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 - Atalaya -



 

 

 

ASTURIAS Y EL RETORNO A LA CRISTIANDAD

Por José Antonio Riesco                   

Entre prados y montañas –formando en los Picos de Europa--, bien al norte de España y mojando sus bajos con las aguas del Cantábrico, está emplazado el Principado de Asturias. Allí dejaron su marca, por dos siglos, los colonizadores germanos. En Asturias hay, en mucha de su gente industriosa y aguerrida, esas huellas de la etnografía. El rey Pelayo era de ese origen.

De un lado el territorio toca con Galicia, de otro con Castilla y León y al Este los grandes montes Cantábricos que describió Pereda con la magia de su letra. Es la tierra que llena de admiración a los viajeros si de la capital, Oviedo y antes salien do del Puerto Luarca, van hacia el sur y se detienen en Caunedo y muchos otros  jardines del turismo. Allí quedaron mis abuelos, Manuel “el maestro” y Dominga. cuando sus tres hijos varones, mi padre entre ellos, saliendo de La Coruña cruza  ron el Atlántico para recalar, los primeros años del siglo XX,  en la Argentina que ya bordeaba el primer centenario de su independencia.

Asturias ha sido cuna de una gestación histórica que tuvo el significado de las grandes cosas. Un acontecimiento de 722 d.C. donde un rey de origen visigodo, don Pelayo, lideró la primera gran protesta contra los abusos de la dominación musulmana (Al-Andalus). Y pronto junto con la Cruz de los cristianos hizo de la espada el signo de los hechos. La acción de Carlos Martel (en Poitiers), sin  desmerecer su trascendencia, se dio en  732,

Fue un 28 de mayo de 722 que Pelayo acaudilló para la guerra a 300 lugareños decididos a enfrentar un ejército de miles de sarracenos. Desde una cueva que luego se dedicó a la Virgen, cerca de Cangas de Onis, su tropa, plena de heroísmo, dio la batalla de Covadonga y derrotó al poderoso enemigo. Allí y así arrancó una muy larga jornada hasta lograr la reconquista de España y la expulsión de los invasores recién en 1492 por obra de las fuerzas de Isabel y Fernando. Aunque, sobre todo en la región sur de la gran Península, quedaron huellas arquitectónicas y de lenguaje de los pueblos islamitas.

En el siglo XX en Asturias se produjo otro acontecimiento cuya significación quedó desdibujada por el proceso siguiente. Ocurrió el 5 de octubre de 1934 con el levantamiento armado que protagonizaron grupos revolucionarios (mineros socialistas y anarquistas). Duró pocos días ya que fue reprimido por el ejército durante la República, costó sangre e hizo, políticamente, mucho ruido.

Los asturianos radicados entre nosotros, salvo excepciones como todo lo humano, son intelectuales, industriales, campesinos y hoteleros. Cada tanto se iluminan los “centros” para las fiestas de la colectividad. Y a fe que han hecho mucho para que Argentina avance. Vale el homenaje de esta nota y de la gratitud que la alienta.—
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Zanichelli: político y gobernante

Por José Antonio Riesco
Instituto de Teoría del Estado
Arturo O. Zanichelli falleció el 25 de mayo de 1964 y por algún motivo fundamental su imagen de hombre, político y gobernante persiste como la marca  de un virtuoso. De él se recuerda el culto que brindó a su familia, a los amigos, al deporte. Era nativo de Mendoza y recaló en La Docta para ser abogado y luego funcionario destacado en la gestión de Amadeo Sabattini. La activa militancia en la UCR lo llevó a la senaduría provincial; más adelante, habiendo optado por la convocatoria de Arturo Frondizi, en 1958 accedió a la gobernación de Córdoba que ejerció hasta 1960 en que lo echaron por bueno.

Lo que vale –hoy y siempre para que aprendan las nuevas generaciones-- fue el estilo con que Zanichelli resolvió su compromiso con el pueblo de la provincia. Ni antes ni después dejó de ser un político, o sea un luchador altamente idóneo en la percepción de las bondades y dificultades de la calle, y de la dialéctica humana y social con que se vive el noble oficio. A la hora del conflicto siempre estaba de pie y a la del acuerdo sabía tender la mano aún con quienes desconocían su actitud constructiva.

Cuando le toco ejercer el poder local no dejó de ser un político pero lo hizo por encima de dudas y pequeñeces. Con pleno derecho se sentó en la silla que habían ocupado, entre otros, Figueroa Alcorta, Ramón J. Cárcano, Rafael Núñez, Julio C. Borda,  Gerónimo del Barco, Julio A. Roca (h.), Emilio Olmos, Pedro J. Frías, Amadeo Sabattini, Santiago del Castillo, Juan I. San Martín.

Con esa prosapia institucional de soporte Zanichelli definió su estrategia. Para ello seleccionó un grupo de expertos en las diversas ramas de la administración. Todos de primera aunque sin que presentaran la ficha de afiliación al partido oficial. Ni a los vín culos familiares y menos a los banderines ideológicos. En cada ministerio se instala ron profesionales de prestigio, y también gente con experiencia y lealtad en los niveles dependientes- Cada uno para lo que mejor portaba. Y así actuaron y sirvieron a los intereses de Córdoba-

El equipo, así formado, al gobernador le permitió realizar un censo realista y factible de necesidades públicas. Problemática energética e industrial, vialidad, educación. sector agropecuario, etc. Y permanente acción por la convivencia de los cordobeses. En la Legislatura se debatieron muchos puntos de ese programa, y se esclarecieron dudas, costos y objetivos. De todo se hizo la luz, hasta de las diatribas y calumnias de cierto grupúsculo opositor. Pero la acción conjunta de equipo y plan dio resultados altamente positivos.

Claro que para cada rubro gubernativa hubo que, primero llevarla adelante, y seguida mente dar todas las explicaciones y justificaciones, ya que “la oposición” combinaba a varios grupos que no toleraban el éxito de Zanichelli y su equipo. Pero el gobernador, sin violencias ni mala cara, enfrentó a la beatería cordobesa, una la de izquierda, furiosos por el apoyo que Zanichelli dio a la creación de la Universidad Católica. Los voceros de la FUC movilizaron a la estudiantina denunciando “el avance del imperialismo sobre la cultura nacional y popular”. Otra, la ultra derecha que impugnaba a dos ministros (por entonces cincuentones) ya que, cuando eran adolescentes, habían concurrido a un meeting donde habló Alfredo Palacios.

En el orden nacional el clima político era de creciente temperatura. En principio por la resistencia que, en los caucus del atraso, provocó la política de “integración y desarrollo” planteada por Frondizi. Y además por que los grandes sindicatos llenaban las calles y plazas con una verdadera ofensiva opositora. Estaban excitados por las “órdenes” que llegaban del exterior ante la demora del gobierno nacional en cumplimentar todo lo prometido y todo lo reclamado.

En semejante barullo se acodaban muchos peronistas con los “gorilas” anti peronistas. En ese juego Córdoba fue elegida para inaugurar el proceso de demolición. De ahí el “afloje” que cedió posiciones al enemigo, acaso como anticipo del pleito mayor, ese que culminó el 29 de marzo de 1962.

La intervención a la provincia se consumó por resolución parlamentaria y el Ejecutivo designó un interventor. Zanichelli se fue del cargo, pobre y honrado, con la salud grave mente afectada. Bajo el brazo sólo se llevó un diploma donde consta lo que es ser un político de raza y un gobernante de lujo.-
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Saul A. Taborda: “Vivió y pensó para su tierra”

Por José Antonio Riesco

“¿De qué estoy hablando? En el cementerio viejo de Unquillo, en el interior de las serranías de Córdoba, está la tumba en tierra de Saúl Alejandro Taborda, labrada por Alberto Barral. El cementerio parroquial se llama San Francisco de Asís, y la definición de su recuerdo es perfecta: “Vivió y pensó para su tierra”. (Chalitab)
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No hace mucho –este año--  leí en “La Nación” (25.III.2017) una nota de la escritora Escr. Rosalía Taborda de Molina (Chali), y que ella tituló “La lápida de granito en la tumba de Saúl Taborda”. El homenaje, mérito de la sobrina del eminente educador, me resultó un estímulo, con tonos de  canto literario, para ahora decir  algo sobre Taborda (1885-1944)
 
Taborda –apunta su sobrina-, nació en Chañar Ladeao (Cba.). Allí pasó su niñez para ir luego a destacados centros culturales: La Plata en Argentina y más tarde en Alemania. La primera labor de escritor fue para poesías, obras de teatro y literatura. “Con idéntica pasión, dedicó Taborda después su pensamiento a temas de pedagogía, de política, de filosofía, que lo atraparon en la reflexión.”

