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 - Atalaya -



 

 

Los peligros de la velocidad y la falta de controles

JOSE ANTONIO RIESCO

La velocidad excesiva de los vehículos y sus conductores José Antonio Riesco
--“La neurología no sustituye al arte del gobierno, pero suele ayudar una consulta con el Dr. Sigmund Freud sobre ciertos aspectos de la vida social. Serviría para enriquecer la percepción de la problemática local.”
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 En la prensa se informa y analiza el problema, ciertamente importante, de la velocidad excesiva de los automotores (y motocicletas); a la vez se informa de las medidas que las autoridades están tomando para controlar las transgresiones y las consecuencias para la seguridad de los peatones, conductores y acompañantes (v. nota de M. Giambartolomei: La Nación, 29.XII.2019).

En Córdoba la Municipalidad local hace un año que estableció límites de velocidad para la circulación vehicular en calles y avenidas. Ahora en la Capital Federal se acaban de fijar multas entre $ 3.500 y $7.000 para los transgresores en la zona Norte y Oeste. Sanciones que se agregan a los casos de alcoholemia y estupefacientes.

Todo esto no es una novedad en otros países, grandes y chicos; aunque los argentinos no estamos lejos de ostentar el record. Acaso porque una característica del comportamiento social en esta parte del mundo se distingue por la extensión e intensidad de las conductas “a-nómicas”, o sea vivir y  actuar al margen de las normas.  Vale recordar que no hace mucho tenía amplia difusión en los medios una propaganda de cierta marca de automóviles donde se ponía el acento en la alta velocidad que se lograba. Y con un mensaje jactancioso de su conductor: “El auto me lo pide..!” - Es popular eso de que la “ley del vivo” tiene mayor vigencia que la “de gravedad”.

En Córdoba la transgresión es intensa y extensa, a la vista de ricos y pobres, adultos y niños. Lo que no se observa es la acción del Municipio para hacer cumplir su ordenanza, no obstante la llamativa cantidad de empleados y funcionarios de que se dispone. Y pese a que suele contarse con la colaboración de personal de la Policía provincial. Se conoce si que en ciertos días la atención de heridos, graves y de los otros, incluso moribundos, satura la capacidad (y el costo) de los servicios del Hospital de Urgencias.

Los casos mayores --de conductores y sus familiares-- incluyen heridos y víctimas fatales, así como las personas que han sido atropelladas. Si esto indica un extremo de los efectos del problema,  es algo que no cabe desconocer o menospreciar. Tampoco es racional ignorar el estado de tensión (miedo, espanto, etc.) que, en gran cantidad, soportan los vecinos de la ciudad. Lo produce la situación psicológica que se genera y sufre  al pretender cruzar una calle o avenida por donde los vehículos marchan a plena velocidad. Un daño psicológico que suele no computarse.

Nadie llega más pronto a su destino por el exceso de velocidad del móvil que conduce, salvo situaciones de emergencia. Pero no hay dudas que el transgresor necesita --para sí, aún de manera inconsciente-- compensar o resolver un reclamo interior que lo perturba y que exige de algún modo ser controlado. Apretar a fondo el acelerador del vehículo e ingresar en un estado mental que ayude a absorber o eliminar cierta sensación acuciante de crisis íntima. Y que, al menos en apariencia, requiere ser superada.

El Sr. Intendente debería prestar atención a este clima para nada normal que surge de la conexión  psicosocial entre conductores y vecinos. Aplicarle una multa al transgresor resuelve una cuestión administrativa y financiera en la jurisdicción local. Pero normalmente queda pendiente lo más importante y grave. Qué le pasa en el inconsciente a los enloquecidos que lanzan el vehículo a alta velocidad mientras recorren la calles de La Docta. De eso se trata.-

