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 - Atalaya -



 

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Los sindicatos y la Nación

Por José Antonio Riesco
Instituto de Teoría de Estado

  • “Art.. 22: El pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición”. (CN)
  • La llamada “política económica” deviene en derroche o en un conflicto de clases que, en lo mejor, lleva al empate salvo que opere bajo un paternalismo autocrático.
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Una destacada porción del sindicalismo está en “pie de guerra” contra el gobierno  por las medidas que éste viene aplicando en orden a la economía. Lo que no es ninguna no vedad si computamos el proceso iniciado en los años 40 del siglo XX,  o sea desde que el Poder Militar decidió hacerse cargo de establecer las líneas básicas de lo que debía ser este país. De allí devino una conciencia social en las masas, real y necesaria, pero pervertida por la demagogia oficial. Para el triunfo de Perón en las elecciones de 1946 el gobierno de facto instaurado en 1943 puso a disposición de su candidatura todos los recursos del Estado.
Nada, por entonces, juntaba tantos electores como los decretos de aumentos de salarios donde un peón de campo logró un salto hacia arriba luego de ganar sólo $10 mensuales. A lo que se agregó el plan de créditos baratos a las ramas industriales de la economía, la confiscación parcial de los réditos agropecuarios y, seguidamente, la congelación de los alquileres. Entre 1944 y 1946 la política del reparto fabricó rápidamente a la mayoría del  electorado en 1946; algo que se agrandó notablemente en los comicios de 1951.
El mote de “fascismo” contra la  instalación de Perón al frente del Estado únicamente sirvió para convertir a su autor –el “gordo” Victorio Codovilla, gran capo del PC-- en el padrillo intelectual de las legiones democráticas.  El peronismo luego de la victoria en 1946  avanzó con su régimen que combinaba personalismo autoritario  con la “justicia  social” y un fuerte impulso a la industria y las obras públicas,
Mientras,  dejó condicionada pero real a la división de los poderes y al grueso de los par tidos opositores. Pero  antes y luego de su caída en 1955, el diagnóstico de los ideólogos democráticos sobre la experiencia peronista (“fascismo”..!) advirtió que, de la década anterior, no habían entendido  nada ni aprendido nada. Así manejaron el pos-peronismo. “Igualito que Adenauer y De Gásperi en Europa”.
Perón se llevó al exilio una valija llena de odio y de un ansia tremenda de retorno al poder.  Pero, además, dejó en el país una poderosa herramienta de presión y lucha, las  organizaciones sindicales. Luego sumó las sangrientas picardías de la “juventud maravi llosa”. Con una y otra, masivamente, cumplió la primera fase de su estrategia: “no dejar gobernar a nadie”. En tanto la quiromancia de comité engolosinaba a la partidocracia tradicional, clamando por el regreso a la normalidad constitucional. Entonces el llamado “tirano prófugo” intervino en los comicios de 1958 ayudando al triunfo de  A. Frondizi.
Por aquello de que “la estrategia es el arte del engaño” (Sun Tzú), a poco andar lo hizo objeto de su obsesión de mando  y demolición. Ahora  compartiendo  con el gorilismo el cese del gobierno constitucional. No soportó que, luego de él, alguien pudiera encaminar la Nación hacia “la integración y el desarrollo”. Luego siguió  contra la gestión de Arturo Illia y después la del dictador Onganía, mientras jugaba con las ilusiones de Lanusse. En todos los casos fue decisivo el ariete de la fuerza sindical, incluso para que una parte de esta apañara la aventura guerrillera de los 70. Con los años el mismo instrumento ayudó para que se fuera Alfonsín (el orador “progre”), antes de tiempo.
Surge, entretanto, una cuestión: El sindicalismo es simplemente un grupo de presión o algo más y peor..? Cuando una fuerza social asume facultades de  crítica y obstrucción de la línea económica del gobierno de turno –en especial si está vigente la Constitución--  no hay dudas que se reconvirtió en un “factor de poder”, como alguna vez lo fueron los cuarteles y los terratenientes. Ocurre cuando esa fuerza proyecta su interés corporativo    y con prescindencia de lo que es y quiere el conjunto de la sociedad.
Algo así, en Europa,  trataron de imponer los sindicatos en las primeras décadas del si glo XX, arremetiendo con su potencia de freno y reparto contra la capitalización de la eco nomía y a la vez empeñados en la confiscación de la renta. Eran los días en que  en el seno del sindicalismo tomó forma una práctica de manejo  de las organizaciones por una “oligarquía obrera” golosamente confiscadora del mando y de los privilegios políticos y monetarios. Tal experiencia está en la historia y sobre ella hacia 1915 Roberto de Michels*colocó banderillas de fuego.
En América Latina su mayor expresión hoy la exhibe el poderoso gremio que, en Brasil,  lideran Inacio Lula y Dilma Rousseff  que, políticamente, también lo hacen con el Partido de los Trabajadores (PT). Que Lula esté preso y no por santo, y que doña Dilma haya sido derrocada por ciertas irregularidades al ejercer el gobierno, no parece afectar el poderío electoral de que dispone el PT. Es una fuerza de izquierda aún bajo control dentro del sistema institucional, y sin desconocer al respecto la posición de las FF.AA..
En la Argentina, casi sin excepción, los expertos en ciencias sociales y económicas –también los periodistas especializados--  coinciden en que el país soporta una decaden cia manifiesta y de carácter estructural. Lo dicen también intelectuales de alto prestigio, como el escritor Mario Vargas Llosas y el neurólogo Facundo Manes. Para los ideólogos que aportan consignas y planteos –acorde a su dominio psico-político sobre dirigencias sólo empeñadas en lograr poder y riqueza personal-- el proceso avanza en el sentido de una creciente incapacidad del “sistema” para subsistir. Las empresas privadas, incluyen do al Estado --afirman esos asesores doctrinarios-- carecen de aptitud financiera y téc nica para sostener no ya el crecimiento de la sociedad sino impedir la sucesión de crisis que llevan “el pueblo a una proletarización insoportable”. La bendición oportuna la está aportando el alto clero.
Las secuelas de la Gran Guerra (1914/18) y luego la Depresión (1929/30 en adelante, degradaron a las instituciones, como seguidamente pasó en España (1936). En uno y otro lugar las ideologías marxistas cabalgaron sobre el creciente desborde por parte de una variedad de extremismos. Pero fueron incapaces de formular  una solución política que respondiera a los valores de la sociedad global. Sobre ese vacío, entonces, surgie  ron y se adueñaron, de todo..!, los regímenes de fuerza. A los primeros que les pusieron bozal fue a los sindicatos,  aunque buena parte de sus afiliados pronto se abrazaron a la novedad; el totalitarismo, además  cubrió al conjunto de la población, clase media y alta. Vale no olvidar las multitudes fanatizadas que aclamaban a Mussolini y Hitler.