Las ideas de Taborda –señala Chali-- siempre mostraron preocupación por “el desarrollo de las jóvenes generaciones. Y se refieren a constitución política y social, democracia funcional y liberal, autonomía pedagógica respecto de la política, comunitarismo federativo como base de organización política social, y las vigorosas y únicas ideas sobre lo facúndico como esencia del ser nacional.”

No lo conocí personalmente. Cuando llegué a La Docta, en 1949, se hablaba de él, fallecido en 1944. Pero tuve la suerte de que algunos testigos calificados del historial cordobés me dijeran cosas suficientes.

El primero, abogado y ex gobernador de Córdoba, don Santiago del Castillo, y bajo cuyo mandato Taborda fue creador y director-organizador del  Instituto de Investigaciones Pedagógicas, complementario de la Escuela Normal Superior, admirable obra educativa que da testimonio en nuestro barrio General Paz. Pese a que don Santiago era ya hombre mayor y figura prócer de la UCR, y yo muy joven militante del Partido Demócrata (“el viejo glorioso y perfumado”), me honró con sus lecciones de política.

Y no achicó la gratitud por el valioso aporte de Taborda, junto a Antonio Sobral, a su gestión gubernativa. Lo conocí (1952) en “la mesa” de los opositores, en el viejo Hotel City, donde a diario se reunía un grupo de figuras como José Antonio Mercado, del Castillo, Ross Escobar, Esteban Gorriti, el Ing. Ferreira, el médico Dr. Rodeiro y, a veces, su colega el Dr. Arturo Illia de paso hacia la Capital donde ejercía su diputación nacional. También, un día, allí se alojó Arturo Frondizi, y compartió “la mesa”.

También me dio referencias el abogado, educador y sociólogo  Dr. Juan   Eugenio Zanetti, que había sido apasionado adversario político de Taborda hacia 1935.  “-Taborda, me dijo, --superando rencores de aldea-- fue la mente más lúcida del país en materia pedagógica. Hable con sus discipulos Adelmo Montenegro y, sobre todo, Santiago Monserrat, ambos integraron el Ateneo Filosófico que fundó Taborda, y donde además están J.  Culleré y Tomas Fulgueira”. 

En sus discursos –orador brillante-- Montenegro solía hacer citas de los  pensamientos de Taborda. Era un calificado mentor del gran pedagogo, de quien recordaba hechos y pasajes de su trayectoria. Luego entrevisté a Santiago Monserrat –docente de alma y futuro decano de Derecho en la UNC donde fundó los institutos de investigación. Me brindó su amistad y un día me impuso ser investigador en el de Derecho Político y Constitu cional. Lo dirigía César E. Romero, legendario “gordo”, riojano y conferencista en Europa, invitado por sus amigos Fraga Iribarne, García Pelayo, Sánchez Agesta, Jiménez de Parga, George Burdeau y otros adalides del Derecho Público y la Ciencia Política.

Monserrat, poseedor de una admirable formación clásica (jurídica, filosófica, histórica y literaria) fue acaso quien mejor identificó y divulgó los valores y las tesis de Taborda. Y ello tanto en clases universitarias, conferen cias y publicaciones. Siempre tengo presente su magnífica disertación en Bahía Blanca en 1953 invitado por la Biblioteca (luego universidad) “Bernardino Rivadavia”. Abarcó los puntos principales del ideario de Taborda  y, especialmente, hizo una versión altamente significativa de la concepción “facúndica” del pensador, lo que motivó todo un impacto en el numeroso público. Fui a escucharlo y aplaudirlo por que en esos días yo vivía cerca de la ciudad sureña, en Puerto Belgrano, por “el servicio”.
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Una convocatoria a la horda

Por José Antonio Riesco

-“En la política a veces se destacan personas admirables, aunque en otras suele proyectar atolondrados a sus máximos niveles.” (Chesterton)
-“Resentimiento: Estado doloroso del que se siente maltratado o tratado injustamente”.(Enciclopedia Edi-Argen)
-“Es sólo en la guerra donde el agrupamiento político en función del amigo y del enemigo alcanza su última consecuencia. Gracias a esta posibilidad extrema adquiere la vida del hombre su polaridad específicamente política.”(Carl Schmitt)

 

La Argentina contemporánea –y esto cubre ya varias décadas-- viene soportando una lamentable caída de las actitudes ético-sociales, de manera relevante en los comportamientos políticos. Son pocos los que se resignan a una derrota o la pérdida de una oportunidad. También los que no soportan el éxito ajeno, ya sea en el ámbito partidario propio o en relación a los de “otros”. Los domina la envidia.

Y están, asimismo, quienes convierten las diferencias ideológicas en motivo de odio o rencor al mirar hacia un ministro o al líder de una agrupación de otra posición doctrinaria. Nikita Kjruschev –heredero del poder a poco de muerto Stalin-- aconsejaba a sus “correligionarios” que odiaran al adversario y convertir el odio en el arma espiritual de la lucha  política. También el Ché Guevara lo predicaba. 

Adolfo Hitler fundó y ejerció un sistema de poder donde hizo del Tratado de Versalles --cuyos errores anticipó el inglés Keynes y los propios vencedores de la Gran Guerra se empeñaron en corregirlos--  una herramienta doctrinaria y psicopolítica para llevar el odio a la política interna de Alemania y sobre todo al campo internacional. El antisemitismo fue en él un condimento irracional. Convirtió a Alemania en una potencia y la estrelló con una guerra desastrosa.

En nuestra historia el odio siempre ocupó un espacio significativo, tanto en lo  personal como en lo colectivo. Todavía andan las minorías sectarias sectarias despotricando contra la masonería de Sarmiento, unos, o la tiranía de Rosas, otros; pasan los años y cada tanto aflora el “gorilismo” (odio al peronismo). Los radicales-radicales nunca le perdonaron a Arturo Frondizi que les ganara los comicios de 1958; y más cerca, la gestión de Eduardo Duhalde para sentarlo a Néstor Kirchner en la Presidencia, tuvo más de un notorio resentimiento contra Carlos Menem que de estrategia política.

Hace pocos días tronó el resentimiento por boca de Florencio Randazzo, uno de los príncipes consortes que emergen de la crisis interna del PJ. Resucitando la tesis de Carl Schmitt, jurista militante del nacional-socialismo hitleriano, en lugar de nombrar al Pte. Macri como adversario o competidor, lo marcó de “enemigo”.

Pese a su buen currículo profesional, el ex ministro político de doña Cristina bajó el nivel de su proclama diciendo que “el enemigo es Macri”. Aunque le faltó agregar que si Mauricio Macri es hoy el jefe de gobierno del país, entre otros motivos se debe al desastre moral, económicoo y social con que los argentinos se en concontraron el día del último comicio general (30.X.2015). O sea el fruto de una larga década en la que el Sr. Randazzo fue alto jerarca gubernativo.

Privado de toda modestia y prudencia prefirió tapar la historia y lanzar una convocatoria a la horda. Leal discípulo de Ernesto Laclau repitió las invocaciones que el filósofo K hacía a la oposición amigo-enemigo y que el jurista nazi antes citado usaba para establecer la esencia de “lo político”. Carl Schmitt acertaba al decir que en el origen de toda política había un “conflicto”, pero ignoraba (o despreciaba) que la democracia surgió en la historia para ser –mediante métodos electorales y en ello el principio de mayoría-minorías-- el sustituto de las guerras fraticidas que, en el pasado, solían concluir con el exterminio del adversario.

La tesis de Schmitt ponía el acento en el “enemigo” público (hostis) como parte de la diferenciación originaria y sustantiva de las relaciones políticas. Atendiendo al cuadro histórico en que lo dijo, hacia 1925, no es aceptable la distinción con el “inimicus”, u oponente privado. Eran los días en que los nazis preparaban sus ar gumentos y milicias con vistas a la dictadura y sus agregados: el exterminio racial y de las organizaciones partidarias y sindicales, así como la ocupación de territorios ajenos. Schmitt fue, entonces y luego, un eminente jurista al servicio de la locura hitleriana. Aquí lo resucitó Laclau, doctor “honoris causa” de dos universidades cordobesas y teórico del populismo degenerado.