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La degradación populista

Por José Antonio Riesco

 “--El populismo, se ha dicho, es el proceso social que gradualmente ha ido superando la rigidez en las relaciones de los actores que engendró el capitalismo primitivo - se degenera bajo los regímenes políticos donde la democracia pierde vigencia y se sustituye por el personalismo, la demagogia y la corrupción.” (J. Caunedo)
“--La calidad  de un pueblo se eleva y se afirma cuando la dirigencia que lo expresa y gobierna actúa con el correspondiente nivel moral, político y técnico; pero se degrada si se desprecia la legalidad (propio de los fenómenos extendidos de a-nomia) y se la sustituye por los caprichos, los apetitos y los hábitos corruptos.” (idem)
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El escenario social donde se resuelven las opciones políticas para ocupar los comandos del Estado (gubernativos)  viene transformándose, por lo menos desde el final de la 2da. Guerra (1945). La industrialización, con tecnología avanzada, fue modificando el rol de los empresarios, de los técnicos de nivel y de la base productiva que ejercen los obreros. De ahí que sea  una costosa falacia --a veces ingenua, y otras perversa-- la afirmación de que la lucha con el capitalismo sea y debe ser la misma que predicó Marx en el siglo XIX.
O sea --pregonan los ideólogos--  no sería verdad que en las relaciones de clase (burguesía-proletariado) algo  importante haya cambiado. De lo contrario la verborragia de la izquierda se desmoronaría sin ruido y sin remedio. Aunque también es una mentira que la estatización de la economía --la burocratización de las funciones administrativas, financieras y productivas--  sea el mejor camino para el desarrollo y el reparto justiciero de la riqueza.
Tal es la prédica de los “doctores” trotskistas, instalados de asesores en los grandes sindicatos donde cosechan millones mediante el copamiento de buena cantidad de juicios laborales y sus jugosos honorarios. Mientras, a la vez, comparten los negocios de la alta dirigencia. También en algunos partidos políticos operan estos sacerdotes del macaneo venenoso.
-“La confusión de niveles de profundidad de la vida social hace que cada uno absorba lo mejor y más meritorio de los otros (alto, medio, bajo); pero el conjunto social se deteriora y degrada cuando tal interpenetración de niveles implica a la falta de valores y a los hábitos bastardos de una y otra escala. Lo cual conlleva a una crisis estructural de la sociedad global.”
La estructura de la sociedad, sin embargo, con un esquema de clases separadas y enfrentadas, inició su transformación por lo menos al final de la 2da. Gran Guerra (1945).  El avance de la industrialización, tal cual lo describieron sociólogos y politólogos sin el vicio de los embustes ideológicos, fue el motor para que se fueran licuando las conexiones negativas, materiales y culturales, entre los diversos niveles de profundidad de la realidad social. (cf. R. Dahrendorff).
En ese movimiento de la historia, hacia adelante, sus protagonistas, en buena parte, fueron y son personas normales que exhiben condiciones morales y sociales de valor. Pongo por caso al ex ministro de RREE doctor Atilio Bramuglia, brillante actor diplomático de dicha posguerra en la flamante ONU “Naciones Unidas” y luego en la Crisis de Berlín. Era hijo de un inmigrante italiano y trabajador ferroviario.  
Lo contrario, pues,  de los pescadores de ocasión que, explotando el río revuelto de las sociedades desordenadas, manotean cualquier instrumento con el signo del poder (cargos públicos,  dinero fácil, figuración exagerada y gratuita, etc.). Aquí surge y se afirma el autor y actor del populismo degenerado. De ahí, a la vez, su práctica de degradar a la auténtica realidad nacional y negar el avance global de la misma.
Acaso, con sus defectos y virtudes, ¿fue una ilusión lo ocurrido  en la Argentina con el impulso a la industrialización de los años 30 y que retomó la siguiente generación de 1945 en adelante..? Y luego con la sanción del art. 114-bis de la Constitución (1957) que impulsó avances significativos en la protección de los derechos sociales, seguida mente asumidos por la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia.(entre  otros cf. Aquino, Isacio- accidente laboral -  (CSJ: 21.9.2004).    
 A esto lo rechazan quienes ejercen el poder político-sindical que confisca a diario la autoridad legítima del Estado. Mientras éste, distorsionado en su rol,  aumenta en cantidad sus controles y confisca crecientes porciones del esfuerzo productivo de la sociedad, sin que ello redunde en su desarrollo global. Lo que significa la paralización crónica del bienestar de las bases sociales. Porque, en esta modalidad  degenerada del fenómeno populista, no habiendo un cambio estructural positivo, la masa de trabajadores persiste en sus limitaciones como el pedaleo de una bicicleta sin cadena. 
-“El liberalismo se impuso con el código de Napoleón (1806) y abrió las puertas a la acumulación capitalista y de paso, progresivamente,  a las libertades políticas. A su vez, el neoliberalismo surgió con la Gran Crisis (1929/33) cancelando el libertinaje del negocio privado, mientras abrió a las masas la participación política en el marco de la ley.”  (Ayuda mucho leer el fallo de la Corte Suprema de Justicia in re “Avico vs. De la Pesa: 7 dic. 1934).
Parte de la distorsión estatizante se refiere al mote de “neoliberalismo” para descalificar a toda práctica o legislación que flexibilice la actividad productiva con vistas a mejorar la generación de riqueza en el país, y sobre todo ante la competencia en el mercado exterior. Con un desconocimiento infantil sobre que la era de la economía liberal ortodoxa se cerró en el mundo con la Gran Crisis de 1929/30. Como se ignora que en las naciones más prósperas del planeta (Alemania, Francia, Japón) el neoliberalismo es la fórmula de su crecimiento y potencial. Lo mismo  las que vienen dejando atrás la máscara de hierro de los regímenes “socialistas” (Rusia, China, y otros) y lo hacen avanzando por la ruta de un neoliberalismo gradual y prudente pero ambicioso .
Acaso lo que irrita a los mentores del populismo degenerado, de vocación autocrática, y les quita el sueño, es la ratificación por los pueblos libres y prósperos de la “propiedad privada” como soporte y motor de la libertad política y el desarrollo económico.  Sin dudas porque sus ideólogos ignoran  o niegan,  que en ello está “el más grande manadero de energía social” según, corrigiendo a Marx, supo decir un talentoso socialdemócrata alemán.
Es notable, a todo esto, cómo a diario se detectan grandes fortunas de algunos prominentes líderes sociales, siempre listos para argumentar que son acumuladas y protegidas  por el art. 17 de la Carta Magna y hechura de Alberdi que era liberal.
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De la grieta y de las grietas

(Hay que cruzar el Rubicón..?)

Por José Antonio Riesco

En los titulares de la prensa, en las expresiones de la dirigencia partidaria y en otras voces, viene resonando el término “grieta” para decir algo actual e importante sobre el modo principal como se relacionaron las dos marcas electorales del 27 de octubre. De un lado la fuerza que con un 48% de votos dio el triunfo electoral al “kirchnerismo” (Juntos por Todos); del otro, la que respondió (casi 41% de votos) a la convocatoria de  Juntos por el Cambio (Pro y asociados: Cambiemos).  
En el diccionario dicha palabra remite a: abertura, fisura, resquebrajadura, etc. Para algunas personas, atendiendo a la actual situación política argentina, el término tiene connotación ética.  Por eso ya rechazan que --por incompatibilidad moral-- se pueda superar lo que divide y enfrenta a dichas parcialidades. Y no seré yo quien, con una cita de Santo Tomás de Aquino o de Enmanuel Kant, vaya a refutarlos. Para mí la política es una realidad social y psicofísica que protagonizan los seres humanos y es en ellos donde tienen su cometido legítimo los Diez Mandamientos.  O deben tenerlos.
Las rupturas de convivencia --aun persistentes y graves-- no son necesariamente malignas, de otro modo tendríamos que renegar de la guerra de la Independencia, que abrió una tremenda fisura entre la naciente Argentina y la Madre Patria. Incluso maldecir a los hijos que dejan la familia y se van por ahí para formar una propia. La historia, en todas partes, registra rupturas y enfrentamientos, sin que eso excluya definitivamente a los horizontes de reconciliación.          
“Después de varias guerras y mucho odio entre Francia y Alemania, algunas por el influjo del Foreign Office, el premier galo, Ch. de Gaulle, decidió pensar en el futuro y se abrazó con K. Adenauer, el presidente teutón. Entonces, a poco andar, se constituyó la Unión Europea”.