No puede imaginarse para la Argentina un futuro similar al europeo de los años 20 y 30 del pasado siglo. Pero sería un ejercicio de candor pensar que la sociedad nacional, llegado el caso de una gran crisis, y que avance hacia la destrucción de la democracia y la sustitución de la economía de propiedad privada, dejará actuar sin una respuesta tan o más brutal que la agresión. Será la hora en que los profetas que rezan a Trozky – esos que ya están infiltrando ciertas áreas del gremialismo-- advertirán cómo en la Nación hay energías más que suficientes para resistir. Ya ocurrió una y otra vez, eso buscan..?

El sindicalismo, por lo demás, es obstinadamente conservador. Habla de la problemática social como si el país estuviera plantado un día antes de Perón. Con excepción de una minoría de operarios-técnicos y profesionales, el grueso mira al futuro como cosa de brujas y muy lejano. Por eso no se preocupa o entusiasma con su responsabilidad docente : advertir e instruir a su masa de afiliados sobre que en el horizonte ya tomó for ma una tormenta que amenaza a los trabajadores, acaso no tanto a la actual generación, aunque sí, inevitablemente, a sus hijos y nietos. Me refiero al avance de la robótica den tro del proceso de la inteligencia artificial.

Como ocurre con el mar anticipando una gran avalancha de agua salada, ya están en el país los primeros anticipos del tsunami tecnológico que dejará el tendal de obreros sin  ocupación. Ignora, o cree hacerlo, que únicamente por el camino de la construcción de una sociedad moderna y altamente productiva, podrá enfrentarse La dirigencia, entre tanto, sólo se interesa por los negocios. Reaccionará la parte sana de la masa..?.-
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- De  Michels, Roberto: Partidos Políticos, 1914.

 

Hoy es bastante común en los especialistas sentenciar que, desde entonces, la Argentina cerró el ciclo de la prosperidad y se internó en un largo proceso de decadencia que llega hasta el presente. En lo cual se sindica a la irrupción del sindicalismo –en cuanto poderoso “grupo de presión” politizado—como uno de los principales responsables de esa situación. Incluyendo su eficaz participación en el aniquilamiento de los gobiernos que intentaron habilitar condiciones de estabilidad y crecimiento estructural para la economía.
O sea los que presidieron Frondizi, Illia y el dictador Onganía, y sin olvidar la gestión de Isabel M. de Perón. Tampoco, una vez cerrada la etapa militarista (1976-1983), las opiniones excluyen al de Alfonsín. Sólo parcialmente se menciona la etapa de Carlos Menem, y para nada la del “kirchnerismo” que siempre –para bien o para mal—tuvo la aquiescencia del liderazgo obrero.

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Nuevas Fuerzas de Seguridad ..?

Por José Antonio Riesco

El Gobierno parece decidido a emplear las Fuerzas Armadas para ayudar a resolver la grave situación de inseguridad que plantean ciertos delitos como narcotráfico, contrabando y otros. Hasta el presente esa problemática es una materia reservada para las llamadas “fuerzas de seguridad” (gendarmería, prefectura, policías).
Esto implicará extender el concepto de Defensa establecido por la ley pertinente Nº 23.554/88; y que refiere la función de los equipos militares a únicamente “las agresiones de origen externo”. Al respecto el art. 2 expresa: “La Defensa Nacional es la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo.”
Semejante restricción se especifica en el art. 4º al afirmar que debe tenerse siempre presente “la diferencia fundamental que separa la defensa nacional de la seguridad interior.” Junto a esto el art. 15 establece que “las cuestiones relativas a la política interior” en ningún caso podrán ser tema de “hipótesis de trabajo de los organismos de inteligencia militar.”

La dicha ley, tal cual fue sancionada y promulgada el 13 de abril de 1988 no fue una disposición inocente, ni política ni ideológicamente; respondió a la actitud de buena parte de la clase política dirigida a clausurar cualquier posibilidad del uso militar si se renovara un proceso subversivo similar al planteado hacia 1970 y que protagonizaron las organizaciones guerrilleras (Montos y Erpianos).

A esta altura nadie ignora las simpatías y vinculaciones que hubo entre cierto sector de la clase política con dichos eventos, sin excluir los partisanos con sotana. Como asimismo existieron numerosos dirigentes democráticos que votaron y/o apoyaron la Ley sin haber validado la acción revolucionaria pero que también condenaban los procedimientos de las fuerzas de represión.

La derogación del Decreto 727/06 (reglamentario de la ley) a fin de habilitar el uso de recursos militares para objetivos de seguridad interior es altamente pro bable que será resistida. Acaso con el argumento de que implicará desconocer las restricciones que impone  la ley 23.554/88 ya citada, lo cual abrirá significativamente el debate político y jurídico y no faltará algún constitucionalista que se sume a la oposición del caso.
 
Pero tiene mayor sentido hacer una lectura adecuada del art. 21 de la Constitución donde está la fuente fundamental del asunto y por el cual se legitima la existencia y función del “poder armado” de la sociedad nacional. No es una opción para los ciudadanos sino “una obligación” y no se dirige únicamente a la “defensa de la patria” sino además de la “Constitución”. A cuyos dos valores esenciales deben ajustarse las leyes que al efecto dicte el Congreso y los decretos del Ejecutivo.

Los especialistas en Derecho Público cuestionan severamente la llamada “doctrina de la seguridad nacional” que fundamentó la irrupción de los milita res en el manejo del Estado para reprimir las guerrillas. Pero tampoco “comen vidrio”.

“Preámbulo – Proveer a la defensa común: es un objetivo fundamental del Estado. Se propone otorgar al poder federal la fuerza suficiente para la defensa del propio Estado, de las provincias y de la población. Significa también la defensa de la Constitución, de la comunidad y, con ellas, de la persona humana.” – (Zarini, p. 51)

O sea que en la Carta Magna se cubre constitucionalmente la defensa exterior e igualmente –algo que no puede eludirse--  el sistema de instituciones que organiza a la sociedad en el orden interno. Lo que supone dar forma y continuidad al complejo de derechos y deberes de las personas y, a la vez, los roles y funciones que configuran el colectivo. Desprender a éstas obligaciones como no implícitas en los cometidos de la defensa, es un modo de violar el art. 21 CN. Y es lo que se hizo con la ley 23.554/88 bajo el influyo de los intereses ideológicos y el juego de circunstancias políticas.