Ya vivimos, los argentinos, los experimentos ideológicos y propagandísticos que nos llevaron a convertir la sociedad en un escenario de violencia y crímenes. Fue cuando a la competición democrática la sustituimos por una fórmula que hizo del competidor un “enemigo”. Es lamentable que las propuestas de E. Laclau, fundadas en las tesis de Carl Schmitt—revivan ahora en este país. Y para entender la esencia totalitaria del jurista de Hitler basta lo siguiente:

-“Para el manejo y la aplicación de las normas generales por parte del juez, son única y directamente competentes los principios fundamentales del nacional-socialismo.” (C. Sch. Berlín, 1933, Leitsatz 4)
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Corea Norte vs. Estados Unidos

Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

-“La guerra es la solución violenta de un conflicto entre dos Estados y que puede implicar la participación de otros, como aliados u oponentes de algunos de los principales”. (Cnel. Doktor Otto von Frankheimer)
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Desde que en 1948, finalizada la 2da. Gran guerra, por un acuerdo entre EE.UU y la en tonces U.R.SS, la península de Corea fue partida en dos (Norte y Sur). El régimen norteño reivindicó la unificación de todo el territorio como objetivo, poco después, dentro de esa ambición, produjo el ataque militar hacia 1950 y que, por la llamada “Guerra de Corea” (1950/53) determinó la intervención de las fuerzas militares de las Naciones Unidas bajo el comando del general nortea mericano Douglas MacArthur. La China de Mao se sumó abiertamente. El arreglo final dejó las cosas como antes tanto como las tensiones. Pero bien se ha señala do que “se había contenido al Norte, pero los EE.UU. habían asumido un importante y duradero compromiso militar con el Sur, del que le sería difícil, si no imposible, retirarse”. (P. Kennedy, 473). Sigue vigente.

Corea (norte + sur) es un enclave geoestratégico en una región de historias calientes. A fines del siglo XIX Japón lo tuvo como objetivo de su expansión, de ahí la invasión a China (reiterada en 1931) y posteriormente una guerra victoriosa con Rusia (1902). Con la paz de 1945, los apetitos territoriales japoneses fueron acotados, incluso perdió dos islas de su dominio y, en el despliegue de los ambiciosos, logró espacio lo que sería Nor-Corea, amigo de China y,  en cierto modo, de Rusia. Años después de 1945 Francia abandonó a su colonia en Indochina (Vietnam) y luego ocurrió otro tanto con Estados Unidos.

Ahora los protagonismos de un conflicto que está escalando a alta temperatura pertenecen a los gobiernos de Pyongyang y Washington; este último es además protector  de Corea Sur y aliado de Japón. Lo principal surge en torno al desarrollo “atómico” de Corea Norte dentro de un proceso avanzado de misilística y armamentismo moderno. En un territorio de 120.5 mil km2 y con una población que ya supera los 25 millones de seres, dispone de un ejército de 700 mil hombres y mujeres que, en una emergencia, puede ascender a 1.5 millones o más.

El sistema político gira en torno a una ideología difusa (socialismo “juché) que se ex presa en una dictadura personalista que ejerce Kim Jong-un, titular de una dinastía con poderes absolutos. Viene de años de crecer en su poderío militar y de no aceptar la  suspensión de su desarrollo termonuclear orientado a lograr una gran capacidad ofensiva-defensiva. Incluso suele advertir que, en caso de guerra, sus misiles con cabe za atómica llegarán al territorio de USA. Pese a que más cerca está Japón, nación ésta con condiciones de ser una gran potencia militar en poco tiempo.

Aunque ahora se habla de otra trayectoria previa, hay al menos tres portaviones, poderosas máquinas de guerra, que Estados Unidos colocó cerca de la península de Corea. El gobierno de Trump no anunció un ataque, pero su vicepresidente fue elocuen te:”Se acabó la paciencia”. Uno y otro elemento hacia la acción, lograron la respuesta de Pionyang y no con buenas maneras. Para más claridad de lo que puede pasar el ejér cito de Kim Jong-un realizó un espectacular desfile donde lo que mostró –en cuanto a tropas y equipos bélicos-- llenó de alarma la opinión pública del mundo. China y Rusia pusieron en marcha una suerte de  gestión mediadora antes de que llegue el desastre.

La cuestión es si tales movimientos muestran un juego de fintas, o sea de gestos disuasivos donde cada parte se esmera en advertir a su oponente que, dado el cuadro estratégico, no queda para él “otra alternativa que la derrota”. (Rattenbach h., p. 65). O sea si esta eds la posición de USA plantea a Kim Jong-un a que haga un cálculo de costo- beneficio. Para lo cual exhibe un despliegue técnico  de alto y seguro aniquilamiento, ya que a eso podría llegar el uso de misilística y aviación de última generación, la anulación previa del sistema de comunicaciones, etc. Sobre lo que es la máquina de guerra de USA vale recordar, en víspera del ataque japonés a Pearl Harbor, las prevenciones que el almirante Yamamoto hizo al Emperador y que se cumplieron “in toto”.

Hay la otra cara del asunto. Es Kim Jong-un quien hace una propuesta disuasiva. Luego del desfile donde exhibió todo su no despreciable poderío militar, le dice a USA: “puedes ganar, pero te va a costar caro, mira lo que tengo.” También USA está obliga do a formular su propio cálculo de costo-beneficio.

Salvado lo anterior siempre queda pendiente la guerra efectiva. Nadie hoy la puede descartar, cualquiera sea el resultado de las gestiones chino-rusas. Nos queda, pues, imaginar cuestiones de base: ¿será ésta una parte del “choque de civilizaciones” que para el siglo XXI anticipó Samuel Huntington (Harvard, 1993)..?. ¿Estamos en presencia de la guerra como “conflicto social” según en su momento (1947) el español M. Fraga Iribarne definió a las contiendas armadas.? . O se trata de un problema de seguridad in ternacional mezclado con intereses..?
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--Rattenbach, Augusto; Introducción a la estrategia; Bs. As. Pleamar, 1979.
--Kennedy, Paul: Auge y caía de las grandes potencias; Barcelona, Plaza & Janes, 1989.

 

 

Se puede consumir un país…?
Por José Antonio Riesco
Instituto de Teoría del Estado

--”Por la aceleración de los precios, el Banco Central adoptó una estrategia de contracción monetaria. Esto implica tasas de interés más altas y atraso cambiario lo que retarda la recuperación de la producción. Las críticas no deberían orientarse hacia el Banco Central sino al resto de las áreas que toman decisiones de gasto público no coherentes con la meta de inflación adoptada. Para bajar la inflación se requiere más austeridad e innovación en la gestión del Estado.” (Idesa: Nº700, 16.IV.2017)
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Durante cierto tiempo la variable “consumo” figuró como una condición incontestable del desarrollo económico. Y era, sigue siendo, razonable. Junto a las inversiones el consumo de los bienes producidos siempre resultó el socio obligado en el reparto del mercado. Las inversiones perderían rápidamente rentabilidad si la masa de bienes que las  empresas lanzan al mercado no encontrara consumidores que paguen por ello. O sea no tuvieran quien los compre para que aquéllas subsistan y crezcan, con sus efectos en la  situación de la economía nacional.

-“El Mito del Consumo ha sido objeto de advertencias en un estudio a propósito de los esfuerzos que se están cumpliendo para revertir el proceso de decadencia que viene aquejando a la economía nacional. Vale la pena leerlo dos veces para aprender algunas cosas importantes.” (M. Krause, A. Ravier y N. Cachanosky: La Nación, 12.IV.2017)

Nuestro enfoque es político, se trata del rol del Estado respecto al asunto, atento a que al poder público compete el arbitraje sobre la pluralidad de grupos socioeconómicos que  se disputan el reparto. Y además por que, con su enorme burocracia y los montos de recursos financieros que dedica a sus obras y cometidos, integra el elenco del grandes consumidores. En eso es competidor con las empresas que absorben los recursos de la  sociedad y de los préstamos que toman  de los bancos.

La cuestión nos remite a conceptos que aportan los economistas. Según éstos la riqueza de una sociedad surge inicialmente del ahorro, o sea la proporción de los ingresos que no se gastan (o no se consumen). Y que, todo o parte, se aplican a la creación neta de capital (inversiones). Temas que no suelen merecer atención ni respeto de muchos miembros de nuestra “clase política”, a lo más los descalifican por ser propios del “neoli beralismo”. Una suerte de alíen, el 8vo. pasajero.

-“Se define a la inversión neta, o creación de capital, como el aumento neto del capital real de la comunidad (equipos, edificios, existencia de mercancías, etc.)”. (Samuelson,  p. 216) Sin tener a la vista un carnet de afiliado a su partido, hay que reconocer en Arturo Frondizi a uno de los pocos políticos argentinos que, en su campaña electoral y luego desde el gobierno, hizo docencia con el tema.

Enseñó que la parte del ahorro que se dedica, en lugar del gasto, a las inversiones, constituye el motor del desarrollo, y que es la decisión de un pueblo  que avanza, con justicia social, hacia un horizonte superior. El ex Presidente agregaba: “Cuando el ahorro nacional es insuficiente, tiene sentido gestionar el aporte de los inversores extranjeros, sobre todo en las industrias estratégicas”.

Una idea similar se la escuché a Federico Pinedo, ex ministro de economía en la “década infame” según sus detractores, aunque fue la etapa en que se pusieron en marcha las  tendencias económicas que luego Perón motorizó hacia adelante. Ocurrió a fines de 1951 en que –por razones que no es del caso ahora mencionar y siendo yo muy joven-- Pinedo me honró con una audiencia de casi dos horas. Y en la cual aprendí mucho.