El itinerario de la política --interna y exterior--, la nuestra y la europea, ofrece un rico calendario de tensiones, choques y enfrentamientos, en algunos casos terribles y sangrientos. La guerra de los 30 años en el siglo XVII, la guerra civil de España (1936/39), las llamadas “revolucionarias” en Perú y El Salvador (siglo XX). Y qué decir de  la guerra civil por el problema  de la esclavitud en EE.UU. (siglo XIX). Tremendos acontecimientos que el tiempo y la inteligencia de las siguientes generaciones lograron superar. Nosotros “los argie” ¿acaso no gastamos casi todo el siglo XIX en odiarnos y matarnos inter-nos..?

“Habiendo fracasado (en 1955) la eliminación del peronismo por la vía de las proscripciones y los fusilamientos, Arturo Frondizi puso en marcha su planteo de “integración y desarrollo” con participación de las fuerzas democráticas y las del justicialismo. El No..! rotundo de los partidos  tradicionales cuajó en un golpe de Estado en 1962, y se abrió un proceso que culminó con la etapa guerrillera y el retorno de Perón, luego Videla.”

No olvidemos que las “grietas” del 19 tuvieron sus reiteraciones en el XX, con internas durísimas (1919/20), la revolución del 30, las de 1943 y 1955, el derrocamiento del Pte. Arturo Frondizi (1962) y luego el del Dr. A. Illia. Ni dejemos sin mentar la experiencia de guerra revolucionaria de los 70, esa de “erpianos, montoneros y curas del otro mundo”. Después del frustrado retorno de Perón fue el derrocamiento de Isabel (1976) seguido de la dictadura militar, y luego con la democracia las renuncias anticipadas de R. Alfonsín y De la Rúa. Es que nos hemos criado y estamos madurando nuevas experiencias de fracturaciones. Acaso porque estamos en lo que somos.

Ahora bien, el otro camino es factible…? Renunciamos a la democracia y nos abrazamos golosamente a una dictadura permanente. No le veo viabilidad fundamental, ¿de dónde sacamos un dictador con talento de político y estadista..? Nuestros precedentes no ayudan. Este país, mal o bien, en una proporción destacada de su población, es republicano y, en gran medida, su pueblo no soporta  los criterios cuarteleros, aunque esté listo para existir y actuar respetando la autoridad del gobernante eficaz.  Pero nada de matones ni alfeñiques.

O sea, sólo nos queda la política como “el destino”. La propia del “ser nacional”,
que define --no las teorías ni las ilusiones-- lo que exhibe la trayectoria que surgió en 1810 y que se mantuvo y desarrolló nadando en las aguas del conflicto, las rencillas y las intransigencias. A veces imantada con el idealismo y la sensatez. Pero también, y en buena parte, con la marca de los corruptos y los inservibles. Esa que nos hace doler y nos tienta, a veces, a renegar de la política, al menos la que nos toca vivir y soportar.              

Yrigoyen intentó, una y otra vez, el procedimiento revolucionario, sin logros. Pero encontró la ruta adecuada cuando detectó en la fuerza dominante (los conserva del “roquismo”) una veta sociopolítica afín a la voluntad de cambio. Allí penetró la propuesta democratizadora del ex comisario de Balvanera, cuando en la Presidencia estaba R. Saénz Peña, líder de una vanguardia ingenua pero animosa, incluso sumando un sector de los “estancieros de la Provincia”.

Si un día, por hipótesis --en este siglo XXI-- hay decisión de cerrar la “grieta”, no tendría  por qué ser un acuerdo para las venganzas o para garantizar la indemnidad de los corruptos, ni para un reparto mafioso de negocios y canonjías. Sería lo mismo con otro rótulo. Tampoco hacerlo como propiedad privada de la vieja dirigencia esterilizada por los fracasos que monopolizan frentes en oposición. Detrás de cada paredón intransigente hay miles, muchos miles, de ciudadanos (maduros y jóvenes) que vienen votando resignados a rendir lealtad a sólo “lo que hay”.

En verdad necesitamos de una “nueva generación” liberada de los fantasmas ideológicos y de los rencores que sembró el pasado. Una que vea por encima de los apetitos y los intereses, que se atreva a poner en marcha, algo más que una convivencia para cubrir lo bueno y lo malo de “el otro”. Pero que implique un intercambio de experiencias, valores y objetivos. Y por ahí  construir el camino nuevo y fértil.  Claro, hace falta una dosis de audacia y libertad mental en los actores.  Porque se trata de “cruzar el Rubicón.”
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La Política

Pobre rama de la vida
es la política, señor,
en ella tienen cabida
y honores de director,
los sabios y los ignaros,
tartufos y bichos raros,
los puercos y los otarios
y también los mercenarios.

Además está anotado
reclamando jerarquía
ese gremio despistado
de empachados con teoría,
que se aprende de memoria
para cantar en el coro
alguna vetusta historia
que repite como el loro.

De la práctica soy el genio
reclama el politiquero,
después de un largo milenio
de vivir en el chiquero.
Yo soy y seré idea pura
se alaba el doctrinario,
Onán y confesionario
su castidad es la tonsura.

