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 - Atalaya -



 

 

El mal menor en la política

Por José Antonio Riesco

-“Cuando se prevén males inevitables, es preferible pemitir, mediante nuestra decisión, aquel de ellos que es el menor, para evitar el que es mayor…” (Fernández Sánchez : cit. por el autor)
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Tengo a mano una publicación del Dr. Mario A. Meneghini sobre aspectos esenciales de la política: “El mal menor en la política” (*). y que, a lo largo de sus reflexiones las hace girar sobre las opciones que la experiencia plantea al ciudadano.
Se refiere a la situación psico-política del “hombre común” que asume su interés y su deber por no renunciar a algo sustantivo en dicho sistema: la participación. Alguien que puede ejercer una función relevante en el proceso de selección de candidatos para ocupar cargos en el gobierno de la sociedad. Pero asimismo la posición de la mujer o el hombre, meros ciudadanos,  aunque su conducta cívica no vaya más allá de intervenir con sólo el sufragio.
El punto de partida de este manual para la conducta política –con buena bibliografía y raíces en la filosofía clásica-- parece estar en la actitud moral de solidaridad con los semejantes. “Doubus malis minus est Semper eligen  dum”(Ciceròn) y “cuando es forzoso escoger entre dos cosas que en cada una de ellas hay peligro, se debe elegir la de que menos mal se sigue”.(Sto. Tomás”. (p. 2)
O sea asumir la vida cívica no en solitario sino brindándose el sujeto a una modalidad, ciertamente activa, con “el otro” y “con los otros”. De ahí la pulsión de la voluntad que lleva a buscar una alternativa  a lo perfecto si no se lo tiene a la vista.
“-La única manera efectiva de procurar que mejore la realidad política es participando activamente en la vida cívica …con dos premisas: la licitud moral del voto y la obligación de respetar el régimen institucional.” (p. 5)
Quiere decir –y nos place-- que el voto cantado o pagado no es lícito; tanto  como  que el régimen institucional no es válido cuando lo ejerce un déspota o una pandilla de bandoleros.  Y qué pensar si el proceso electoral está dominado por el poder irresistible de la publicidad…? Esta es una modalidad del poder en la vida moderna, y suele arrollar el esfuerzo del ciudadano por seleccionar “el mal menor”.
Cómo superar la presión del dilema..? Máxime cuando lo sustantivo de la política –de no surgir un acuerdo entre los partidos para colocar  al frente de cada opción a “lo mejorcito del ropero”-- tiene más que ver con el conflicto que con las buenas razones.
“-Aunque el ciudadano no se sienta identificado totalmente con ningún partido ni candidato, puede votar por quienes parezcan más confiables.” (p. 13)
No se me ocurre adherir a todo lo que dice y sostiene el autor.  Estoy lejos de  profesar el escepticismo o la indiferencia sobre lo que pasó y lo que viene pasando en la vida política. Aunque no me entusiasma que detrás del “más malo” ofrezca alguna garantía el “menos malo” y en cuyo subconsciente suele incubarse una serpiente.
Lo que sí digo es que a este trabajo del Dr. Meneghini hay que leerlo una y otra vez. Tiene aquella virtud de los estudios que Unamuno reclamaba: enseña algo importante y, especialmente, “hace pensar”.-
-Ed. Centro de estudios Cívicos - Córdoba

 

 

 

 

Defensa:  Las picardías de comité

Por José Antonio RIESCO

Cuando arreció el debate, primer round y hace pocos días--  sobre la decisión del Gobierno nacional de replantear los objetivos de las FF.AA., en el acto hubo
reacciones en contra. Ante todo de doña Carlotto, la nova Madame Ponpadour, y en especial de quienes en los años 70 integraron las agrupaciones subversivas lanzadas a “la revolución”.
Hasta lo hizo un gobernador de provincia, a su hora militante de las “juventudes maravillosas”, también llamadas “jóvenes idealistas” por un ex presidente. Aunque hoy no se trata de reprimir –por ahora-- a los guerrilleros (montos, erpianos) sino a las bandas del narcotráfico con sus equipos de pistoleros profesionales y asistidas por el contrabando de “mercaderías.”