-“El manejo de la economía es muy fácil. Ud. establece el nivel de bienestar que le quiere dar al pueblo y acomoda la economía a ese objetivo.” (J.D.Perón) (Reportaje al periódico “Soberanía”.) Dijo, a su vez, R. A. Cereijo, ex ministro peronista: “Perón era inteligente  pero tenía una visión romántica de la economía.”(ante la Comisión Investigadora, 1956).

En lo fundamental se trata de optar entre venerar el “mito del consumo” sacrificando la función y la trascendencia de las inversiones, por un lado, o de valorar en su justa medida la significación incuestionable de las últimas. Teniendo presente que la reconocida “fuga de capitales al exterior” no es solamente un acto de egoísmo antipatriótico o de perversión de parte de los empresarios. Pero se lo estimula cuando la presión de los grupos sectoriales o la inflación lleva a confiscar la rentabilidad de las inversiones.

Entonces aquéllos se van tras la búsqueda de oportunidades donde la rentabilidad sea  mejor que la local, factor que se suma a las condiciones de seguridad jurídica. Y de nada vale quejarse, como hizo el ministro de Alfonsín cuando en 1989 avanzaba el tsunami de la inflación.  “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. Acaso era más auténtico responderle con el Poema 20 de Pablo Neruda…?

De ahí que sea imprescindible tener en cuenta que detrás o por debajo del nivel de consumo y su medición como PBI, está el proceso de la producción de riqueza. Si a esta etapa se la desconoce total o parcialmente la economía da sus pasos en el aire, algo que no le importa a ciertos sectores sociales con poder suficiente para imponer “lo suyo” y dejar de lado todo lo demás. En especial eso de que la producción es el fruto de las inversiones.

Nos viene ocurriendo lo contrario, cada vez que en las “paritarias” se remata el ritmo de acumulación de capitales y sin que una medida justa y razonable, para el país, surja de aquéllas. En cuya instancia el desarrollo queda al garete. En ese trato (suele suceder) la parte empresaria, si es que no tiene en vistas la fuga al exterior, acuerda porcentajes de aumento salarial que espera compensar con la inflación o con créditos baratos, a veces incobrables, que provee la banca oficial. Un juego que paga la sociedad y que genera estancamiento estructural.

A ese escenario, disimulado con invocaciones a “los trabajadores”  (sindicatos fuertes)  y a las necesidades de  la producción (sectores empresarios), va a parar el grueso del  ahorro nacional. Al margen quedan millones de pobres y jubilados. Como la burocracia oficial es socia del reparto, la función de arbitraje del Estado se pierde en la neblina de la demagogia y el clientelismo Esto es algo esencial en la filosofía política que, en los hechos, distingue a nuestra dirigencia partidaria y con honrosas excepciones.

A veces esto se da por, simplemente, incomprensión. Siempre recuerdo una conversación con Juan José Taccone (líder de Luz y Fuerza), en 1979, y su versión sobre una visita a Alemania en que tuvo oportunidad de dialogar con el delegado obrero de una gran fábrica de metal-mecánica. -“Yo le hablé de nuestra profusión de leyes sociales, y él me informó de los planes en su empresa para  aumentar la productividad y así, en el próximo año, lograr un aumento de salarios del 5%.” Acaso es, salvando las distancias, una de las causas por las cuales Alemania es una potencia y nosotros vivimos de pedir prestado.

El crecimiento de la Argentina no puede ser el de Haití. Y es sabido que una economía que no crece camina hacia atrás (cit. S. 198). Si la economía argentina no se desarrolla es por que el consumo es igual o superior al producto neto. Lo que implica que nos estamos “comiendo el país”. Por eso, aunque el Estado suele ser socio de ese vicio “nacional y popular”, en algún momento tiene que revertir los objetivos de su poder. Ante todo recuperar a pleno su autoridad y entender que, en las cosas fundamentales, no cabe  ceder ni negociar. Y si no que sus titulares se vayan a su casa, al menos para no seguir haciendo o apañando el daño. –
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Giovanni Sartori (1924-2017)

por José Antonio Riesco
Instituto de Teoría del Estado


El eminente profesor Giovanni Sartori, luego de cumplir 92 años, dejó este mundo con una trayectoria admirable como pensador, publicista y docente. Lo fue por largos años en su patria, Italia, y luego en Estados Unidos. Pocos como él tuvieron el nivel de prestigio y el reconocimiento por sus aportes al esclarecimiento de una auténtica concepción del sistema político.

Superando el mero esquematismo lógico de las teorías normativitas el realismo especulativo de Sartori llevó a establecer una conexión íntima entre la democracia con los ideales y los valores. Tanto en cuanto campo de hechos como de la conducta humana y social. La oportunidad de su aporte permitió superar con sensatez el espacio que, sobre todo en la segunda posguerra del siglo XX, venía ocupado por una gran confusión metódica y dentro de ello ciertas imposiciones del neomarxismo

Sin perjuicio del respeto que siempre mereció la personalidad de Sartori, mostró actitudes no pacíficas con algunos “productos” de la tecnología y su influjo. No es exagerado decir que tuvo un verdadero combate contra el copamiento de la percepción humana por la televisión y sus socios. Ante todo rechazó que sea legítima una cultura donde la “imagen” sustituye al pensamiento abstracto y/o simbólico. O  sea la sustitución del “homo sapiens” por el “homo videns”.

La suya es –como polémica plenamente actual-- una enérgica protesta contra aquello que, por imposición del avance tecnológico, y su invasión en las modalidades de la educación de los niños y de la vida social en general, somete al ser humano al rigor de la imagen. Un elemento comunicacional privado de rigor en la presentación de actores y escenarios, caracterizado, muchas veces, por el parcelamiento y la desfiguración de la realidad. En lugar del lenguaje hablado, que enriquecen los contenidos simbólicos, hoy impera el de las imágenes.

La televisión, a no cuidarlo, aparece hoy como uno de los “poderes” de la época. Está en todas partes, ocupando la percepción “in situ” de los acontecimientos deportivos y de los legendarios desfiles de un día patrio, aprendemos geografía (ver lagos, montañas y bosques) sin necesidad de visitarlos. Esta notoriamente en los hogares, monopolizando la atención de mujeres y hombres; inclusive (junto al Smartphone) se hace cargo de los niños de muy corta edad, una vía “para que no molesten ni interrumpan”. Hasta las maniobras militares son seguida por el respectivo comando a través de una pantalla. De las guerras conocemos mucho casi de inmediato. La existencia se ha vuelto un espectáculo sin distancias y a bajo costo, mientras al “hombre común”  lo torna en adicto y prisionero.

Sartori, desde su enorme sapiencia, nos ha dejado, pues, una grave advertencia sobre las nuevas modalidades socioculturales que amenazan la libertad del ser humano y, seguidamente, de su dignidad. Hay que tomar en serio su denuncia, atendiendo de manera especial, acaso urgencia, a la crianza y formación de los niños. Y esto desde los primeros días de vida y, también importante, en los adolescentes. No sea que un día la población de la tierra incluya una masa de opas y tele-dependientes.

Pero, con igual sinceridad, hay que rescatar, en debida proporción, la contribución de los servicios televisivos a las demandas de información de la sociedad. Y con ello de las expresiones de la cultura que tanto ayudan a mejorar el nivel de  calidad de las gentes. Y sin olvidarse de los coloridos de la farándula y las exhibiciones del tenis y el fútbol.

Con sus más y sus menos a la televisión se debe ya, una alta medida de superación de lo que antes se llamó “la ignorancia total”, o sea la de aquella cantidad de personas que no saben leer ni escribir. Hoy las imágenes enseñan a un analfabeto, que todavía quedan y en buena cantidad, lo que es un gran barco, un avión moderno, las grandes ciudades, los diques, las carreras de automóviles, las fiestas religiosas de otros países, los conciertos cantados y de buena música. Es la liberación que al ser humano le proveen”las imágenes”.
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Convocatoria Republicana

Por Eduardo Bordones- Secretario Gral.- MID Córdoba

Para este 1ro. de abril hay una convocatoria que no surge de un centro político, de una orden o de una ley. Sí surge de la movilización espiritual --de su vocación democrática y republicana-- del pueblo argentino. Y que está motivada por las actitudes agresivas de grupúsculos minoritarios con notorio afán de ruptura contra las instituciones de la Cons Constitución.

No hay ninguna causa razonable que sostenga las expresiones de violencia (ataques verbales, denuncias infamantes y agresiones personales) y que justifique tamañas expresiones incivilizadas. Y que, en cuanto alteran el orden público y la convivencia sensata   entre los sectores sociales, anticipan planes e intenciones al margen de la convivencia  pacífica, incluso de las diferencias de opinión, con fines inconfesables. Qué se trama de trás de este frente de intolerancia..? Acaso reeditar procesos malignos que ya el país co noció y debió soportar en perjuicio de la dignidad de las personas y de las entidades de bien  público, sean ellas de carácter público o privado..?