La verdad es un compuesto
de caca y de santidad.
Política es una jubilación
sin laburo y de privilegio.
Si Ud. quiere más rotundo
un gran concepto profundo,
voy a hablarle bien o mal
en idioma nacional:
La política es una pialada,
o sea, mandarla cambiada.

                    Mac Kiavello

 

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Saúl Alejandro Taborda

Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

--En adhesión al homenaje a Saúl Alejandro Tabora, ilustre educador argentino, que la Sociedad Tabordiana realizará el próximo 9 de noviembre en la ciudad de Unquillo, ´y en especial a la participación de  la Escr. Rosalía Taborda y cuya lealtad a la memoria del prócer “Chali” mantiene viva como sobrina y admiradora del eminente pensador.
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Cuando en 1949 me radiqué en La Docta, hacía varios años que había fallecido el pedagogo y escritor Saúl A. Taborda; pero tuve noticias de su trayectoria por quienes habían compartido su faena intelectual y docente. En la legendaria mesa diaria “del City Hotel”, de los años 50 --  donde algunos jóvenes nos “colábamos” para aprender política de “los mayores”--  escuché al ex gobernador Santiago del Castillo (radical) durante cuya gestión habíase fundado el Instituto de Investigaciones Pedagógicas inspirado por Taborda. También me aportó datos y reflexiones el demócrata José A. Mercado.
 Más adelante, ya en la Universidad, supe de los temas y sus aportes en el campo de la filosofía social y la educación.  Fue por uno de sus discípulos más destacado, el decano Santiago Montserrat (UNC) ,que me anoticié de los ideales del pensador.  Montserrat era uno de los cuatro fundadores del Ateneo Filosófico, junto con Montenegro, Culleré  y Fulgueira que le dieron difusión y persistencia a la original prédica de quien, nacido en Los Chañaritos, había descollado en las universidades europeas.


De Taborda también me habló Juan Zanetti, que fuera titular del Consejo Provincial de Educación Normal, Comercial, Técnica y Artística de la Provincia (1958: gobierno de Arturo Zanichelli) y con dedicación a la sociología y otros rubros de la cultura superior. “En los años 30 --me dijo-- estuve fuertemente enfrentado a las posiciones de Taborda; pero hoy, con sinceridad, estimo que fue el pensador que dejó la huella más constructiva y auténtica en la educación argentina”.  
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Taborda impugnó el sistema político-institucional por no expresar con fidelidad básica las condiciones histórico-culturales de la Argentina.  Ya había sido el autor de la Constitución argentina, Juan Bautista Alberdi, quien dejó dicho: “Les he dado la mejor constitución del mundo; ahora, para que esto funcione será necesario traer obreros ingleses”-

Con más realismo Sarmiento advirtió:  “Lo más importante para realizar el sistema de la Constitución consiste en educar al soberano” (debate en el Senado, 1878). El sanjuanino no predicó el dominio de la democracia académica (la doctoral)  pero tuvo la visión del fracaso democrático si a la base social (la masa popular) se la reduce al mero rito del voto condicionado por factores ajenos a la libertad mental del ciudadano. 
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Taborda reivindicó el concepto de “comuna” como ámbito auténtico de la convivencia y proyección de la vida cívica. En el diccionario se dice del “conjunto de individuos que viven en una comunidad gestionada y administrada por ellos mismos  al margen de conveniencias sociales.” En la Sociología --a propósito del mismo  centro o unidad de convivencia localizada--  se dice que “una comunidad es un espacio de vida social, caracterizado por la posesión de un cierto grado de cohesión social. Las bases de la comunidad son la situación geográfica y el sentimiento de comunidad,”(McIver-Page, p. 9)

Para Taborda, “la comuna  (pueblos y ciudades) debe ser el soporte fundamental del sistema institucional”. En verdad el concepto de comuna es más sociológico y cultural que político. En la actual legislación se diferencia a la comuna de la ciudad, por el número de habitantes. Pero en una y otra las relaciones humanas constituyen la trama de interacciones con que se construye el escenario humano y social de la convivencia y el trabajo de sus actores. Por alguna de estas razones se mantiene vigente la idea fundamental de Taboada que no pierde actualidad.

Puesto que la evolución sociocultural argentina ha hecho, progresivamente, de las ciudades, los crecientes centros urbanos y de concentración de la población originaria e inmigrante. El hombre y la mujer tienen en las ciudades el lugar donde se educa y se habita. La materia prima se extrae, cría y cultiva en otros ámbitos, pero se industrializa en los pueblos y ciudades. Desde la leche de los tambos, la lana de las ovejas, los cereales  y el mineral que proveen las profundidades. Lo mismo  ocurre con los actos de fe,  las diversiones y deportes.

Aunque no siempre fue así, a la comuna plantada en un espacio acotado del territorio la precedió el rancho aislado y, mucho más, la estancia que acunó las familias de sus dueños y el aporte de los colaboradores. Allí los “patrones” -algunos con estudios superiores- le dieron trabajo y protección a “los gauchos” y las primeras oleadas de gringos, asturianos, gallegos, árabes y otros inmigrantes.
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Taborda --a todo esto-- tiene un lugar destacado en la educación; poco antes de morir dejó fundado y en marcha el Instituto de Investigaciones ligado a la actividad de la Escuela Normal Superior (Cördoba, 1942). Con fidelidad a los planteos de la Reforma Universitaria de 1918, más allá de su anecdotario, Taborda siempre reivindico, junto al sentido espiritual del proceso pedagógico, la importancia de  vincularlo a la problemática de la realidad humana y social. Como predicó el carácter activo del estudiante --alerta a las novedades de su tiempo y no mero objeto pasivo de la faena. La suya fue --en la docencia, en el libro y en el discurso--  una pedagogía rebelde y, a la vez, acaso por eso mismo, altamente creativa.
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A modo de “epílogo” se me ocurre que, por más de un motivo, las impugnaciones de Saúl Taborda al sistema institucional vigente requieren atención y análisis. Llevamos demasiado tiempo reclamando autenticidad para un régimen de gobierno que, cada día, exhibe déficits y frustraciones en su funcionamiento y fidelidad a los valores que hacen a la democracia. O sea representativa y eficaz. Mientras, los sustitutos que se proponen (gobierno parlamentario, régimen corporativo, etc) miran hacia más  lo mismo” o peor.