Uno de los cuestionadores (Sr. Toma) se declaró el redactor de la ley 23.554/88 que, violando el art. 21 de la CN, impuso la diferenciación de la “defensa nacional”, por un lado, y la “seguridad interior” por el otro. Tal segregación fue incluso extremada por el decreto 727 del PE (Kirchner)) al fijar a la agresión exterior de solamente por fuerzas “de otro Estado” como único motivo para el empleo de las FFAA nacionales.
En uno y otro antecedente, la ley 23.554 y el citado decreto 727, dejan a salvo los casos en que una situación de seguridad interna supere los medios ordinarios (policía, gendarmería) e imponga la participación de recursos militares, o sea de  las FFAA. Con limitación del lugar o territorio –y no más allá—donde tenga lugar la cuestión.
Un caso típico fue el llamado “Cordobazo” (1969) donde el acontecimiento se consumó a pleno, habiéndose  superado el control que pudieron intentar los recursos policiales del gobierno local. Cuando ya todo estaba hecho –violencia, destrucción y daño a la ciudad y aplacada la violencia-- sonaron los clarines y se hizo presente el “poder militar”. O sea cuando ya de la situación de “inseguridad” interior sólo quedaba el humo.
Aunque se lo califique de levantamiento popular contra la dictadura del Gral. Onganía, aunque algo tuvo de eso, nadie ignora que fue el producto de una interna militar (Lanusse vs. Onganía) y que, un año más tarde, epilogó con la defenestración del segundo. En esos días no regía la actual ley 23.554 y estando suspendida la Constitución no existían limitaciones a las decisiones castrenses.
La ley 23.554 sí las fijó. no permite la acción militar para situaciones internas. Y aunque tiene previsto los casos excepcionales que referimos inicialmente, su compañera de ruta (Nº 24.059/92), de seguridad interior, establece dos condicio nes para su procedencia. a) fijado el espacio territorial para que se dé el empleo de medios militares estos no pueden operar más allá del mismo; o sea que al momento de la represión a los autores de las acciones subversivas sólo les bastará retirarse unos metros fuera del espacio fijado para eludir la represión, al menos la de orden militar.
Hay otra condición de relevante sentido político: b) Dichas medidas excep pcionales y para que las adopte el Poder Ejecutivo requerirán, previamente, que se sancione el Estado de Sitio (art. 32-ley; y 75-29 CN), lo que demandará un largo y profuso debate –más el dictamen de las comisiones- y el vapuleo del tema por el periodismo. Es una atribución constitucional del Congreso.
En este caso, mientras pasan los días y se calientan o enfrían los ánimos, en medio de intensas y costosas negociaciones, con mucha oratoria, seguramente el conventillo se enriquecerá con la acción callejera de piquetes y, a la vez, escuchando las arengas de doña Carlotto y, más duras, las de doña Hebe de Bonaffini. Puede que se lo convoque a don Verbisky para escucharlo en su carácter en experto en seguridad interior.
En el entretanto el orden público –la vigencia del art. 21 de la Constitución-- quedará hecho pedazos.
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Los libros también son explosivos

JOSE ANTONIO RIESCO


(Sobre el tsunami que está llegando)

--“Un 47 % de los empleos será reemplazado por robots o computadoras inteligentes ¿Quién está preparado..?” (A.O.)
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Hay libros peligrosos ya que envenenan a las personas, a veces millones; tal lo ocurrido con “Mi Lucha” de Adolfo Hitler. Antes lo fue “El Capital” de Karl Marx. No hay dudas que los costosos bochinches, de uno y otro lado,  en el siglo XX deben su inspiración a esas fuentes. En el pasado lejano figura “El Príncipe” de Nicolo Maquiavelo, al cual pocos han leído y muchos lo vapulean.

Está ahora sonando la alarma. En las vidrieras resuena un libro del escritor-periodista Andrés Oppenheimer (“¡Sálvese quien pueda..!”), 2018, México. La tapa lleva un subtítulo: “El futuro del trabajo en la era de la automatización”. El tema (los temas) no es novedad; de un tiempo a esta parte la automatización de las labores productivas --´más amplio, la Inteligencia Artificial-04 y la robótica) ya merecieron anticipos de periodistas y expertos, inclusive de congresos internacionales.