Las competencias del Congreso y del Ejecutivo (reglamentación legislativa y ejecutiva, respectivamente) del art. 21 de ningún modo autorizan a borrar con el codo lo que el constituyente escribió con la mano. A no ser que, por negli gencia u otra debilidad, un día juguemos a reproducir lo ocurrido largamente en Colombia con las FAR (alianza de guerrilla y narcotraficantes) asistidas por un literato de nota.

Vale recordar cómo durante un gobierno constitucional y democrático – presidido por Arturo Frondizi (1961)-- al arreciar la violencia que protagoniza ron ciertos grupos sociopolíticos se puso en vigencia el llamado Plan Conintes a fin de neutralizar esas acciones ilegales. Para su aplicación se dio activa participación a las Fuerzas Armadas.

No se trata, por supuesto de otorgar “mano libre” a alguna de las fuerzas que deban operar en la nueva situación, con el peligro de la contaminación antes aludida. Un problema éste que ya viene afectando a parte de los sectores altos y dirigentes de nuestra sociedad. Los consumidores de levita. En lo que, para unos y otros, será necesario e indispensable un riguroso y eficaz control.-
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Cf. Zarini Helio J. Derecho Constitucional, Buenos Aires, Astrea, 1999.

 

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Los difíciles y polémicos años 30…

Por José Antonio Riesco

(“In memoriam de doña Leticia Aguirre de Bordones”)

-“Fue Tomás Bordones un hombre infortunado. Después de asumir los riesgos de encabezar la lucha estudiantil con un heroísmo civil que no cuenta con muchos ejemplos, después de cursar con sacrificio pero brillantemente sus estudios de ciencias médicas, su corazón dijo basta y la provincia y el país perdieron una figura de valor civil y profesional.” Dr. Raúl Faure)

-“La firmeza del carácter de Bordones, el dinamismo de su acción, su energía puesta al servicio de sus ideales tanto como su disposición espiritual, perfilaron su conducta insobornable.”(Marcos Meeroff))       
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La historia tiene sus verdades y sus mentiras; pero sin ella estaríamos a ciegas sobre lo que el hombre fue y puede ser. Ahora nos interesan los años 30 del siglo pasado, una e tapa llena de motivos para festejar y también avergonzarnos. Aunque no para chillar como si no hubo allí algo que merezca rescate.
Estaban frescos los clamores de la juventud estudiantil que en 1918 había impuesto los nuevos valores educativos de La Reforma. Resonaron también en Perú, México y otros centros de América Latina. Sin perjuicio de ello los años siguientes no muestran que los cambios hayan influido suficiente en los niveles docentes superiores. Había profesores respetables y sabios pero no atinaban a un diálogo educativo adecuado.
Antes del 6 de septiembre era muy fuerte la presión opositora sobre el decadente régimen que, con 80 años y graves achaques, presidía Yrigoyen. Tenía en contra a los partidos (conservador, socialista y demoprogresista)), también a la Federación Universitaria. Y especialmente, a la fuerte corriente del Antipersonalismo, fundado en 1925 por José P.  Tamborini, netamente radical, a quien en 1945 la UCR impuso como candidato presidencial de la Unión Democrática. Sus amigos integraron el gabinete del Gral. Justo.
Fue en ese mismo año 1925 que un joven procedente de Mendoza recaló en las aulas de La Docta. Allí curso el ciclo medio de su educación y seguidamente accedió a la Universidad (Córdoba.). Por una innata vocación de servicio humano ingresó a la Facultad de Medicina donde estuvo hasta el final de la carrera. Se llamaba Tomás Bordones.

 

Leticia Aguirre de Bordones y Tomás Bordones


A los años 30 los pueblos los iniciaron soportando una muy grave crisis del capitalismo y, para domarla, fue necesario reemplazar las ideas de Adam Smith con las de John Maynard Keynes: en lugar del “laissez faire” la regulación del mercado. Y con ello un Estado activo. Por esos días Roosevelt fue presidente de USA, Hitler se instaló en la Cancillería, Trotsky corrido por Stalin se refugió en París, Mao Zedong expulsó a los asesores soviéticos y Mussolini se apoderó de Abisinia.
En la Argentina murió Hipólito Yrigoyen, luego de su derrocamiento por los mili tares (Uriburu y asociados). El líder de la FUA don Raúl Uranga lo había marcado de “caudillo déspota y senil”; con el tiempo integró la “generación desarrollista” e hizo buen gobierno en Entre Ríos. (1958).
Bordones fue excelente estudiante, y será presidente de la FUC, lector apasiona do de cuanto libro llegó a sus manos: Lutero, Saint Jean, Tocqueville, Marx, Bacunín, también los clásicos españoles como Cervantes y Unamuno. Antes de recibirse de médico accedió por sus méritos a los roles de practicante menor y mayor que cumplió en “el Clínicas” y otros establecimientos. A poco andar estrechó buena y permanente amistad con algunos compañeros: Héctor J. Cámpora (futuro Pte. de la Nación) y éste con colegas del rugby en “la U”, el club de los universitarios, ante todo con  José “Pepé” Zabala Ortiz, radical furibundo.
Vale mencionar el año 1932. Cuando la elección de autoridades en la Casa de Trejo y sus facultades exhibió un llamativo brote de posiciones en antagonismo, la dirigencia académica (profesores) por un lado, y la fuerza juvenil empeñada en sostener los ideales de La Reforma, por el otro. Esa dialéctica se tornó caliente  en 1932 y se agravó con los conflictos ideológicos (la expulsión de docentes: los Dres. Gregorio Bergmann y Jorge Orgaz). Hay huelga general con las aulas vaciadas por la intransigencia de ambas partes. Los mayores esgrimen las formalidades y los menores las impugnan por injustas y atrasadas.
La dinámica interna en la Casa que fundare el obispo Lucas Trejo (1616) alcanzó una tensión inédita. Por más de un motivo el epicentro de la resistencia se instaló en la Facultad de Medicina. Es que allí surge y crece un liderazgo de alto porte : Tomás Bordones, al que dan aliento Marco Meeroff, José Martorelli y otros..
Hubo gente muy indignada por la caída de Yrigoyen: Arturo Frondizi, flamante abogado, se negó a recibir su diploma para que no se lo entregara el interventor de la Universidad (UBA). Marcelo T. de Alvear, meritorio ex gobernante, fue preso a Ushuaia por conspirador. Con ciertas picardías electorales el general Agustín P. Justo se instaló en la Presidencia, acompañado por ministros de buen nivel : Federico Pinedo, Miguel A. Cárcano, Leopoldo Melo, Saavedra Lamas, Antonio di Tomaso y otros. Destaco a Saavedra Lamas (Premio Nóbel de la Paz) y Miguel A. Cárcano (futuro ministro de RR.EE en 1960)
Hubo dos hechos urticantes: 1) El pacto Roca-Runciman (1933), repudiado por la izquierda y todos los opositores. Fue duro y caro, aunque peor hubiese sido que el “imperio” nos dejara al garete- 2) En 1935 los radicales se quedaron con la provincia de Córdoba, pero el “gringo Sabattini” hizo una excelente administración y no hubo fraude ni intervención federal. Al frente del Dpto. del Trabajo, un mendocino, otro gringo, Arturo Zanichelli.
Entretanto la Nación realizó una admirable obra vial, se fundó el Banco Central, avanzó la industrialización, crecieron las exportaciones y se sancionó la ley 11.729, madrina de la legislación laboral. Avanzó la industria aeronáutica y automotriz y nos visitaron los grandes jerarcas del mundo (Ms. Pachelli, futuro Pío XII y el Pte. de USA). Y, de paso, brilló el fraude en  “la Provincia” (B.Aires).
Desde el vamos (1932) la Universidad cordobesa se paralizó por la huelga sin término que decretó la Federación Universitaria (FUC) con la presidencia que va a  ejercer Tomás Bordones cuyas calidades de conductor quedan pronto a  la vista. Se trató de impugnar y resistir el modo y forma de renovación de las autoridades y el manejo de las cátedras. Al rector Sofanor Novillo Corvalán, futuro fundador de la Facultad de Ciencias Económicas, le tocaron las gestiones y maniobras para sostener el “statu quo” directivo y docente.
La huelga duró hasta enero de 1933 y culminó con un plebiscito, aunque la masa estudiantil no la desautorizó para nada. Ni seguidamente se pudo borrar la suerte de heroísmo que dio forma y color a los militantes “reformistas”. Donde brilló la acción y la personalidad de Bordones, un líder acosado por el trajín de la lucha, la precariedad de los recursos y el hostigamiento de los medios represivos. Bordones agotó sus energías psicofísicas en semejante entrega. Bien se ha dicho que murió joven, (  1906 – 1941  ) como los héroes.-
Referencia: “La Generación del 32”: edición de la Sra. Leticia Aguirre de Bordones (1999); prólogo de Raúl Faure.-

