un ejército. De ahí que la Ley Suprema asigna al principal responsable de la faena una posición especial. En este caso al Poder Ejecutivo, cuyo titular es el Presidente. Actúa acorde a lo que le autoriza la Constitución y las leyes que, de conformidad, sanciona el Poder Legislativo..

“- El Pte. “es el jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país.” (art. 99-1 de la Constitución). En los siguientes incisos se especifican y desarrollas tales atribuciones.

Sin exagerar, --a no ser que lo limite y condicione algún factor ajeno a la ley, Catalina
de Rusia hubo una y nunca más-- el gobierno de la sociedad nacional tiene su actor principal en el Presidente, con más cometido y libertad de acción que, por ejemplo, suele disponer el Primer Ministro en un sistema parlamentario. Le cabe el deber de conocer lo principal del sistema legal, y percibir (detectar y evaluar) todo lo necesario de “el campo”. Su percepción realista y siempre actualizada es la herramienta principal.

Su objeto es la población y su organización territorial en jurisdicciones, el  régimen económico y financiero, los partidos y grupos sociales, y el nivel de los medios privados y públicos. Lo hace apoyado por un equipo ministerial con eficiencia técnica y política, para nada meros subordinados y que pongan su lealtad sólo al servicio de las necesidades y recursos de la nación. Para que al  Presidente le ayuden a una inteligente “apreciación de la situación”. Un gabinete de alcahuetes no le sirve a nadie (J. Cueto)

--En la llamada “sociología de profundidad” se distinguen al menos tres niveles socioeconómicos: alto (5%), medio (45%) y bajo (50%, en la Argentina por ejemplo. En el último siglo hay indicadores de cambios y evolución que denuncian la superación gradual de las diferencias entre uno y otro nivel. Tiende a superarse la antigua rigidez entre las clases sociales, algo que viene alterando y superando a la vieja estructura socio-cultural. De ahí la alta complejidad dónde y cómo vivimos. Y pese a que cierto ideologismo anticuado no advierte o -por intereses sectarios- se empeña en negar.    

Un problema fundamental --junto al conocimiento lo más objetivo posible de la realidad nacional: la sociedad en movimiento-- es que el gobernante actúe con plena conciencia de que no tiene al frente (ni trate de engendrar) un rebaño o una multitud de fanáticos ni de mendicantes. Se supone que el  ejercicio de la libertad básica de los habitantes ha generado una comunidad de ciudadanos, donde el más importante tiene obligaciones y el más débil dispone de derechos. Y no meramente de limosnas.

 Aunque la práctica política, arriba y abajo, suele contaminar de privilegios en un caso, y de servidumbre en el otro. Para todos vale el deber de existir acorde a condiciones de disciplina social. De otro modo se frustran los fines del Estado. Es el secreto de las naciones fuertes y desarrolladas. La faena gubernativa es dañina --incluso antipatriótica-- si el aumento del “gasto público”, con una alta y costosas burocracia, consume irracionalmente la capacidad financiera del Estado. En buena medida se relaciona con el atraso en la tecnología avanzada para la Administración. El vicio de la “empleomanía” -- sostenido por una irracional emisión monetaria-- es parte, desde siempre, de los hábitos de cierta porción destacada de la dirigencia partidocrática. 

Junto a la realización de “objetivos” la función gubernativa se complementa con “el control” de todo lo que pasa y no pasa con la acción de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). En cualquiera de ellos se dan situaciones de ineficiencia, demoras injustificadas, costos ilegales y corrupción.

Los procedimientos informáticos --con base en alta tecnología-- proporcionan “en acto” las señales y datos adecuados para ubicar, detectar y conocer la posición física y/o electrónica de un asunto (expediente, gestión, obra pública, conflictos, etc.). Salvo motivos especiales y/o irregulares, sólo por negligencia o intereses, el Presidente y sus ministros no pueden justificar demoras o atrasos en el control de las actividades de los organismos de su dependencia. El gobierno del Estado debe operar con la racionalidad, celeridad y precisión de un sistema y no de otro modo. Incluso utilizar los servicios informátivos materiales y/o personales, en un tiempo y un país que se pretende del Siglo XXI.

El concepto político de “control” comprende a las relaciones --en reciprocidad-- de los tres poderes de la Constitución. Pero va más allá, en el sentido de que el Gobierno debe recibir oportuna y adecuada noticia de resoluciones de esas áreas de actividad estatal y no sólo por el mensaje que llega con las resoluciones, los debates o las sentencias. Pero además, a dicha percepción formal en la democracia tiene importancia aquello de que por razones prácticas “se gobierna con pocos pero para todos”. El pueblo de alguna manera, en tal régimen, necesita ser y sentirse “autor y actor” del mismo. Algo que los demagogos y dictadores carismáticos saben cómo disfrazarlo.

Los regímenes republicanos, además de básicamente democráticos, no pueden eludir semejante compromiso en una sociedad participativa. La conexión existencial entre el gobernante y los diversos niveles de profundidad de la estructura social (baja, media y alta) abre y/o perfecciona la posibilidad de asumir la problemática socioeconómica y, a la vez, emocional de la población. Una faena que se pretende suplir con encuestas y estudios de campo, o que suele delegarse en la red de “militantes y punteros” si es que se cuenta con ellos. Y cuya eficacia la experiencia aconseja no despreciar ni exagerar.

En las autocracias (directas o disimuladas por el populismo) el control se hace de arriba hacia abajo, es una herramienta de dominio. En las democracias funciona como  un “va y viene”. A los requerimientos y mensajes del gobierno corresponden similares comportamientos de la sociedad. Esta se expresa de modo directo (grupos de bases, individuos, periodismo) y cobra vitalidad si los partidos políticos son algo más y mejor que agencias de colocación de candidatos o gestores de jubilaciones de privilegio.
 
Vale tener presente que la llamada Ley Saénz Peña (1912- art. V) a los argentinos les otorgó el “voto individual, secreto y obligatorio”, para ser ejercido por ciudadanos y no otro invento. Aunque en cada generación siempre surgen “líderes” exitosos, listos y capaces para masificar y domesticar al pueblo asignándole el título de mayoría democrática. Con eso lo rebajan al nivel de “cosa” y poco más. A lo cual suele ayudar cierta orientación de la pedagogía para que, en la escuela, al niño y seguidamente al joven, lo acostumbren a despreciar la disciplina social y, más aún, le imponen memorizar la batalla de San Poroto y la biografía del rey Pironcho, aunque para nada las leyes básicas de la economía a fin de que al votar distinga entre un demagogo y un estadista.-
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