Ocurre empero que este autor muestra un excelente manejo del idioma y un verdadero arte en la composición de los temas que presenta como elementos (subtemas) concu rrentes a un enfoque coherente y muy didáctico. Ya que al lector le ayuda a comprender la significación de este verdadero tsunami de novedades tecnológicas que están llegando a las playas de la pluralidad de sociedades productivas del planeta.

Las más modernas (EE.UU. y las europeas) y asimismo las más antiguas del mundo asiático India, China, Japón, Malasia, Taiwan, etc.). Del proceso que lleva encima este ritmo de cambios en la actividad técnica y económica no escapan, ciertamente, las de América Latina aunque algunos países de esta área demoren en receptar los efectos y el dinamismo de tal nueva era de la cultura de la producción y el trabajo. Lo harán por propia decisión o alguien lo hará por ellos.

Ya que, salvo excepciones y sólo transitoriamente, los pueblos del futuro,  no aceptarán la vida al margen del progreso. No parece que los latinoamericanos se resignarán a lo que les pasó a buena parte de los africanos con la colonización del siglo XIX. Es que llegó eso de “sálvese quien pueda..!”

Algo que política y socialmente provoca pavor con la lectura del libro de A. Oppenheimer se refiere a la caída de las fuentes de ocupación de los empleados y obreros en la economía y por supuesto, en las empresas. Y asimismo los de clase media. Ello afectará la situación humana y social de muchos miles de personas hoy ocupadas. Los ban carios, los abogados y contadores, el ejercicio de la medicina, de los docentes y, nota blemente, de los trabajadores de base.  Pero también al personal de restaurantes, super mercados y tiendas, así como a los deportistas, músicos y actores. Lo grave de todo es to no vale sólo como pronóstico sino que ya viene ocurriendo.

Estamos, pues, los seres humanos ingresando sin tregua donde la tecnología de base matemática e informática se hará cargo de cómo será “la vida social” de las nuevas generaciones. El símbolo dominante será el algoritmo” en el nuevo gran ciclo histórico ya en marcha. Lo cual crea – para la política y la educación formativa-- una sustitución de las consignas que mueven a las dirigencias, donde pasarán a retiro las decisiones fundadas en meras ideologías de resistencia.
En su lugar la percepción de la realidad y sus posibilidades, sin dejar de ser prácticas y justas, deberán mucho a sus relaciones con la ciencia. Entre quienes tienen vocación de súbditos encandilados por los demagogos, y los que pretenden existir y actuar como ciudadanos, la brecha será cada día más ancha.  Vale, por eso atender a las páginas y reflexiones de Oppenheimer que aporta en el cap. 7 (p. 213) de su libro: “El futuro de los docentes”. 

Los maestros dejarán de impartir conocimientos, dice en una parte, puesto que los videos (“realidad virtual”) brindarán al niño y al joven toda la información necesaria. Pero el maestro trabajará con ellos para organizar los conocimientos y cooperar con su interpretación aplicativa. Aunque no totalmente la nueva era sustituirá la línea “pru siana” de la enseñanza. Y no hay dudas que los cambios (y sus apoyos en la tecnología de avanzada) tanto de trabajadores y muchos de clase media tendrán, a su nivel, que  renovar su certificado de eficiencia.

Vale leer este libro..? Estimo que no se trata de la Biblia, pero sí que leerlo dos veces ayudará para entender en qué estamos parados, tanto los humanos como los huma noides que son muchos y con peso en la vida social. Pero creo que sería obligatorio para los políticos a quienes el tsunami tecnológico, por su gran influencia en la sociedad global, les pasará por encima.

Si hoy tuviera poder suficiente encerraría en una gran aula a un millar de dirigentes y militantes sindicales para que lean y estudien el libro de Oppenheimer.  A fin de que aprendan que su concentración en los negocios, sirve para que el sector dirigente de las organizaciones se haya convertido en empresarios. Y de paso que se enteren que su deber con los trabajadores –y con la nación-- es prepararse (ellos, sus hijos y nietos) para aguantar el tsunami que está llegando. Y que no sueñen que a la desocupación masiva que se viene la lograrán frenar con las picardías de siempre. Es que, a futuro, no lejano, las papas queman..!
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Don Horacio
Dr. Horacio María López Ballesteros


Por José Antonio Riesco


Instituto de Teoría el Estado

Algunos amigos y admiradores le decían don Horacio, ya que siendo doctor en derecho y ciencias sociales, tenía el mérito de tratar a la gente y a los auditorios con el estilo de un gran señor. Había nacido en Cintra (Dpto. Unión – Córdoba) en 19.X.1917, luego residente en Bell Ville  desde donde ejerció su profesión de abogado y su liderazgo político y, ante todo, formó su familia con dos hijos: Ana María y Horacio Luis.