 

 

 

   Con la Reforma de la Reforma

José Antonio Riesco

--Fue la ley 14.557/58 una deslealtad a los principios de La Reforma, o, en cambio, un modo inteli gente de actualizarlos en lo esencial y, así, evitar que se momificaran en  brazos del sectarismo partido crático y senil..?
--Durante el legendario debate entre universitarios (24.VII.1952) en Barrio Clínicas (Cba.), ante una versión cerrada y dogmática del Manifiesto de la Reforma, uno de sus cuestionadores dijo: “Uds. leen  ese documento como si lo hubiese redactado fray Tomás de Torquemada y no Deodoro Roca.”
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En 1958 la Argentina pujaba por liberarse de la grave crisis de convivencia que engendró la caída del peronismo y sus antecedentes. Lo hecho –políticamente- de 1955 en adelante había resuelto algunos rubros pero subsistían otros, ya que la proscripción de la fuerza electoralmente mayoritaria quitaba autenticidad demo crática a los intentos por reconstruir las instituciones. Sin perjuicio de ello en lo profundo del “ser nacional” latían energías sociales y culturales que pedían un cambio sustantivo.
-De esta vocación, aún con ciertas exageraciones, había dado muestra la generación universitaria que en 1918 plantó la bandera de La Reforma. Estaba fresco, entonces, el cierre del largo y fecundo ciclo de la Oligarquía del 80 que tanto había hecho por fundar y afianzar el Estado Nacional. Acaso, como todo lo humano, vástago de lo ya realizado en la Casa de Trejo sonó la trompeta que tanto reclamó como anunció una nueva era. De  ahí en más el país creció. Aunque luego algunos veteranos de 1918 lo ignoraron.
Si, en 1943 el aval con que se inauguró una etapa cuasi-autocrática pero de inne gable sentido social y otros tópicos importantes, al llegar la hora de la llamada “Revolución Libertadora”, aquélla también sufría de senilidad. La Argentina que ría vivir como una República y no como un regimiento. La reconstrucción de las instituciones no podía, empero, hacerse pasando el borrador sobre el período anterior, en cuanto a lo realizado en valores, de buen signo y de carácter perma nente. Los vencedores del 16 de septiembre sólo atinaron a sancionar el vigente código de derechos sociales (art. 14-bis CN).
Pero erraron en la estrategia fundamental –sin dudas difícil pero necesaria para el interés colectivo. Fue imprescindible generar canales de consenso y partici pación para que, el estado de conciencia social alcanzado por las masas, no se esterilizara prisionero de los rencores del régimen caído. Había, pues, que sacri ficar los apetitos comiteriles de la vieja partidocracia –aún meritoria en ciertos   respectos-- para que diera frutos el salto cualitativo que exigía la convivencia nacional. No se lo hizo. A la apertura y actualización de las formas y prácticas de la democracia, se prefirió lo propio y el desquite.
Pronto se planteo la cuestión de la enseñanza superior. La Reforma “del 18” no había sido elitista, su convocatoria implicó una verdadera referencia al “demos, o sea al pueblo. Y no fue sólo un simbolismo..! Reclama-dijo el Manifiesto del 21 de junio-  un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes”- Eran días de  revoluciones y cambios profundos en el planeta, cada centro de opinión vertía lo suyo en el laboratorio socio-político de la época (China, Rusia, Italia, Alemania, etc.) y estimulaba la creatividad audaz. La Reforma por caso, logró eco en varios puntos de América Latina. Por aquello de “estamos pisando una revolución, estamos viviendo una hora americana”.
De este Manifiesto tan elocuente y presuntuoso quedó en claro que la problemática  no se reducía al ámbito académico cordobés. Miraba más allá. Cuando llegó el año 1958 la población argentina pisaba casi los 20 millones de seres y se constituía co mo un pluralismo activo de grupos y sectores cuya dinámica global –al menos en ma teria de educación superior-- estaba muy por encima del legendario 1918. Algunos voceros del “reformismo” (veteranos y jóvenes) no atinaron a interpretar el mensaje amplio y sugestivo de 1918, para atrincherarse en una evocación nostálgica y obso leta. Decimos esto con respeto pero sin concesiones.
En las sociedades libres y de cierto desarrollo socio-cultural dicha cuestión excede lo meramente cuantitativo. El “demos” de 1958, la presencia de miles de jóvenes que requerían los servicios universitarios, estaba más fuera de los claustros de las insti   tuciones públicas que adentro. Era éste un demos actualizado y multiplicado. Era la demanda que requería una oferta de nuevo tipo. Lo demostraron los hechos en los años que llegan hasta el presente.
El terco rechazo a las universidades “libres” --concentrado en un anticlericalismo de modé, como si estuviéramos en el siglo XVII-- dejó de lado tanto el avance numérico cuanto el nivel de complejidad alcanzado por la sociedad. Una cuestión que se refie re “a la cantidad de sus componentes, al grado de diversificación entre ellos, al nú mero e intensidad de sus relaciones, y a la velocidad de cambio de todos esos fac tores” (J. G. Ruggie).
Tal dimensión socio-cultural de nuestro país ya no cabía en los límites de la univer sidad pública, y esto al margen de sus virtudes tradicionales, de lo que aportaba y si  guió aportando. La realidad –la dinámica de su complejidad-- demandó respuestas propias de una sociedad moderna, signada por la diversidad en el marco de los valo res nacionales. Para complementar y enriquecerla con nuevas propuesta educativas. A eso dio solución la Ley 14.557 de 1958; fue cuando la presidencia de Arturo Fron dizi asistido por sus ministros Luis Mac Kay y A. Salonia, el diputado Horacio Domin   gorena y el decidido apoyo del entonces gobernador de Córdoba Arturo Zanichelli. Todo con la mayoría legistativa que la sancionó.
En esta misma ciudad, Juan E. Zanetti, sociólogo de prestigio y para nada hombre de derecha, con un grupo de jóvenes colaboradores en el Consejo de Enseñanza Media y Técnica que presidía, hicieron manifestación pública de su apoyo a “los libres”.
Hubo casos en que la propuesta de “universidades libres” sólo mereció el capricho so rechazo de cierto sectarismo que la calificó de avances del “obscurantismo”, sin  dudas por aversión al importante sector de creyentes que la sostenían. Y, con ello, arrastraron a las iniciativas ajenas a toda devoción (empresarial, profesional, etc.). Fue con olvido, por cierta beatería cerril, de que en la cumbre del pensamiento racio nal hubo exponentes como Einstein (la relatividad) y Planck (física quántica) que se habían declarado creyentes, y que antes Galileo, el fundador de la “nova ciencia”, había partido de este mundo abrazado a su Fe.  
Aún generando chillidos e intransigencia, la ley 14.557 –por su obra en un ciclo que llega al presente-- no renegó sino que actualizó y profundizó la vocación de 1918. De algún modo, abriendo la oferta, fue La Reforma de la Reforma. Ahí la tenemos.-
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Las libertades que nos faltan…