Taborda fue un pensador que le puso banderillas de fuego, Y aunque no se coincida con los sustitutos que, ensu tiempo, aportó, dada como viene la experiencia política argentina es hora de revisar el itinerario que protagonizamos: partidismo, golpismo, demagogia, ilusiones neoliberales, tecnocracia, etc.)- Con la Constitución de 1853 ya se hizo todo lo que se  pudo, pero la experiencia de muchos años parece haberla reconvertido en “el culto de un fantasma”. Acaso por eso persiste la decepción de las nuevas generaciones.-      .
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Los debates que supimos…

Por José Antonio Riesco

En la segunda instancia de los diálogos polémicos entre los candidatos a la Presidencia,  hubo  un poco más de calor que en la primera. “El Alberto” le tiró algunas estocadas  “al Mauricio” y se dice que a la salida se cruzaron con alguna violencia verbal.  Pero tal intercambio de ideas y propuesta no parece un llamativo material para la memoria. Aunque la prensa grande presentó al discurso de Macri  con mayor solvencia que el de Fernández. 

En el pasado hubo debates que sí registró la historia. Por caso, en el parlamento francés, hacia 1896, un diputado le arrojó un cascotazo  al  legendario George Clemenceau aludiend0o a su condición de hijo natural.  ¿De quién es hijo el señor diputado ..?”, y el “Tigre” respondió en el acto: “Como Ud., señor diputado, yo soy hijo del amor..!”, sin que el hecho que pasara a mayores.

Por los mismos años en la Argentina, luego de intercambiar fuertes imputaciones, se batieron Hipólito Irigoyen y Lisandro de la Torre, con mucho rencor entre ambos. Los enfrentaba la disidencia sobre cómo debía ser la UCR. Fue el 6.XI.1897, a sable. Irigoyen ligó un “planazo” que lo marcó debajo de las costillas, pero De la Torre recibió un tajo en la mejilla cuya cicatriz le duró de por vida; eso  motivó que el futuro fundador del P. Demócrata Progresista se dejara una  barba rubia para cubrir la marca. En un debate en el Congreso una dama exaltada le gritó “Gato Amarillo..!”.

En 1912 --durante el debate por la ley de accidentes del trabajo-- se batieron los senadores  Horacio Oyhanarte (radical) y Alfredo Palacios (socialista). Hubo duelo sin consecuencias, pero a Palacios le costó la expulsión de su partido que condenaba esa práctica por “cosas de la burguesía”. El sancionado se sintió obligado a renunciar a su banca en el Senado; era otra gente y otros días.

En 1930 en Río Cuarto (Córdoba) dos médicos (los doctores Purí y Piller) llegaron al campo del honor luego de una discusión pública y con agravios sobre la viabilidad del Hospital Público. Fue a espada, con filo, contrafilo y punta. Le costó la vida al doctor Piller.
Es posible que el duelo más resonante haya ocurrido el 25 de julio de 1935 entre el senador Lisandro de la Torre y el entonces ministro  Federico Pinedo. Los agravios entre las partes formaron parte del debate en el Senado   y  que surgieron de la exposición de De la Torre sobre las investigaciones en torno al manejo de las exportaciones de carnes por los frigoríficos ingleses. La posición gubernativa fue sostenida por los ministros de agricultura (Luis Duhau) y  Pinedo (hacienda). No hubo consecuencias graves para los duelistas, pero vale recordar que durante el debate había sido  asesinado, en pleno recinto, el senador demo-progresista Enzo Bordabehere.
Los duelos parecen pasados de moda --“era cosa de caballeros”--  aunque persisten los debates, la confrontación de criterios y opiniones. Cada uno le habla al auditorio exponiendo su visión de la problemática política, económica o social. Y se esmeran por acentuar sus convicciones mientras contradicen las de “el otro”. Y recíprocamente.  Un diálogo que el periodismo, previamente, suele empeñarse en conferirle, anticipadamente, una resonancia que luego suele no tener. A no ser que se prefiera las “trenzadas” que, cada tanto, ofrece la mesa de doña Mirta Legrand.  La audiencia llega, inclusive a decepcionarse (o, mejor, aburrirse) ante la falta de calor entre los contendientes, acaso soñando con un debate ardiente, salpimentado  con insultos y amenazas.
Tengo, empero, en la memoria el debate sobre  la ley de Prensa, durante el gobierno de Frondizi, en que la Cámara Alta  fue escenario de un cruce de argumentos , razones y vibrante oratoria entre  el ministro del interior, Roque Vítolo y el senador Alfredo Palacios. Quedó para la historia de lo que es sabiduría y calidad. Claro, “eran otros tiempos y otra gente”.-
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La sociedad va a votar en defensa propia..?