Sin dejar de ser generoso y de buen trato con sus adversarios, lo conocí como gran amigo de Arturo Frondizi, Arturo Zanichelli, Angel Viqueira, Carlos Silvestre Begni, Héctor J. Panzeri y Eduardo Bordones entre muchos. Todos miembros calificados de la generación que se empeñó en abrir una puerta grande hacia el futuro nacional.

Por motivo de buenos parientes estuve (y estoy) vinculado a la comunidad bellvillense; y allí –con sucesivas visitas a su domicilio-- me honró con su amistad. Desde antes ya sabía algo de este ilustre descendiente de Estanislao López, el gran caudillo santafesino; me enteré en Buenos Aires que, inicialmen te, había estudiado en Rosario en un instituto de educación media que condu cían los Jesuitas. Luego la universidad. Me lo dijo uno de sus compañeros, don Juan Gabriel Puigbó, un intelectual, periodista y hombre importante en la política de la Capital Federal. Era uno que, al margen de historietas, junto al escritor Enri que Pavón Pereyra, había tenido actuación significativa cuando el 17 de octubre de 1945. El me habló, con un afectuoso recuerdo, de su compañero de estudios.

No tengo ahora espacio para mirar sino a algunos aspectos relevantes de la personalidad y trayectoria de López Ballesteros. Fue diputado nacional en 1958 cuando, por los comicios del 23 de Febrero de ese año, compartió la vanguardia parlamentaria del programa de “integración y desarrollo” que, para cerrar todo un ciclo de odio, violencia y atraso, puso en marcha el Presidente Frondizi.

Tengo en mi memoria determinados rasgos del Dr. López Ballesteros. Testigos directos de la actividad del Congreso me anoticiaron de su valiosa participación en las comisiones y debates del cuerpo. Durante su gestión y en una faena me ritoria aportó su esfuerzo para que se concretara la fundación de la Escuela Normal Nacional de Bell Ville. Lo hizo apoyando a la comisión local de docentes y vecinos de esa ciudad y que presidía ese gran educador que fue el profesor Atilio Zarini. Y lo lograron.

López Ballesteros fue candidato a Gobernador de Córdoba por la UCRI, luego Movimiento de Integración y Desarrollo (MID). No me olvido de un episodio que lo califica; era una persona educada y de excelente trato, pero si llegaba el caso hacía mérito. Luego de su discurso en un acto de dicha campaña, al finalizar y junto a los aplausos fue objeto de gritos hostiles por un grupo de jóvenes de otro partido. Entonces don Horacio se bajó, solito, del palco y los enfrentó. Lejos de lo esperado, ante su actitud la patota se amilanó y tuvo que aguantar, ya educados, el segundo discurso del candidato que les regaló un sermón sobre la convivencia en la democracia.

Tiempo después, siendo titular del comité provincial del MID, se produjo una situación de sus propios correligionarios de la ciudad de Córdoba. Un verdadero estado interno de anarquía. Hasta que, a ruego de los dirigentes mayores, inter vino don Horacio. Habló con todos los participantes del pleito, por grupos y con cada jefe de tribu. En verdad se mostró como un maestro en el manejo del con flicto, loable cualidad de un “político de raza”. Y la convivencia se restableció entre los “desarrollistas” de  la Docta.

En una oportunidad por mandato del director del Instituto de Derecho Constitucional y Político (UNC), el Dr. Cesar Enrique Romero, en mi carácter de Secretario Técnico del mismo, me comisionó para entrevistar al Dr. López Ballesteros e invitarlo a disertar en el plenario del Instituto. El tema: “El Congreso Nacional a la luz de su experiencia como diputado”. Lo hizo magníficamente. En esa misma entidad también, en su momento, hizo una brillante exposición otro bellvillense, el Dr. Helio J. Zarini.