Por José Antonio Riesco


Los años de La Reforma, dentro y fuera de la Universidad, fueron tiempos calientes, en Europa y en nuestro país. Con revoluciones (Rusia) y luchas internas (Alemania), con el resurgir del nacionalismo autocrático (Italia) o la decadencia de algunas viejas monarquías (España). Nosotros tuvimos la “semana trágica” en la Capital y en la Patagonia.
Acaso, unos y otros como secuela de la Gran Guerra (1914/18), aunque la violencia suele alumbrar ciclos contradictorios.  Aquí la represión fue sangrienta cuando la  “semana trágica”, aunque en el gobierno estaba Hipólito Yrigoyen que nada tenía de fascista o algo parecido.
A los argentinos esos acontecimientos le dieron el marco histórico para sus propias experiencias. Ocurrió el estallido juvenil y académico de la Reforma Universitaria. Cuyo epicentro, además de su proyección exterior, se dio en Córdoba, “la docta”, verdadero semillero de intelectuales y científicos, como en otros centros culturales del territorio. Y esto hay que decirlo pese al modo exagerado con que los malltrató el “Manifiesto Liminal” de 1918. Buena parte de los dirigentes de La Reforma,  eran egresados de la Casa de Trejo.
El “Manifiesto” (21 de junio/1918) constituyó, más que un programa sí un duro examen sobre los atrasos y las deficiencias del régimen académico. Por lo menos hasta el rectorado de Julio Deheza, un jurista de alto prestigio y calificado miembro de la entonces clase alta y tradicional. Fue luego nada menos que el suegro de Deodoro Roca, líder de la legendaria asonada. Un detalle que no admite interpretaciones baratas. Vale no olvidar que Fernando Lassalle, fundador de la socialdemocracia germana, murió en un duelo, y no al batirse por una obrera sino por una duquesa. El mismo Marx no se casó con una proletaria sino con la hija del barón de Westfalia.
Deodoro Roca era ya abogado (28 años) y su prestigio creció en su “locus” y fuera de él. No siempre estuvo conforme con el itinerario que cubrió seguidamente La Reforma como causa político-cultural. En verdad luego de 1918 las aguas no volvieron a la calma y, en los años 30, la virulencia se adueñó de las relaciones entre   buena parte del estudiantado y las autoridades de la Casa de Trejo. En especial cuando Medicina se hizo el núcleo más dinámico con la conducción de Tomás Bordones, un líder que predicó con pasión mientras afrontaba crisis y persecuciones.
No vale, empero, olvidar o ignorar ciertas ideas del “Manifiesto” que, junto a reclamos como la participación de los estudiantes en la dirección de la enseñanza superior, dejó algunos mensajes hacia el futuro. Con el estilo y el simbolismo de Deodoro rescato aquello de “Los dolores que quedan, son las libertades que faltan.”
Es que la historia –superando prejuicios y sectarismos y habiendo fallecido D. Roca en 1942--  de pronto se aferró al lado positivo del paradigma de 1918: “las libertades que faltan” – Porque entonces se puso en claro que, al margen de las verdades del “Manifiesto”, no era sensato ignorar lo esencial de una democracia, o sea que la conquista razonable de una parte de la sociedad no excluye el derecho a existir y actuar de la otra.
La Generación de 1918 afirmó sus críticas y reclamos, incluso impuso sus objetivos, con el acento en la “autonomía”. Pero desde entonces a 40 años adelante la misma sociedad había crecido en sus diversas y concurrentes vitalidades. El programa de la Reforma fue –acaso dominantemente-- para la universidad “nacional”, la de carácter “público”, como rama cultural del Estado. Lo que acaso no pudo llamar a escándalo puesto que, por entonces, las áreas avanzadas del planeta, consagraban una presencia fuerte y muy activa del “estatismo”. Lo exigían las necesidades sociales emergentes.
Aunque, como se dijo, cancelado el entusiasmo de las minorías por lo que estaba ocurriendo en Rusia e Italia, el curso de los pueblos que no aman la máscara de hierro de los totalitarismos, o sea el proceso hacia delante de una sociedad activa, le dio sentido a que la reconstrucción de las crisis de “entre-guerraS” se hiciera por los cauces de la democracia. Un régimen que se alimenta de los derechos y de la libertad. Donde estos valores no rigen un pueblo puede crecer pero bajo el modelo del gallinero organizado.
A mitad del siglo XX “las libertades que faltan” despertaron” en la Argentina y para que no se enquistaran “los dolores que quedan”, en el seno de la sociedad planeó la bandera de la “enseñanza libre”. O sea la oportunidad para que, sin perjuicio de las “públicas”, la iniciativa privada pudiera constituir y hacer funcionar las “universidades privadas”.
Eso autorizó el art. 28 del decreto 6403/55; y más adelante la ley 14.557 (24.X.1958), donde pusieron su sello el presidente Arturo Frondizi, los ministros Mac Kay y A. Salonia, y un decidido apoyo del entonces gobernador Arturo Zanichelli. En los tiempos siguientes se fundaron dos universidades “católicas” (Buenos Aires y Córdoba), pero seguidamente las hubo otras por iniciativa y esfuerzo de los sectores empresarios y profesionales. A esta altura no asusta a nadie saber que profesores de las “públicas” ejercen también en las “privadas” y recíprocamente.
En definitiva se enriqueció culturalmente el país y se dieron (se dan) valiosos aportes en los criterios pedagógicos y científicos. Fue la reivindicación de “las libertades” que, para otros días,  Deodoro Roca inscribió en el “Manifiesto”.  Y vale señalar que, con la ley 14.557/58 para nada se dio el avance “del oscurantismo” que,  en medio de los bochinches que se desataron, denunció el Dr. Enrique Barros, ilustre figura en los hechos de 1918. (v. La Gaceta, órgano oficial de la FUC Año 1 Nº3 del 11.X.1958).
Calificar a la libertad de enseñanza de “oscurantismo” pudo ser una herramienta de pelea como parte de una dialéctica cerril y ajena a la convivencia que es propia, esencial, de la democracia. Es mejor pensar que en su afán de apertura la Reforma de 1918 dejó para un momento posterior la otra cara de lo nuevo. Y es lo que sí cumplimentó la Reforma de 1958 con la ley 14.557. Una experiencia ya larga –estamos en 2018--  viene demostrando su acierto y cómo la convivencia entre la educación superior en ambas modalidades (“laica y libre”) expresa bien a una sociedad pluralista perfeccionada con el valioso aporte de las diversas contribuciones socioculturales. --
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Las libertades que faltan…