La Argentina, nuestra patria, cumple en estos días una trabajosa y difícil faena para recu perar sus posibilidades económicas, jurídicas y culturales. Son las que, largamente, so portaron la avalancha de corrupción y frustraciones de la “década perdida” y que nos dejó la secuela, nada menos, de más de 10 millones de pobres. A ello se agregó el aislamiento internacional del país, el costo de una inflación que consumió réditos, jubila ciones y salarios, una alarmante caída de la actividad productiva con más la intensa y ex tendida inseguridad reinante.

 A superar tan agraviante situación se encamina la acción de las instituciones republicanas legislativas y judiciales, en cuyo epicentro aparece la responsabilidad principal,   de carácter político, financiero y administrativo del Gobierno.

En eso estamos los argentinos, cualesquiera sean las posiciones doctrinarias que avalan la participación de las diversas expresiones sectoriales y partidarias, que concurren a conformar el sistema democrático. Con o sin afinidades respecto al plan oficial actualmente en aplicación, pero en total coincidencia en cuanto a la índole sustancialmente republicana con que la Constitución tiene establecida la función y las competencias legítimas de las instituciones. De esto no hay ni de debe haber ni un paso atrás!. A los argentinos, a su tradición y cultura, no nos apetece la modalidad de las viejas tolderías y sus  malones y, mucho menos, el patoterismo ilegal en los procedimientos y en las intenciones.

En fecha reciente se cumplió otro aniversario desde que el 29 de marzo de 1962 un injustificado clima sociopolítico de agitación, presiones y turbulencias llevó al derrocamiento del gobierno que presidía Arturo Frondizi. Se fundó en un lamentable capítulo de mezquindad, calumnias y sectarismo, abatiendo una obra de justificada y ambiciosa superación de las limitaciones que, hasta entonces, habían obstaculizado el desarrollo y la convivencia de los argentinos. Luego del resonante estropicio quedaron canceladas por largo tiempo las condiciones para que la población lograra vivir y crecer en un sistema político y social acorde con el adecuado nivel de civilización y confraternidad. Que no se repita..!!

Córdoba – 31 de marzo, 2017.-

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Autoridad y Democracia

Por José Antonio Riesco

  • En la Argentina actual un sistema autoritario no es factible, pero uno timorato y contemplativo menos. En situaciones de tensión la debilidad del poder conduce al caos, donde todos pierden.” (Benito Pelayo)
  • ”La oposición desleal al sistema político no mira al bien común. sino a crear condiciones para   esterilizarlo y seguidamente destruirlo.” (Juan Linz)
  • “Aunque no lo quiso el pacifismo del gobierno ya se tradujo en la presencia y el matonismo de la izquierda loca en las plazas y en las calles. O lo quiso..?-

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En Alemania, 1932, en vísperas de la toma del poder por el nacional-socialismo, un eminente profesor de Teoría del Estado, el socialdemócrata Hermann Heller, señaló la necesidad de que la democracia, todavía imperante, asumiera competencias más allá de las ordinarias, es decir reclamó una “democracia autoritaria”.  O sea un régimen donde el componente decisorio no encontrara obstáculos en el campo deliberativo más allá de lo necesario
Lo que el talentoso profesor no alcanzó a ver es que, al momento de imponer la autoridad del Estado frente a lo que se venía, su partido, la Social-democracia se refugió en el prejuicio “constitucional”. Los dirigentes que, en 1919, habían luchado con bravura contra el avance del comunismo revolucionario, salvando a la República, ahora no hicieron nada convencidos de que la solución era “jurídica”. Algo así como la beatitud.
Claro que, en nuestro país, para llegar a tal objetivo el gobierno requeriría adoptar medidas extraordinarias que no son factibles cuando está privado de suficientes recursos políticos, como es la mayoría en el parlamento. O sea que no se resuelve con el llamado “estado de sitio”  (art. 75-29 CN), tampoco con los decretos de “necesidad y urgencia” (DNU) del art. 99-3 de la CN.
El hecho es que, instalado en su cargo un Presidente que logró mayoría suficiente en el comicio, en un sistema donde le compete la función “gobierno” (la conducción del Estado y los consiguientes efectos en la estructura socioeconómica de la Nación) está expuesto a una costosa frustración si el control de ciertas áreas institucionales queda en manos de una oposición salvaje o similar. Pasa si tal deslealtad al “sistema” se produce  en los ámbitos legislativos, como, para ciertos respectos, viene ocurriendo en la Argentina. Ignorando el sentido sustancial que introdujo la representación proporcional, hay quienes ocupan la banca con el ánimo de un cocodrilo.
Lo mismo se da, pero más insidioso, si tal situación es creada por la fuerza de los “grupos de presión” (sindicatos, agrupaciones y corporaciones patronales). Se torna más  grave y destructora cuando tal comportamiento sectorial conlleva el propósito de frenar o cuestionar duramente medidas gubernativas que hacen de manera vital a los intereses de la  sociedad global. Es la acción típica de un “factor de poder” con ánimo demoledor. Sobre todo cuando se suma la sal y pimienta de las minorías extremistas, Esas que copan los piquetes y ya están aullando en las rutas y escenarios urbanos.
Ocurre esto cuando, además, el planeamiento oficial de la economía choca contra “el poder de la calle” por que los grupos sectoriales pueden manejar expedientes de alta efectividad mediante el control de los servicios financieros (se dio en 2001/2) o de millones de trabajadores (las huelgas generales) ante cada gobierno que no responde a sus intereses políticos o materiales. En varios casos, bien conocidos, el sindicalismo ofició de ariete contra gobiernos constitucionales, para reducirlos a la impotencia y/o sumar desorden que facilitara la ruptura de la legalidad institucional. Otro fue el sosteni miento manifiesto y rentable del “modelo” K que, con su carga de corrupción e ineficiencia, dejó la Nación en la lona. Por entonces, los discursos supuestamente críticos de  algunos líderes, más empresarios que obreros,eran "flato voce" y nada más.
La experiencia argentina del último medio siglo advierte de que no hubo un solo “plan” dirigido hacia la recuperación económica del país que lograra implantarse y producir los resultados del caso. De ahí el estupor con que observadores extranjeros de diversas nacionalidades han opinado sobre la notoria y persistente decadencia de esta nación. Cómo  explicar que un país tan rico haya caído tanto..? dicen algunos. Qué se hizo de la Argentina próspera y admirable de otros tiempos..? reclaman otros. “Lo escucho cuando viajo al exterior..!” dijo hace poco el científico Facundo Manes.
Anoto algunas hipótesis que, en el largo plazo, ayudan a explicar el fenómeno: 1) Errores en el planteo técnico del problema socioeconómico y las medidas encaradas por los sucesivos gobiernos; 2) Descontrolado y persistente exceso en el gasto público más una presión impositiva irracional, todo reiterando y acumulando inflación; 3) Insuficiencia de las inversiones privadas por la fuga de capitales y carencia de condiciones para atraer  las externas; 4) Falta de autoridad suficiente de los poderes públicos en la imposición de  sus políticas frente a grupos de presión con fuerza para impedirlas en función de sus intereses parciales, a veces netamente políticos.
En estos días –mientras se preparaba la marcha de la CGT, esa que terminó a las piñas--  ya estaba en ebullición la movilización de las agrupaciones de docentes que  encabeza Suteba en “la Provincia”. Rechazan e impugnan las decisiones del gobierno de María Eugenia Vidal, y es evidente que, si no hay solución negociada, millones de niños no tendrán escuela. Mientras se cernía la amenaza, Cetera convocó el un paro a nivel nacional. La batalla sigue.  Para curarse de los moretones del día 7, la CGT reclamó volver al campo del honor. “-Y no vamos con palos, sólo con cascos de acero..”
A nadie, ni en la intimidad de una mesa de bar, se le ocurre siquiera mentar la hipótesis de un “golpe de Estado”. Al viejo estilo argentino. Aunque la nuestra es una sociedad que poco aprende de sus desaciertos, tenemos en claro que tal remedio suele ser peor que la enfermedad. Ya que quienes lo dieron antes, hoy, sin rastros, diría Nietzche, de “voluntad de poder”, están sumergidos en el profesionalismo puro. Y bienvenido sea.