 Cierro con algo anecdótico. Hace algunos años luego de fallecido el Dr. Horacio en 13.XII.2000, estaba yo revisando un asunto en esa excelente “Historia Argentina” de que fue autor Cayetano Bruno (ed. Don Bosco, Buenos Aires, 1977). En el cap. 2do., pág. 463, aparece el rostro (posiblemente un daguerrotipo) de Esta nislao López el legendario caudillo y gobernador de Sta. Fe - Saqué una fotocopia de solamente la imagen y sin ninguna noticia o aclaración,  le pregunté a mi esposa, Nilde Viqueira, nacida y criada en Bell Ville, sobre quién era: Sin titubeos dijo: “Es el Lacho López..!”. El Dr. Horacio Luis, uno de los hijos. Por los rasgos, la ascendencia es inconfundible.-
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Allanamientos para cubrirse …?

Por José Antonio Riesco

La eventual autorización del Senado para que la Justicia pueda allanar los domicilios de la ex Presidente, doña Cristina, tiene no menos de dos caras.

1) Se trata de un acto de inocencia del Juez solicitante, quien habría imaginado que la persona investigada –una “abogada exitosa”, según su magistral y ovacionada disertación en Harvard University-- dejó allí (ella o sus dependientes) pruebas o indicios fuertes de haber guardado en ese lugar algunas de las bolsas con miles o millones de dólares que habría recibido ilegalmente.

En el caso de que la requisa dé resultado negativo, servirá para que los voceros de la imputada griten a todos los vientos su  inocencia, y de paso la mala fe con que actúan el Fiscal y el Juez.  Si en el lugar –por un casual diría la Chona-- apareciera siquiera una colilla de cigarrillo presuntamente de los que solía fumar la Reina del Calafate, no faltará alguno que lo califique de prueba falsa o inventada.

2) Para el caso de que la mayoría senatorial autorizara el allanamiento, surge otra explicación: la eventual segregación de un capítulo del riguroso fuero de que goza doña Cristina (el allanamiento de domicilios) sería útil para mejorar la situación pública en que se colocó el bloque peronista a partir de sostener a rajatabla la impunidad de la dama “hasta que en la causa haya sentencia firme” (doctrina Pichetto).

Para la mayoría del Senado  no puede serle indiferente la marca que están recibiendo sus miembros a medida que avanzan las causas judiciales referidas y se acumulan las imputaciones por diversos hechos que afectan las previsiones del Código Penal. Esos elementos implican concretos deméritos morales y políticos para la autora y para sus apañadores. De ahí que, ante una opinión pública convulsionada por tales motivos, es inexplicable que se mantenga sin grave deterioro la situación de abroquelamiento solidario en que aparece colocada la mayoría de la Cámara Alta.-

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La Defensa y las FF.AA.

Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

-“Todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la Patria y de esta Constitución conforme a las leyes que al efecto dicte el Congreso y a los decretos del Ejecutivo nacional.” (art. 21 CN)
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El sentido y los alcances de la normativa constitucional sobre lo que es la “defensa” de la sociedad nacional, están fijados por el art. 21 de la Carta Magna. Y sin que ninguna reforma posterior a 1853 –incluida la de 1994-- haya modificado ese mandato básico y general. Las competencias del Congreso son legislativas y no constituyentes, aunque las contingencias no esenciales de la realidad las presenten como leyes capaces de agrandarlas acorde a las necesidades de los políticos.
Lo de “defensa de la Patria” remite al complejo de valores, intereses y bienes que –como el territorio, la población, la fe, las tradiciones y el idioma-- se configura históricamente como unidad de destino y con personalidad en y hacia el mundo. Con ello la libertad y dignidad de las personas.
Con respecto a “armarse en defensa de la Constitución” que establece igualmente el citado art. 21, se refiere al sistema de objetivos,  instituciones y competencias (organización)  que define y prescribe el primer y máximo nivel del ordenamiento jurídico del Estado. Lo que da “forma” (ordenamiento) a la Patria.
Consecuencia de lo anterior son las facultades que la Constitución otorga al Congreso para regular las funciones que, por derivación, competen al poder militar del Estado: art. 75 incisos 25 a 28. Y ello dentro de las atribuciones del cuerpo. Parte de la misma materia, constitucionalmente, y como “comandante en jefe de todas las fuerzas armadas de la Nación”,(art. 99-12) el Presidente (poder ejecutivo) cumple con los cometidos vinculados a dicha alta función (incisos 13 a 16 de la misma cláusula).
Para la mejor doctrina de los constitucionalistas el art. 21 es la norma madre de la problemática. Lo dice, entre otros, el calificado jurista Helio J. Zarini en su tratado de “Derecho Constitucional”, 2da. Edición, Bs. As. Astrea: “La esencia de una y otra exigencia del art. 21 (“armarse en defensa de la Patria y de esta Constitución”) se encuentra en la justicia que significa mantener la subsistencia del Estado y del orden político-jurídico fundamental.” (p. 549)
En la experiencia de la vida estatal figuran situaciones de crisis internas agravadas por la violencia en que el gobierno nacional contó con el respaldo de la legislación pertinente ante dicha situación. Por ejemplo: estado de guerra interna (Perón), plan conintes (Frondizi), decretos Luder) , etc. Pero no teniendo a mano dichos recursos legales, y estando agredida la Patria y/o la Constitución, las autoridades no pueden dejar de actuar.  Ninguna ley en tal emergencia puede atar las manos del gobierno. Por algo es:
“el jefe supremo de la nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país.” (art. 99, inc. 1 CN) Dentro ded esta norma es, además, “comandante en jefe de todas las fuerzas armadas ded la Nación.”(nc. 12)
Por si fuera poco el inc. 14 del mismo artículo establece que el Presidente es quien “dispone de las fuerzas armadas y corre con su organización y distribución según las necesidades de la Nación.”
No está de más, al respecto, tener cuidado con el juego comiteril de ciertas interpretaciones –y no faltará un jurisperito de nota que lo respalde. Que avale dejar de lado dicha alta jerarquía del PE y considere legítimas a tal tipo de decisiones parlamentarias, mediando una mayoría ocasional, para dictar leyes que se lleven todo por delante. Son la faena de quienes exageran ciertas competencias del cuerpo como si el nuestro fuera lo mismo que el parlamento de Inglaterra. Allí, se dijo alguna vez, el Parlamento lo puede todo, salvo cambiar “el sexo de los ángeles” ;  aunque como va el mundo esto aparece dudoso. Pero nosotros no somos ingleses.
Ocurrió que, restablecida la democracia en 1983, fueron sometidos a proceso judicial los militares que, en uno y otro nivel, habían participado en la represión de las organizaciones guerrilleras. Fue así con las mayores jerarquías siguiendo con las inferiores –y luego de reformar el Código de Justicia Militar, hoy además derogado.  No conforme con eso el gobierno democrático, con la presidencia de Raúl Alfonsín, promovió el dictado de una original nueva Ley de Defensa, la Nº 23.554 de 13 de   abril de 1988.
 Allí apareció como novedad la segregación entre “defensa” por un lado y “seguridad interior” por el otro. Para las FFAA únicamente se habilitó la acción hacia fuera o defensa exterior, y para nada la defensa del orden interno, o sea de la Constitución (sistema de instituciones, y de derechos y deberes). Esto se agravó con el decreto 727/2006) del ex Pte. Néstor Kirchner –reglamentario de la ley 23.554--  según el cual la acción militar quedó excluida ante la “obra santa” de las guerrillas en el interior del país. Y esto  cualquiera sea su capacidad de fuego o el ataque exterior de fuerzas irregulares adiestradas y equipadas pero sin los signos (uniformes, banderas, etc.) de pertenecer a otro Estado.
Luego se agravó el estropicio con un decreto del entonces Pte. Néstor Kirchner –y no violando con ello la ley 23.554 como anda diciendo su redactor, un ex cura-- sino simplemente reforzando con exageraciones lo que ya venía establecido por dicha ley: la violación de la unidad de valores y previsiones jurídico-constitucionales del art. 21 de la Carta Magna.
Art, 1º del decreto 727(Kirchner): “Las Fuerzas Armadas, instrumento militar de la defensa nacional serán empleadas ante agresiones de origen externo perpetradas por fuerzas armadas pertenecientes a otro/s Estados.”
Decimos, por último, que la ley 23.554 se dictó cuando los centros propagandísticos del marxismo, en todos los países, exaltaban  la “guerra  revolucionaria” (doctrina de Nikita Kruschev). Se la sancionó como desquite o en previsión de nuevas tentativas..?.-
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Noticias de, y desde Córdoba Argentina, para el mundo

 

 

 

 



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