Por José Antonio Riesco
Los años de La Reforma, dentro y fuera de la Universidad, fueron tiempos calientes, en Europa y en nuestro país. Con revoluciones (Rusia) y luchas internas (Alemania), con el resurgir del nacionalismo autocrático (Italia) o la decadencia de algunas viejas monarquías (España). Nosotros tuvimos la “semana trágica” en la Capital y en la Patagonia.
Acaso, unos y otros como secuela de la Gran Guerra (1914/18), aunque la violencia suele alumbrar ciclos contradictorios.  Aquí la represión fue sangrienta cuando la  “semana trágica”, aunque en el gobierno estaba Hipólito Yrigoyen que nada tenía de fascista o algo parecido.
A los argentinos esos acontecimientos le dieron el marco histórico para sus propias experiencias. Ocurrió el estallido juvenil y académico de la Reforma Universitaria. Cuyo epicentro, además de su proyección exterior, se dio en Córdoba, “la docta”, verdadero semillero de intelectuales y científicos, como en otros centros culturales del territorio. Y esto hay que decirlo pese al modo exagerado con que los malltrató el “Manifiesto Liminal” de 1918. Buena parte de los dirigentes de La Reforma,  eran egresados de la Casa de Trejo.
El “Manifiesto” (21 de junio/1918) constituyó, más que un programa sí un duro examen sobre los atrasos y las deficiencias del régimen académico. Por lo menos hasta el rectorado de Julio Deheza, un jurista de alto prestigio y calificado miembro de la entonces clase alta y tradicional. Fue luego nada menos que el suegro de Deodoro Roca, líder de la legendaria asonada. Un detalle que no admite interpretaciones baratas. Vale no olvidar que Fernando Lassalle, fundador de la socialdemocracia germana, murió en un duelo, y no al batirse por una obrera sino por una duquesa. El mismo Marx no se casó con una proletaria sino con la hija del barón de Westfalia.
Deodoro Roca era ya abogado (28 años) y su prestigio creció en su “locus” y fuera de él. No siempre estuvo conforme con el itinerario que cubrió seguidamente La Reforma como causa político-cultural. En verdad luego de 1918 las aguas no volvieron a la calma y, en los años 30, la virulencia se adueñó de las relaciones entre   buena parte del estudiantado y las autoridades de la Casa de Trejo. En especial cuando Medicina se hizo el núcleo más dinámico con la conducción de Tomás Bordones, un líder que predicó con pasión mientras afrontaba crisis y persecuciones.
No vale, empero, olvidar o ignorar ciertas ideas del “Manifiesto” que, junto a reclamos como la participación de los estudiantes en la dirección de la enseñanza superior, dejó algunos mensajes hacia el futuro. Con el estilo y el simbolismo de Deodoro rescato aquello de “Los dolores que quedan, son las libertades que faltan.”
Es que la historia –superando prejuicios y sectarismos y habiendo fallecido D. Roca en 1942--  de pronto se aferró al lado positivo del paradigma de 1918: “las libertades que faltan” – Porque entonces se puso en claro que, al margen de las verdades del “Manifiesto”, no era sensato ignorar lo esencial de una democracia, o sea que la conquista razonable de una parte de la sociedad no excluye el derecho a existir y actuar de la otra.
La Generación de 1918 afirmó sus críticas y reclamos, incluso impuso sus objetivos, con el acento en la “autonomía”. Pero desde entonces a 40 años adelante la misma sociedad había crecido en sus diversas y concurrentes vitalidades. El programa de la Reforma fue –acaso dominantemente-- para la universidad “nacional”, la de carácter “público”, como rama cultural del Estado. Lo que acaso no pudo llamar a escándalo puesto que, por entonces, las áreas avanzadas del planeta, consagraban una presencia fuerte y muy activa del “estatismo”. Lo exigían las necesidades sociales emergentes.
Aunque, como se dijo, cancelado el entusiasmo de las minorías por lo que estaba ocurriendo en Rusia e Italia, el curso de los pueblos que no aman la máscara de hierro de los totalitarismos, o sea el proceso hacia delante de una sociedad activa, le dio sentido a que la reconstrucción de las crisis de “entre-guerraS” se hiciera por los cauces de la democracia. Un régimen que se alimenta de los derechos y de la libertad. Donde estos valores no rigen un pueblo puede crecer pero bajo el modelo del gallinero organizado.
A mitad del siglo XX “las libertades que faltan” despertaron” en la Argentina y para que no se enquistaran “los dolores que quedan”, en el seno de la sociedad planeó la bandera de la “enseñanza libre”. O sea la oportunidad para que, sin perjuicio de las “públicas”, la iniciativa privada pudiera constituir y hacer funcionar las “universidades privadas”.
Eso autorizó el art. 28 del decreto 6403/55; y más adelante la ley 14.557 (24.X.1958), donde pusieron su sello el presidente Arturo Frondizi, los ministros Mac Kay y A. Salonia, y un decidido apoyo del entonces gobernador Arturo Zanichelli. En los tiempos siguientes se fundaron dos universidades “católicas” (Buenos Aires y Córdoba), pero seguidamente las hubo otras por iniciativa y esfuerzo de los sectores empresarios y profesionales. A esta altura no asusta a nadie saber que profesores de las “públicas” ejercen también en las “privadas” y recíprocamente.
En definitiva se enriqueció culturalmente el país y se dieron (se dan) valiosos aportes en los criterios pedagógicos y científicos. Fue la reivindicación de “las libertades” que, para otros días,  Deodoro Roca inscribió en el “Manifiesto”.  Y vale señalar que, con la ley 14.557/58 para nada se dio el avance “del oscurantismo” que,  en medio de los bochinches que se desataron, denunció el Dr. Enrique Barros, ilustre figura en los hechos de 1918. (v. La Gaceta, órgano oficial de la FUC Año 1 Nº3 del 11.X.1958).
Calificar a la libertad de enseñanza de “oscurantismo” pudo ser una herramienta de pelea como parte de una dialéctica cerril y ajena a la convivencia que es propia, esencial, de la democracia. Es mejor pensar que en su afán de apertura la Reforma de 1918 dejó para un momento posterior la otra cara de lo nuevo. Y es lo que sí cumplimentó la Reforma de 1958 con la ley 14.557. Una experiencia ya larga –estamos en 2018--  viene demostrando su acierto y cómo la convivencia entre la educación superior en ambas modalidades (“laica y libre”) expresa bien a una sociedad pluralista perfeccionada con el valioso aporte de las diversas contribuciones socioculturales. --
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San Martín: prospectiva y geoestrategia

Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

Se cumplieron 240 años desde el nacimiento --en tierras correntinas-- de José de San Martín, autor y actor de la independencia de Argentina, Chile y Perú. Una conquista guerrera donde sumó el heroísmo y la capacidad de Bernardo O¨Higgins, Las Heras, Guillermo Brown y numerosos otros camaradas de la lucha contra el entonces Imperio Español. De todo lo cual hay mucho escrito y publicado.

1. En 1975 el dominico Jean Paul Ramlot  dio una conferencia sobre “Prospectiva” explicando cómo es una técnica mental donde un grupo, incorporando datos y elementos del presente –con un esfuerzo de imaginación-- anticipa un objetivo que instala metódicamente en un futuro posible. “Los grandes visionarios lo hicieron. Fue el caso de Teodorico El Grande. a su modo también Aníbal Barca: pero mejor es citar al general San Martín que, al dejar Cádiz en 1811, ya fijó a Lima el punto de atracción desde el futuro que guiaría su itinerario por la independencia americana. Y fue en 1821 que en la plaza principal de Lima, enarbolando la nueva bandera y ante el pueblo reunido, proclamó la independencia de Perú”.

Otro rasgo de la campaña sanmartiniana fue expuesto por el coronel alemán Otto von Frankheimer, llegado a Buenos Aires en 1950 luego combatir en la 2da. Guerra Mundial donde había perdido la esposa y dos  hijos menores. Era también “doktor” en historia y hablaba muy mal de Hitler y el nazismo. En una reunión poco numerosa, alguien le preguntó si conocía la experiencia de San Martín y dijo:

-“En Europa –en los institutos militares- se estudian las batallas que comandó San Martín.  Yo enseñaba historia en una universidad. El año antes de la guerra, en 1938, fui incorporado al ejército y debí hacer entrenamiento de combates y cursos sobre historia militar. Siempre recuerdo que, a diferencia de los geopolíticos que dan preeminencia al factor geográfico, San Martín realizó geoestrategia, según yo la entiendo. Hizo de ciertos puntos del mapamundis las principales bases de apoyo de su trayectoria:

a) Cádiz donde estaba el foco antimonárquico de España, las llamadas logias liberales enemigas del absolutismo y con las cuales él y sus amigos hicieron una alianza, en especial con quienes como Riego y Núñez combatían contra la invasión de Napoleón. Con el tiempo (1820) la rebelión de Riego frustró el envió de una poderosa flota de guerra, dispuesta por Fernando VII, que hubiese aniquilado a los patriotas americanos.

b) Con su designio por la independencia americana San Martín seleccionó el segundo punto geográfico, Londres, uno de los centros más poderosos de ese tiempo. Allí logró recursos, información e incluso planimetría. A la vez tomó contacto con los principales líderes sudamericanos como el colombiano Miranda y seguramente la carta para el marino irlandés Guillermo Brown que ya operaba en el Río de  la Plata.

c) A Buenos Aires llegó a principios de 1812 con un grupo integrado por Alvear, Chilabert, Holmberg y otros; allí sentó plaza estableciendo relaciones con los dirigentes de la Junta de Mayo, logrando prestigio con la creación del Regimiento de Granaderos y seguidamente la exitosa batalla de San Lorenzo. Adquirió mucha autoridad e incidió en la orientación política de las acciones por la Independencia. Por su asesoramiento se dejó en un frente defensivo a las importantes acciones del Norte del país. Y concentró el esfuerzo fundamental en la preparación del Ejército de los Andes haciendo de Mendoza la base del proyecto.

d) Santiago de Chile siguió como punto geoestratégico, más las admirables batallas que libró sumando a Bernardo de O’Higgins. Resuelto ese objetivo marchó por mar hacia el norte.

e) Lima fue desde el vamos la meta decisiva, ya que era un centro vital en la capacidad militar española. Allí San Martín llevó la guerra libertadora venciendo al poderoso ejército de Fernando VII, empresa que culminó el 28 de julio de 1821: en la Plaza Mayor de Lima proclamó la independencia de Perú.”

Lo anterior sólo es la versión apretada de las conferencias de ambos autores. La prospectiva del Dr. Ramlot que falleció luego en Francia. Y el sentido geoestratégico con predominio del segundo término del ex coronel y Doktor Frankheimer quien retornó a Europa al enterarse de que su familia no había muerto sino que estaba refugiada en Suiza. Queda sí la imagen y el talento de nuestro Gran Capitán.-
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Argentina 1958: la opción Frondizi

Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

En el verano de 1958 –en vísperas de los comicios generales para elegir presidente, gobernadores y miembros del congreso--  el país se hamacaba  sobre dos alternativas políticas. a) persistir con la óptica tradicional de los partidos que habían derrocado a Perón, cuya fórmula principal llevaba el  nombre de dos políticos honorables: Ricardo Balbín y Arturo U. Illia; b) cerrar el ciclo del antiperonismo rabioso mediante la integración de las masas en una república moderna, y a la vez encarar el desarrollo cualitativo de la economía y terminar con el aislamiento internacional.