Por José Antonio Riesco

El título -en afirmativo- fue la sugerencia de Eduardo Bordones un periodista veterano y bien dotado intelectualmente.  Y esto lo escribimos antes del “debate” que, como algunos aportes de la farándula, concentra el apetito espiritual en mucha gente. No tanto, claro está, como en su momento ocurrió, cuando ante la audiencia mundial, se presentaron Hilary Clinton y Donald Trump, la linda y el feo.
Hoy nos toca a los argentinos que, en su momento, copiamos la Constitución de USA y, pese  al tiempo ido, seguimos sin parecernos en los vicios y menos en las virtudes. Pero es un hecho que nuestro pueblo necesita aferrarse a algo para no desfallecer en orden a la situación socioeconómica que tenemos encima. Por eso nuestro “debate” merece cierta atención aunque sin ilusiones sobre su contribución al esclarecimiento de lo que puede ser el nuevo ciclo político que se avecina.  Con dos opciones poco prometedoras.
El “hombre de Cristina” ya ganó bien en “las PASO” y se muestra seguro para la prueba definitiva. Su inseguridad manifiesta, en cambio --con un eventual costo en votos-- , parece centrarse en cómo gobernará y, sobre todo, afrontará la problemática económico-financiera. De otro modo no estaría lanzando cañitas voladoras al aire con anuncios que no avalan seriedad. Hoy el modelo “portugués” y mañana el “uruguayo. Lo que se agrava con la tesis de su socio, el ex ministro de economía, Kishilov, para quien el auge del narcotráfico es obra y negocio de una parte de los “desocupados”. Original diagnóstico del nivel de pobreza.
En el otro frente se presenta --con ciertos signos de pasión y apuro--, el todavía Pte. Macri, lanzado a abrazarse con multitudes que lo aclaman con un fervor inédito para  su  experiencia política de líder de Cambiemos. Y está bien que así ocurra aún cuando el hombre camina hacia la derrota electoral, aunque  no, obligadamente, a un exilio definitivo del territorio político. Aún perdiendo contará con más de 8 mill. de adhesiones, y en el descanso podrá reconstituir ----superando eso de “pecho frío”-- la anterior condición de su relación política con el pueblo.
En la segunda posguerra del siglo pasado Winston Churchill perdió en los comicios de 1945, pero ganó bien una década más tarde. Y no olvidar que Hipólito Irigoyen pedaleó largamente (3 décadas) en la pobreza  cívica hasta que en 1916 logró la Presidencia.  Lo más importante del presente argentino está en decidir, o simplemente imaginar, el sentido de la prueba  electoral de nuestra sociedad. En especial porque , esos 8 mill. o más que apoyan hoy al Presidente, integran los sectores más calificados por sus posiciones de decisión en la estructura societal.
Lo dicho no disminuye el potencial, socialmente básico, que da su fuerza al candidato del peronismo K. Ocurre que la masa (las bases sociales) sirven para llegar alto en la prueba electoral. Lo que falta es saber si dicho importante sector sociopolítico tiene en claro que su situación, con la de sus hijos y nietos, no dependerá del modelo “postugués” sino de los pasos inteligentes que de el gobernante que elija. Esto lo descubrieron los trabajadores de Europa luego dela 2da., Gran Guerra, de ahí que un día le dieron la espalda al marxismo (el manifiesto y el disfrazado de popular). O sea la masa tiene que saber si actuará en defensa de sí mismo o del enemigo.
Para la fuerza electoral del “macrismo” pasa lo mismo. Está cerrado el ciclo de la economía donde para conquistar licitaciones de obras públicas bastaba  “hablar con Julio”. Tampoco hay futuro si las condiciones internas (costo financiero y laboral) deterioran duramente la rentabilidad de las inversiones y surge la tentación de enviar las empresas a la quiebra y “sacar afuera” los capitales- Como ya ocurrió. Por eso este gran sector (clase alta y media) si es en verdad nacional tiene que poner  el timón hacia ell cambio estructural  o seguimos en la pobreza- Una condición ésta que --cada boxeador en su rincón-- sufren los de abajo y también lo de arriba cuando el escenario es negativo para unos y otros.
O sea, ambos niveles de electores no pueden ser víctima del pesimismo pero tampoco de las mentiras de ladrones y demagogos. Lejos de ello cada sector tiene el deber de asumir el destino colectivo como propio. De ahí el valor de la consigna auténticamente democrática: “Sepa el pueblo votar..!!”.
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El Estado en la 4ta. Revolución Industrial
Por José Antonio Riesco
Instituto de Teoría del Estado

Se realizó en Córdoba un seminario sobre “El futuro del Estado en la 4ta. Revolución Industrial”, con los auspicios del Ministerio de Finanzas de la Provincia. Nos parece un acontecimiento altamente positivo ya que --sin perjuicio del objetivo específico de sus organizadores--  ha tenido la virtud de introducir un factor de alerta en la opción que la sociedad puede tener en relación al presente y al futuro.

Los cambios en la relación entre la naturaleza y el género humano imponen una adecuación “productiva” : conductas defensivas, aprovechamiento de recursos alimenticios, y otro tanto con los que aportan uso y explotación de energías, etc.. Pero tanto o más ocurre con los medios que surgen en la evolución de la propia vida social; son aquellos que las mujeres y los hombres elaboran para servir a las necesidades de la existencia y el desarrollo de las personas y el grupo de que participan. Por ejemplo, herramientas,  medicinas, comunicaciones, vehículos, armas, etc.).

A este campo corresponde todo lo que se denomina ciencia (el conocimiento) y tecnología (la aplicación). Desde un tiempo a esta parte avanza una suerte de  connubium entre ambas caras de la capacidad humana, ya se la ejerza sobre las cosas o las personas. La ciencia recurre a diario a los recursos técnicos para sus fines y en la actualidad la tecnología porta contenidos de “logos” (matemática, lógica, química, etc. De ahí que resulta difícil reeditar las viejas diferencias. La conexión entre el conocimiento y la práctica , al menos desde la mitad del siglo XX , viene revolucionando a la economía, los transportes, la medicina y la guerra. En su nivel actual este proceso lleva el rótulo de “Inteligencia Artificial”. Y la información y los chismes se regocijan con una novedosa simbología; a-4, algoritmo, 4ta. revolución, robótica, etc.