Cuando les tocó, no colocaron en el poder al más inteligente y al costo lo pagamos todos


La supuesta estrategia de dejarla crecer a Cristina acaso soñando con una división de la oposición, sobre todo la peronista, tiene más riesgos que factibilidad. La masa no suele tener gratitud con los Reyes Magos, ni siquiera cuando traen buenos regalos. Sobre todo por que el gobierno carece de un aparato militante que, al menos, haga ruido en las calles y barrios. Y esto acorde con una antigua ley de los humanos: “santo presente causa devo ción.”; ya que nadie cosecha en ausencia. Le pasó a Perón por demorarse en el retorno; cuando lo hizo encontró una familia dividida y donde la “juventud maravillosa” lo llenó de agravios en la Plaza de Mayo.
A todo esto, vale tener presente, empero, que un gobierno que incumple los mandatos de la legalidad, fuera de lo razonable y circunstancial, termina perdiendo legitimidad en sus decisiones, a veces con su propia tropa. Pero, del mismo modo, el gobierno que, en des medro de su autoridad, deja hacer a la oposición anti-sistema o sea desleal para con su  compromiso constitucional, también le tira al viento su legitimidad. Ya nos ocurrió una y otra vez. Entretanto el Ing. Macri se empeña en tejer una red de alianzas, con los propios y más con los ajenos. Pero, cuidado Sr. Presidente!, recuerde a Gardel :”amores de  estudiantes flores de un día son, un día un juramento y mañana una traición”.
No estamos, pues, en camino a la “democracia autoritaria” que pregonó el politólogo germano. Ante todo por que el gobierno, al menos el Presidente, no parece tener voca ción de esa índole. Se prefiere una actitud complaciente, bondadosa y peligrosa. Y no estaría de más “remember” lo que en 1938 le pasó al inglés Neville Chamberlain. Es que en la política argentina, en importantes sectores y medios, los lobos andan sueltos. Será Macri el Francisco de Asís de la situación…? Pero, cuidado..!, aunque el poeta Rubén Darío no lo dijo al término del legendario poema, hay quien sostiene que, finalmente, al santo se lo comió el lobo.-
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Piquetes
Los piquetes de Macri
Por José Antonio Riesco
Instituto de Teoría del Estado

-“Sería una lamentable ingenuidad de parte del Presidente, y de sus equipos de los tres órdenes del sistema político, creer que la crisis de seguridad que lleva largos años, va a ceder por que  un día la marca de la inflación o las cifras del PBI indiquen el fin de la debacle económico-financiera que le tocó de herencia.”

La problemática sociopolítica del país parece irse de las manos en cuanto  a las dificultades que el gobierno nacional encuentra para sostener el orden público. Hay a la vista una batería de hechos y situaciones (criminales en acción, moto chorros, asaltos y secuestros, violaciones, femicidios, narcotráfico, etc.). Todo   un panorama de inseguridad que, a diario, atenta contra la vida, la salud y los bienes de las personas, las familias, los profesionales y los comerciantes.

A lo anterior se agrega –cada vez con mayor intensidad y expansión--  el control  de “las calles” por la actividad de “los piquetes”, lo cual perturba y/o suspende el derecho a la circulación de los ciudadanos que, de manera peatonal o en vehículos, se movilizan por motivos ajenos a los de aquéllos. Aunque los piquetes a veces son portadores de reclamos y exigencias de carácter social, su conducta se coloca por encima de las previsiones de la Constitución como es el derecho de transitar libremente (art. 14 CN).

Es cierto que también la misma cláusula reconoce a los ciudadanos competencia para “peticionar a las autoridades” y es claro que las modalidades de ésta –con su variedad de posibilidades--  debe ser usada y ejercida de manera compatible, en los hechos y oportunidades, con igual reconocimiento práctico para la primera. La experiencia, en muchos casos, muestra lo contrario; ocurre cuando el piquete, un grupo más o menos numeroso, portando cartelones, banderas, a veces con altavoces y bombas de estruendo, se empeña en imponer su presencia.

A quién..? Al barrio, o a un sector urbano donde existen miles de residentes y/o transeúntes, con su actividad de todo orden y, se supone, gozando de libertad acorde a las leyes. Con excepciones, el piquete actúa en contra de esa supuesta indiferencia o mera pasividad; lo hace con gritos y cánticos, a veces agresivamente, mostrando militantes enmascarados que portan elementos contundentes. O sea intimidando.

Precisa reconocer, al menos, dos caras de la situación. Una, que, sin perjuicio de los inconvenientes que plantea a los demás, el grupo movilizado copando la calle, lo hace en función de un real problema vecinal y/o sectorial que tiene inciden cia en la vida cotidiana y denuncia determinada  morosidad en la solución. Ante ello la correspondiente área gubernativa (municipal, provincial nacional) debe estar adecuadamente informada y actuar de inmediato. No vale la desidia burocrática, que es una manera de complicidad con los revoltosos.

Dos, atendido el reclamo y puesto en marcha el trámite de solución, si corresponde, en el acto queda deslegitimado el procedimiento “piquetero”, a no ser que sus motivaciones sean otras. Es el caso de los grupúsculos de extrema izquierda injertados en las movilizaciones vecinales o sectoriales y cuyo empeño suele ser no la solución a la cuestión de fondo sino todo lo contrario. La infiltración de los llamados “grupos revolucionarios” no persigue respuestas constructivas, le conviene la complicación de las cosas, sobre todo si es favorecida por la desidia burocrática.

Como ya no se trata del “bien común”, diría Santo Tomás, lo que queda pendiente es el agravio al orden público y la violación de los derechos ajenos. A la intimación de los funcionarios (policía, inspectores, etc.) y si los piqueteros insisten en su accionar ilegal se desnuda otra situación, la desobediencia. Es decir, algo que pone en jaque a la autoridad del Estado. Y si, por ahí, llega una orden subrepticia de tolerancia o, dicho de otro modo, de apañamiento, lo que surge es tan o más grave que lo anterior. Puesto que se dirige a proteger a los agresores en perjuicio de las víctimas, los vecinos y transeúntes que padecen la acción del piquete. En la Argentina tal defección no es una novedad.

Semejante degradación de la posición del gobierno –salvo casos extremos para evitar un mal mayor-- viene exhibiéndose en diversos centros urbanos del país. Ocurre con frecuencia en vísperas electorales, con violación de los “deberes del  funcionario público” y con desprecio por los derechos y la dignidad de las víctimas. Degradando y hasta destruyendo la autoridad del Estado que es la principal condición para que exista un Estado. El camino hacia la anarquía.-
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La CGT, sus internas y el país

Por José Antonio Riesco

“-Cuando sin margen constitucional, el poder sindical opera contra las decisiones fundamentales del gobierno –aquello que define la marcha de la sociedad global-- supera la condición de grupo de presión y se transfigura en un tipo de factor de poder. En contra y por encima de las funciones y autoridad del Estado.”
“-El Sr. Macri a veces parece privado de garra política. Pero es el Presidente de la Nación, nada menos. Aunque también, a veces, viendo como es la política argentina, parece un hombre que se lava los pies en una palangana llena de alacranes.”
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Lo ocurrido en el acto sindical del pasado día 7, no es una novedad en este tipo de manifestaciones.  Ahora el bochinche –con Héctor Daer disparando de una turba y Juan C. Schmid protegido por los guardias-- llama la atención puesto que la CGT perdió la oportunidad de exhibir un bloque sólido frente a la política económica del gobierno de Mauricio Macri. A la cual trata de hostigarla como hizo con Frondizi, Illia, Onganía y hasta con doña Isabel, de quien es justo decir que era una pobrecita pero mostró más dignidad que la reina K.

La incógnita que surge es si, con esta concentración, como muestra de potencia, la CGT iba a una ruptura total con el gobierno o una exhibición de fuerza para abrir negociacio  nes. Fue esto último lo que arruinaron los grupos de kirchneristas y/o de combativos…? El hecho resonante es que la acción monolítica quedó sustituida por una suerte de anarquía callejera donde los que exigían fijar “la fecha del paro” llenaron de agresiones e insultos a los santones del Secretariado “cegetista”.

Las internas del gremialismo peronista corresponden a su historia, desde los tiempos en que los principales gestores del 17 de octubre de 1945 –los obreros de la carne, con Cipriano Reyes a la cabeza-- se notificaron de que había llegado al final su protagonismo por nada más que proyectar, desde el Partido Laborista, el triunfo electoral de Juan Pe rón. Más adelante (1953) una silbatina generó la renuncia de José Espejo a su cargo de Secr. Gral de la CGT. pese a su jerarquía de casi primer ministro. Qué pasó con Raimundo Ongaro….?

Tampoco es novedad que, en el seno de los trabajadores, haya disidencias en cuanto al reparto de cargos y canonjías, por un lado, y de la rentabilidad que, aquí y en otras partes del mundo, genera el control de áreas importantes, sindicales y técnicas, del campo empresario, público y privado. Lo mostró, entre otros, el resonante caso de la asociación bancaria, años atrás, y más cerca lo del gremio marítimo.

Pero más picante suele ser la acción de los sectores de izquierda (sobre todo de orientación trotskista y de otras cofradías afines), cuyos objetivos no sólo miran hacia mejores niveles de logros en las paritarias u otros beneficios directos o indirectos.  Ellos actúan animados ideológicamente, no persiguen resultados dentro “del sistema” sino en contra de su funcionamiento. Son, diría Juan Linz, “desleales al sistema”.