Ocurre --con esta novedad que se extiende por el planeta--, un fenómeno altamente llamativo que ya está contagiando no solo la actividad económica sino áreas vitales de la realidad contemporánea. Avanza como un “tsunami” que tanto llena de miedo como de esperanza a los grupos sociales que, en Occidente o en Oriente, advierten que comenzó la existencia con otros signos. Sin exagerar, está sonando como una convocatoria que dice: la a-4 es acaso ya el presente y pronto no habrá lugar para los que, mentalmente, se atrincheren  en el pasado.

El seminario sobre el “Estado del futuro” se alojó temáticamente en el rubro “financiero”; y no está mal. Con los admirables medios que brinda la Inteligencia Artificial se torna factible una medida positiva de la política estatal.  En la sociedad global donde todos estamos vinculados al juego de las transacciones financieras, “es la economía simbólica la que controla a la economía real” (P. Drucker).. Tiene sentido, pues, que la capacitación en Las finanzas del Estado  prepara para afrontar las cuestiones del mundo. -

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España y Asturias 1934

Por José Antonio Riesco

En las montañas que miran al Cantábrico está la tierra donde don Pelayo, el rey con la cruz, la espada y un puñado de valientes iniciaron la Reconquista (722 d.C.). Es tierra de trabajo, inteligencia, jardines y buena música. Muchos llevan la marca de de los germanos (francos) que llegaron del otro lado de los Pirineos.  Es gente industriosa que lleva el sello de Principado, pero donde la historia dejó señales de luchas que no se borran aunque se hayan superado las causas y motivos.

El caso fue que el 5 de octubre de 1934, en la cuna de mis ancestros, se armó “una de esas” que costó muchos daños y dolores. Los mineros, agrupados en un socialismo revolucionaron, se apoderaron de Oviedo, la capital de esa región  y otros lugares. Lo hicieron identificados con el ala dura de esa bandera. Fue una rebelión propia de españoles, a sangre y fuego, que llenó las sierras las calles, de muchos muertos y heridos. En parte por la rebeldía y acaso más por la represión que dispuso el gobierno central desde su sede en Madrid.

Desde 1931 -cuando en los comicios habían triunfado los partidos “de la República” y enseguida la caída de la Monarquía, la Nación emprendió entonces un complicado camino donde cada sector de los varios que participaron no logró aportar una fórmula política estable y fuerte. A poco andar la violencia aportó sus argumentos y sus métodos. Y lo que se había ensayado en Asturias ganó la voluntad política de las grandes facciones y tanto más los núcleos ideológicos que pugnaban dentro y fuera de la Península. 

Todavía se discute --en la tierra de Cervantes-- sobre quien tuvo y no tuivo la razón, desde que el 17 de julio de 1936 la nación se internó en una guerra civil de un costo material y humano enorme, y además internacionalizada por las condiciones de la época. 
Pero, hay que decirlo, España soportó todo, pero no se detuvo en su crecimiento y en la búsqueda de la convivencia. Cuando el cerró el largo ciclo de la dictadura, hubo madurez para que no se repitieran las condiciones del pasado. Con una economía y una cultura que participa hoy de las realidades europeas.
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Política : conducta activa o contemplación

Por   José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

“-En política se construye gastando los zapatos y las asentaderas, y para eso ayuda la doctrina pero no la sustituye.” (Irigoyen) --- “Hay que actuar siempre dentro de la ley, hasta las picardías hay que hacerlas dentro de la ley.” (Perón).
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Se dice por ahí que en una democracia --como ciudadanos-- todos somos sus actores: y es verdad si no se exagera al mentar el rol del ciudadano: a  él le compete el ejercicio del sufragio y, llegado el caso, una candidatura a los cargos ejecutivos y/o legislativos en las distintas jurisdicciones del sistema institucional. Son modos simples y  directos de conducta política.
El problema surge cuando, desde una óptica lúcida e independiente, a uno de esos editorialistas con espacio en la prensa, se le ocurre plantear una cuestión urticante: “Siendo el sufragio un acto individual --y dadas las condiciones del medio social-- cuál es el grado de auténtica libertad en su decisión al depositar el voto en la urna..?”

El tema resulta más complejo si nos referimos a “la manera de comportarse” un ciudadano que se ve  partícipe de otras dimensiones de la actividad cívica. Alguien que aspira a cierta instancia del gobierno, sea del centro vecinal del barrio, de la  ciudad donde reside, de la provincia o, con mayor apetencia, de las funciones de mando en el orden nacional. Para alcanzar tal objetivo no basta con una apetencia legítima del aspirante, hay que insertarse en los escenarios donde se procesan los derechos ciudadanos. Hay que estar “adentro”, como en la cancha o en el agua.

“-La  política es una devoción para servir los ideales y los intereses del pueblo. Está es la doctrina y en los libros, pero mucho más en la voluntad de esfuerzo y servicio. (A. Zanichelli).

En la democracia hay que adquirir una “entrada” para ejercer el derecho a ser, primero candidato, y seguidamente que el sistema lo consagre electo para sentarse en la banca o en el sillón republicano. Una diferencia con lo del pasado; por ejemplo, cuando Felipe V ligó la corona de España sólo por ser nieto de Luis XIV de Francia. Lo cual no implica una regla absoluta. En pleno siglo XXI hay pretendientes que llegan alto aferrados  a un apellido o de la chequera de su padre. A no ser que, por fidelidad a la Constitución, se lance a la brega de la lucha y el esfuerzo.  

Acorde al principio de la igualdad, esta necesidad es natural, y obligada, se denomina militancia, “el arte de servir” en la profesión. Con excepción de una minoría --muy reducida en la democracia-- constituye la ruta a caminar por quienes a una altura de su vida, muy joven en general, se deciden a intervenir en ese determinado ámbito de la realidad social. El primer paso lo da la  actividad directa del militante; y aunque hoy la publicidad de masas ocupa una buena porción del escenario, no logró sustituirla sino parcialmente. La política, como fenómeno social, sin perjuicio de su dimensión técnica y financiera, sigue siendo una faena humana. No es metafísica.

Es aquella  que, como dijimos, tiene relación con la organización política. Que es, habitualmente competitiva y cuyas modalidades --psicológicas y operativas-- exhiben el nivel de calidad socio-cultural del agrupamiento en que se produce. Siendo una cuestión de situaciones conflictivas, que desde el barrio popular contiene sus  diferencias y enfrentamientos, aunque nunca con el juego de sectarismos y personalismos disfrazado ideológicamente según suele ocurrir en los escenarios académicos (universitarios, etc.). Uno y otro ámbito incluyen porciones destacadas de clase media y su proyección hacia arriba y hacia abajo. En las aulas se ven hijos/as de obreros y de sus patrones.

La “conducta política” --del dirigente, o el mero votante-- nunca ejerce su condición (sus frutos y fracasos) al margen de la acción que engendra y califica la militancia, que es el rostro expreso y heroico de la vida cívica. En cuanto comportamiento es obra humana con sentido social y calificada por su búsqueda, directa o indirecta, de una instancia de poder. Los hechos, los efectos y los resultados implican experiencias de acuerdos, y se producen, veces, cargados de tensión que dinamiza las relaciones de los grupos partidarios para construir algo entre sus partícipes. O para llenarlas de fracasos, Esto ocurre cuando, en las competencias electorales, el objetivo de triunfo para una de las partes ingresa en una variabilidad negativa. En cuyo caso las condiciones se tornan causa de decepción, con situaciones emocionales o formas de tensión y agresividad en los actores. O sea una “frustración”, un bloqueo psico-social  extendido al grupo.

Si esta alternativa no es extraña en las competencias democráticas, cobra mayor sentido cuando el soporte socio-económico de la vida política es de carencia o subdesarrollo. Son los llamados ámbitos “de pobreza” como ocurre con ciertos barrios carenciados o villas-miserias. Lugares donde se cobijan muchos miles de habitantes y sus familias, instalados existencialmente durante buena parte de su vida como si fueran (se ha dicho) “los vecinos miserables y no integrados de la sociedad normal.”  Un escapismo irracional de algunos teóricos.

Este es el campo que suelen ignorar o desatender los “aparatos” de las cúpulas (partidos, gobiernos) y que caracteriza a los llamados “partidos escoba” (Kirchheimer - Panebianco) donde la acción de la publicidad sustituye el enlace más o menos directo de la dirigencia con la masa. Para lo cual tiene prioridad la relación positiva entre la élite que se repartió las candidaturas, por un lado, y los proveedores de medios, por la otra, para financiar la campaña.                                                                                                              

En el otro extremo, para juntar recursos electorales (votantes) se deja la faena en manos de los ”micro aparatos”: los llamados ”punteros” que existen y actúan con admirable eficacia en los ámbitos de la base social y también, más arriba, en buena parte de la clase media. Son hombres y mujeres que conviven a diario con sus semejantes, bien dispuestos para servir a los demás ante situaciones domésticas que demandan ayuda. O acaso la simple amistad del “buen vecino”.  En esa realidad de ciudadanos calificados por su influencia “sobre los otros” no hay una mera declinación de calidad en la relación psico-política, aunque sí el modo más concreto de darle sentido existencial a las interacciones de que se nutre la vida política donde no llega o no alcanza el largo brazo técnico de la comunicación de masa. 

En las experiencias de la política --que siempre es y será acción, sobre la percepción de las multitudes, arriba, al medio y abajo-- suelen brillar, al menos en los discursos de los altos funcionarios o en los titulares de la prensa que los aplaude, las mejores intenciones en orden a construir una sociedad moderna y fecunda en obras públicas. A la promesa se la vincula con un proyecto  de “cambio fundamental”. Uno que limpie el escenario nacional de los malos hábitos precedentes y, sobre todo, del derroche de los recursos y se realice libre de corrupción. Qué pueblo no quiere algo así..?

Pero aún en la apetencia del hombre o la mujer de cualquiera de las escalas sociales, “querer no es simple y directamente poder”.  Es decisivo cuando se planifica una “campaña”. Con un enfoque “macro” todos  bebemos del mismo vaso, pero la realidad se nutre de una multiplicidad de sujetos y de sus interacciones. Por eso junto a los aportes de la psicología están los de la sociología; para aquélla, salvo casos patológicos,  no suele haber diferencias esenciales entre un ciudadano y otro: “la igualdad de todo lo que tiene rostro humano”. El especialista en “la sociedad” se enfrenta, en cambio,  a un objeto caracterizado por la diversidad de sus partes o elementos, ya que existen diversos “niveles de profundidad” (G. Gurtvich) que especifican a la realidad social. Aquí no todos los gatos son pardos. La visión que iguala a unos y otros (acorde a la ideología liberal) es tan extraña a la realidad como la partición entre burgueses y proletarios que diseño el marxismo.

Ante todo al conjunto de actores (individuos y grupos) que construyen sus interacciones, le corresponde una diversidad de grupos y clases que, sin ser absolutamente diferentes y/o enfrentados, no por ello, según sus roles socio-culturales, pueden  confundirse. Los grupos organizados, los de formación y tareas científicas y técnicas, las etnias de las zonas frias y calientes, las identificadas con una mística religiosa, etc. difieren en mucho aunque sin oposiciones salvajes. La política, en las naciones del orden occidental y otros lugares del globo, las mira a todos con apetito socio-político, pero el mensaje suele ser distinto para unos y otros. En la militancia al estilo lo determina “la praxis”. Pero no puede prescindir de ninguno.
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