Aquí parece que hubo un poco de todo: y no meramente escasa representatividad de los integrantes del triunvirato cegetista como sostienen algunos opinadores. Tiene sentido atender a los dichos de Pablo Moyano, hijo de don Hugo: “Esto con papá no sucedía..!” Es una familia diversificada; hace poco el diputado Facundo Moyano pareció alertar sobre la necesidad de modernizar las ideas básicas del sindicalismo; aunque no pasó del reportaje, seguidamente se concentró en la problemática de la farándula.

No hay dudas que alcanzar aumentos salariales moviliza y unifica, ya que otros valores brillan por ausencia. Pero sería ingenuo desconocer que la unidad meramente formal puede resquebrajarse por las diversas causas que están asomando.  Como el reproche, que ya algunos revolean contra otros, por haber apañado, durante largos años, la estructura de corrupción del “modelo k”. Pese a que vale preguntarse: en los “equipos altos”   de la CGT –durante la década K-- no había kirchneristas con influencia en la estrategia sindical..?

La otra cara
La constitución y las leyes otorgan legalidad a los agrupamientos sectoriales, como es el caso de los partidos políticos (art. 38) y las corporaciones sindicales (art. 14-bis). Otro tanto pasa con las entidades empresarias y profesionales.

No cabe desconocer, asimismo, a lo que justifica esa inserción en el sistema jurídico-político, o sea lo que legitima la existencia y acción de los grupos sectoriales. En primer lugar la correspondencia entre sus objetivos y procedimientos con los valores y principios que hacen a la organización y funcionamiento de la sociedad global. De ahí aquello de que “nada hay en la nación superior a la nación misma”.

A esto hay que decirlo para que tengamos en claro que no vivimos en una toldería como parecen pretender los que se empeñaron en convertir la concentración sindical en un escenario de scraches y violencia. La modalidad que, extendida en los años 70, llevó a agresiones de marca mayor y de allí a su meta preferida, la dictadura militar.

La dirigencia de la CGT también debería reconocer que no puede insistir en la demolición de los gobiernos que establecen políticas que no son de su agrado, en especial las de orden económico-financiero. Y usar su capacidad de movilización masiva con el pro pósito de la paralización de las actividades privadas y públicas. Incluso combinando sus intereses específicos con otros de orden político. La protesta y el reclamo es una cosa y otra el ataque a la autoridad del Estado ocupando las plazas y calles con su fuerza movili zadora, donde es común la infiltración de patoteros y minorías extremistas de cuyo estro picios luego nadie se hace responsable. Pero que hacen pedazos el orden público, o sea  la paz social y los derechos de terceros.

Con su extraordinario poder de convocatoria la CGT es un organismo legal cuya exis tencia no se discute; pero sí su trayectoria de competir con el Estado en la determina ción y aplicación de las políticas fundamentales. No se le ocurre, entretanto, reconocer su conducta de apañamiento a las medidas gubernativas “k” y otras afines que han llevado la economía, reiteradamente, al desastre. No hay registro de que el poder sindi cal haya cuestionado el abuso de la emisión monetaria y del gasto público con su inevita ble efecto inflacionario y su repercusión en la caída del poder de compra de los salarios.

Tampoco le importó el exceso de crecimiento de la burocracia estatal, otra fuente de consumo irregular de los recursos financieros de la actividad productiva absorbidos por un esquema tributario irracional. Sabido es que todo peso que el Gobierno retira de la actividad privada significa que ésta se descapitaliza en igual medida. Y más grave resul ta si se lo  destina al aquelarre de gastos improductivos o al enriquecimiento ilegal de  los funcionarios de turno. Como ocurrió con el modelo K

Es válido peguntarse, asimismo, sobre cuántas movilizaciones llevó adelante la CGT para plantear la vergonzosa situación de millones de jubilados, donde la gran mayoría fueron “en vida” trabajadores. Menos parece preocuparle si la rémora en llegar inver siones  desde el exterior tiene que ver con la caída del nivel de autoridad de los gobier nos y de la seguridad jurídica, o sólo interesa el consumo interno…? Cuándo denuncia ron la evasión de capitales vaciando la capacidad de desarrollo de la actividad interna..? Que no se diga que estos temas corresponden al gabinete presidencial, aunque sin aclarar cómo entender que haya sindicalistas y/o sus asesores de alto rango que pretenden, ad-hoc, ejercer el ministerio de economía.

La Argentina subsiste, desde largo tiempo, sumergida en una decadencia lamentable pero a la vista; nuestro desarrollo estructural debiendo estar en 10 no pasa de 4; de esa diferencia emerge una seria crisis de capacidad colectiva. Todo lo referente a producción, comercialización, exportación, avance técnico, competitividad internacional, está por debajo de lo que debe ser. El territorio es de los más grandes del mundo, pero en buena parte está despoblado; nos sobran recursos naturales; y no falta calidad humana en la mano de obra, en los profesionales y los empresarios.

Desde 1943 en adelante la mal llamada “oligarquía” no decide la marcha del país, mientras añoramos los festejos del 1er. Centenario (1910) en que el mundo nos admiraba. Hay gente ilustrada –sobre todo los que militan en la izquierda y ejercen cátedras en las universidades de la burguesía--  convencida, y así lo predican, de que la culpa de  todo la tiene el “imperialismo”. Otros de la misma laya proponen sabotear a la economía privan  do a las empresas de rentabilidad y así impedir “la acumulación y la reproducción del capitalismo”. Profesan una tesis de León Trosky de sus últimos días: “al sistema hay que destruirlo cavarlo por dentro”.

En el otro frente –esos que publican sus nostalgias del siglo XIX en la gran prensa-- militan con disfraz de liberales ortodoxos los que reclaman la derogación de las leyes laborales como camino al reencuentro con la Argentina próspera del pasado. Son los que viven en un mundo que hace ya mucho tiempo que no existe. Pero. en el fondo, imtegran la misma cofradía de los que creen solo en el “consumo” angurriento para la salvación de las almas.

También quienes se despreocupan de lo que se le viene a la clase obrera cuando a estas playas llegue, arrasador, el tsunami de la “inteligencia artificial” y su ejército de robótica.  Con qué lo pararán..? Con las paritarias convertidas en una bicicleta sin cadena a medi da que se siga acentuando el subdesarrollo estructural..? El discurso ideológico –la mentalidad populista salpimentada con algunos ingredientes de izquierda--  es la trampa que llevará a las masas al genocidio socioeconómico.

Es la anestesia que, a la dirigencia, hoy le impide advertir que, a la hora de esa batalla, únicamente se la puede librar si el país se preparó abriendo el cauce de una expansión  industrial técnicamente actualizada y capaz de absorber mano de obra. Y hacerlo en una cantidad suficiente para cubrir la demanda nueva y, asimismo, la que pueda quedar desocupada por el efecto robótico. Con qué se sortearán los efectos de la inevitable irrupción de la tecnología avanzada,, con paros y discursos en la Plaza de Mayo…?!
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La paradoja del Peronismo

Por José Antonio Riesco


-“El peronismo no es malo ni bueno. Es incorregible”. (J. L. Borges)
-“Paradoja: Especie extraña o fuera de opinión común y sentir de los hombres. Aserción inverosímil o absurda, con apariencias de verdadera”. (Enciclop. Edi-Argen, ed,Ruy Díaz)
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El reportaje de Alejandro Moreno al politólogo Hugo Quiroga, además de las referencias a las modalidades del gobierno del Sr. Macri, que enseñan mucho, contiene elementos sugestivos sobre la situación que atraviesa el “peronismo” y ante lo cual responde el entrevistado quien es profesor en la Universidad de Ro sario y autor de un libro que tituló “La democracia que no es“.

“En el inicio del diálogo se dice, citando  al Prof. Quiroga, que la definición de “peronismo republicano”, que usan Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey, pretende “nombrar al peronismo de otra manera”. “Es querer sacarle todo lo que tenga de instancia vinculada más al populismo y no a las instituciones. Es lo que quiso hacer Cafiero en su momento: institucionalizar al peronismo, convertirlo en un partido, no en un movimiento tan difuso. Yo no sé si ahora se va a lograr, pero sí hay sectores importantes que están pensando que hay que renovar al peronismo y que no tiene que tener ese mote de un partido que des-institucionaliza, que cuando está afuera del poder bloquea”. (Alfil, 6.3.2017

Planteadas así las cosas el Prof. Quiroga expresa la esperanza de una renovación profun da del peronismo. Estima que es una tarea de las nuevas generaciones, “está puesta en los sectores más jóvenes”. Luego lanza una afirmación que complica el tema: “ El gobernador de Salta, Urtubey, habla de un peronismo republicano, lo cual es una paradoja”. O sea una aserción inverosímil y absurda, con apariencias de verdadera, según el diccionario que citamos al comienzo.
En verdad y con todo respeto por el politólogo Quiroga tal aseveración suena a anatema y genera alarma si es que el peronismo, al decir de Borges, es “incorregible”. Llevando el asunto a un extremo pareciera que, de no enmendar su estilo la hasta hoy reiterada fuerza mayoritaria en los comicios y otras experiencias, algún día en este país puede ocurrir algo parecido a lo que se dió en 1871 con la Comuna de Paris donde se enfrentaron duramente “monárquicos y republica nos”. Algo de eso ocurrió en la Argentina en 1955 por los abusos de poder de Perón y sus acólitos; pero también, seguidamente, sin dudas por que a los vencedores, democráticos que se decían, les faltó suficiente inteligencia para insertar a los peronistas en la disciplina de las leyes republicanas en lugar de imponerles proscripciones y penas más graves. Tantos a favor del rey depuesto,
Es que no resulta fácil ceder a impulsos de generosidad y olvidar algo así como el origen histórico-genético del peronismo y sin negarle determinadas virtudes como fue la apertura de los regímenes de participación social y política que realizó. Al margen de eso, una extravagancia de su pasado, el peronismo fue creación de un régimen militar (1943), por definición el menos democrático de los po deres. Y a esa impronta la llevó sobre los hombros el liderazgo de Perón; de ahí que su estilo de conducción política se acompañó, siempre, de los principios de “unidad de comando” y de la conexión irrestricta entre “la orden y su acatamiento”.  Perón no era ni fue el “fascista” que catalogó Victorio Codovilla (viejo cappo PC), aunque le molestaba que no se respetaran sus decisiones o que el diario “La Prensa” las cuestionara, y menos que “La Vanguardia” (PS) metiera la cuchara.
No vale decir que sólo los obreros fabriles y comerciales y los “cabecitas negras” provenientes del interior, integraron la gran tropa del Coronel; también, desmintiendo los esquemas de los trotskistas, hubo numerosa clase media y de más arriba, como Atilio Bramuglia, José”Pepe” Arce, Héctor J. Bustos Fierro, Jerónimo Remorino, Arturo Sampay, etc, Aunque, para no alterar la historia, todos acataron la modalidad cuartelera con que se organizó desde un comienzo la nueva fuerza. Por eso, para entender ciertos modales políticos que se impu sieron, digamos con fidelidad que Perón no formó un movimiento sino más bien un “regimiento”. Y guay..! del que sacara los pies del plato.
A Perón la República le debe haber mantenido la división de los poderes y el sistema de partidos políticos, y se le debe, superando la molicie y el conventillo de sus predeceso res, el surgimiento de la democracia de masas que, en la posguerra, ya estaba en mar cha en Europa. Y con ello el soporte político de lo que pronto sería el “neocapitalismo”. En el fondo esa fue la compleja herencia que en 1955 les dejó a los argentinos; aunque privando el odio y el desquite, en algunos casos legítimos, aquí se la recibió con un “beneficio de inventario” muy acotado- El “gorilismo” como elemento sustancial de la recepción. Eso además del vehemente interés de quedarse con el gobierno de alguna cofradía política tradicional.

En  lo inmediato hubo al menos una intención,  la brevísimo gestión del general Eduardo  Lonardi, quien fue desalojado por el pecado de tener a su cuñado, Clemente Villada Achával en el gabinete, y parece que también al Dr. Cerruti Costa, de quien hoy se dice que es el abuelo de la ex montonera del mismo apellido. Más adelante ocurrió algo parecido con el intento “integracionista” de don Arturo Frondizi, en cuyo derrocamiento   colaboró, ya reconstituido, el sindicalismo. Siempre listo como buen soldado del regi miento, para cumplir “la orden”.  

Ahora bien, entre el estilo monárquico con que Perón fundó y condujo el “movimiento” y la lealtad y subordinación de sus acólitos, los de abajo y los de arriba, en especial estos, la democracia de masas desalojó a los que pretendían actuar como ciudadanos y se llenó de súbditos. A tal estilo lo reivindicó el ex ministro Carlos Corach, actual catedrá tico universitario en Inglaterra; para dicho señor el “verticalismo” es lo único que unifica y permite gobernar. Con olvido de que con ese molde mental la masa convalidó a López Rega como primer ministro, antes y después de la muerte de Perón, y seguidamente nadie protestó cuando Isabel le abrió al general Videla la puerta del poder designándole comandante en jefe del Ejército.

Para nadie es un misterio que el peronismo no es republicano salvo en ciertos aspectos. Incluso por que sus juegos de poder implican, a diferencia de cualquier otra agrupación, una estrategia de doble mano sumando el partido con el sindicalismo. Más un régimen en cada distrito de caudillos que se eternizan en las gobernaciones e intendencias, mientras colocan en los gabinetes y en las candidaturas para el Congreso a sus parientes, novias, hijos y entenados. Es el mal ejemplo que les dejó Luís XIV. Todo lo cual es convalidado por quienes nada tienen que ver con el “movimiento” y que, además, suele contar con el beneplácito de la justicia electoral.

De cualquier manera el peronismo es parte de la sociedad nacional y corresponsable de la decadencia estructural que padecemos. En ese estropicio, luego de 34 años de vigencia del régimen democrático “nosotros gobernamos 25”, acaba de decirlo públicamente don Eduardo Duhalde, uno de sus “pater familiae” más reconocido. A nadie, pues, le puede ser indiferente lo que ya pasó y lo que pasará con este socio indiscutido de la democracia argentina si es que debe servir para algo mejor que, como ejecutivos y/o legisladores, cobrar golosas jubilaciones de privilegio. A no ser que un día el destino nos espere abrazados a una guerra civil o algo parecido. Se trata de uno de los rubros fundamentales de lo que se denomina “Política de Estado”. Hay, acaso, una nueva generación peronista que se haga cargo de tamaña misión…? –
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José Francisco Calvo
(Prestigiosa figura del Movimiento de Integración y Desarrollo  - MID)

Por José Antonio Riesco

En fecha reciente, en esta ciudad, falleció el economista José Fco. Calvo. El cultivo de su familia y de la función pública destacaron siempre su excelente  sentido ético y profesional. Lo conocí en los años 50 del pasado siglo XX cuando ambos vivíamos una porción intensa de la política en la Universidad Nacional de Córdoba. Cada uno montado en su parcialidad pero solidaria en sostener valores esenciales para el país y la democracia. .

El Cont. Calvo –junto a muchos de su generación-- compartió luchas y acciones de gran sentido cívico. Su estilo no fue nunca agresivo aunque tampoco le faltó firmeza y valentía. Era un calificado dirigente de la Federación Universitaria en el área de Ciencias Económicas de la legendaria Casa de Trejo y Sanabria.

Lo recuerdo en los debates de julio de 1952 en la vieja y derruida sede estudiantil del Barrio Clínicas. Donde –siendo todos opositores-- nos batíamos para definir si el peronismo, entonces dominante, era “fascismo” u otra cosa mejor. Incluso luego, en otro lugar, donde  seguía la discusión con dirigentes de la CGU (Julio Antún, el Cabezón Bustos Camaño, Félix Vivas Lencinas, el Poroto  Luján y otros). Allí, antes de que el debate degenerara en piñas e insultos, era la intervención aplomada pero fuerte en convicciones de J. F. Calvo la que hacía posible renovar el diálogo y la convivencia. De uno y otro lado ideológico, con el tiempo, esas tenidas fueron la fuente de largas amistades.

Ya formado en su especialidad, José F. Calvo integró la generación que participó de la convocatoria pro “integración y desarrollo” (1957/8) con Arturo Zanichelli en la gobernación de Córdoba y el liderazgo nacional de Arturo Frondizi. Con ese compromiso político ejerció la Subsecretaría de Economía y Hacienda de la Provincia y donde el Dr. Miguel Paschetta era titular de la cartera del ramo. Más adelante, en la gobernación del Dr. Bernardo Bas, fue Ministro de Economía. En uno y otro ciclo dejó su marca de capacidad y honestidad.

En oportunidad (1959) de una visita a Córdoba del Dr. Marcos Merchensky, activo miembro del staff aportado por Rogelio Frigerio al gobierno de Frondizi, se  organizó una disertación sobre “las condiciones políticas del desarrollo”. El orador recibió muchos aplausos. Pero estaba presente el Cont. Calvo quien no contradijo los términos técnicos con que aquel planteó el tema. Aunque, seguidamente, en diálogo casi picante con el conferenciante, sostuvo –acorde con las orientaciones sostenidas por el equipo gubernativo de Zanichelli-- que “el desarrollo como programa nacional podía perder legitimidad si no confería un lugar destacado a la problemática social”.-
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