Hasta pocos días antes de la fecha electoral (23 de febrero) las cifras parecían favorecer a la UCR en desmedro de la posición de la UCRI que llevaba de candidato a Arturo Frondizi y en las gobernaciones de provincias a figuras como Carlos Silvestre Begnis, Arturo Zanichelli, Raúl Uranga, Oscar Allende y otros.

De pronto ocurrió la novedad: desde el exilio Juan Perón se convirtió en el Gran Elector. Empeñado en patearle los tobillos a la Revolución Libertadora, ordenó a la enorme cantidad de sus súbditos que votaran por la UCRI. No fue gratis, luego de instalado Frondizi en el gobierno nacional, el ex presi dente pasó la cuenta. La reivindicación legal de la CGT le fue concedida, los otros rubros se demoraron dada la tremenda conmoción que había producido el resultado del 23 de febrero, reiniciando la pseudo religión del golpismo. Perón, de su parte se sintió defraudado y lanzó sus tropas a “la resistencia” que todo lo llenó de heroísmo y lodo..

Casi enseguida resucitó el antiperonismo rabioso, más los resentimientos de comité, que llenaron de tensión las relaciones entre Frondizi y los opositores (radicales, socialistas, conservadores, bolcheviques). A lo que se sumó la efervescencia goriloide en las filas de las Fuerzas Armadas, donde únicamente resistió el ex presidente fáctico Gral. Pedro Aramburu, pero en  cuyos ámbitos ni por asomo había un militar con el talento político que sí tuvieron Julio A. Roca y Agustín P. Justo.

En medio de una auténtica oposición salvaje, Frondizi duró 4 años, después lo echaron y metieron preso. Pero ese lapso marcó con buril lo que el país necesitaba y lo que pudo realizarse. Fueron enérgicamente activadas las industrias de base y se logró el autoabastecimiento de combustibles. Se dio un fuerte impulso a la educación y la medicina social. Y para escándalo de la vieja beatería de izquierda se sancionó la ley 14.557 que autorizó las universidades privadas. Todo con amplia libertad de prensa.

El derrocamiento de Frondizi tuvo al menos dos costos de sentido histórico. Quedó al garete un admirable esfuerzo nacional para superar odios y enfrentamientos entre los argentinos, y se dejó a la vera del camino un programa  ambicioso y sensato de desarrollo estructural con la economía como el componente principal.

Más grave, acaso, fue la apertura de un largo ciclo de desencuentros socio-políticos donde florecieron las rencillas de partidos y los golpes militares. Largo proceso donde, sin pausas, naufragaron las legítimas apetencias cívicas y culturales de las generaciones jóvenes. Hasta culminar con el experimento de la violencia (los años 70) donde abrevaron, de un lado, la voluntad de revancha y retorno de un sector, y de otro la impotencia senil de la vieja partidocracia.  

Lo de Frondizi no fue todo para el aplauso, pero dejó plantado, como reserva a futuro, que en la Argentina no hay lugar sólo para la envidia y el revanchismo.  Sí un gran espacio moral para una empresa orientada a construir una nación pujante, unida y soberana.-
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La ceguera antihistórica del populismo degenerado

por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

-“No hay razas superiores .Sólo la disciplina social hace a un pueblo superior a otros”Nosky)
-“Ninguna acumulación de capital, ninguna conquista laboral, son legítimas si deterioran o destruyen el potencial económico de la nación.”(idem)
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No se me ocurre exigir que la dirigencia sindical incluya, sobre todo en las posiciones de mando, a intelectuales o teóricos de alto nivel; y esto sin ignorar la destacada proporción de profesionales que suele haber en algunos de sus sectores. Pese a que por allí bailan algunos trotskistas resentidos y doctorales.

Es un hecho, empero, que todos comulgan en la misma “filosofía” o sea una orientación dirigida casi exclusivamente al “consumo” de la riqueza social y poco interés por la productividad y las inversiones reproductivas A esas, casi como hábito mental, las consideran responsabilidad de “la patronal”, y varios de ellos concentrados sólo en los negocios.

Aferrados al “statu quo” suelen reaccionar enérgicamente ante cualquier nove  dad legislativa o tecnológica que los pueda perturbar. “Neoliberalismo..!!” es el  grito de combate con que se oponen al cambio, sin tener conciencia de que el no-cambio de hoy implicará el desastre cruelmente costoso para sus hijos y nietos. También desconocen que las naciones prósperas y que avanzan en su desarrollo económico y cultural son todas las que funcionan como “neocapitalismo” y que en eso de “liberalismo” ya no creen sino cuatro ideólogos con el cerebelo en el siglo XIX.

Ocurre, a la vez, que a la lucha de clases –y la consiguiente estructura socioeco nómica del viejo capitalismo-- hace tiempo que la sustituyó una sociedad que, de manera creciente, va licuando esas diferencias y oposiciones. Los “trabajadores” tienen automóviles nuevos, hijos en la universidad, buenos sueldos (mejor que un profesor universitario) y una vivienda con servicios adecuados.  Ese proceso en sociología se llama populismo. Pero, cuidado..!, suele degenerarse.

El “populismo degenerado”, al menos entre nosotros, tuvo su expresión política en la década del “modelo k”, sin perjuicio de que el grueso de sus causas y hábi tos ostentaba raíces en varias décadas anteriores. Con ello el Estado se transfor mó en un centro demagógico, cuyo cometido básico fue el reparto de subsidios o ingresos no ganados, un aumento descomunal de la burocracia estatal y con ello la inflación galopante que se come todo y a todos, a los ricos, los obreros y los millones de desocupados. En la corona del modelo brilló la filosofía consumista y la corrupción a granel.

El producto de esa larga experiencia “nacional y popular” se muestra en un mani fiesto clima de anomia (vivir al margen de las normas) y de indisciplina social. Con lo cual ya le dimos la razón a eso de que no hay razas superiores pero sí pueblos superiores, y basta echar la vista sobre el mapa-mundis para verificar dónde estamos en la escala de naciones fuertes y naciones atrasadas. Mientras, nos consolamos despotricando contra el “imperialismo que nos explota”, sin entender ni aceptar que al monstruo que todo se traga lo tenemos en casa.

Frente a ello –se ha dicho bien—“la gente dispone de dos opciones muy visibles. Una es la de siempre, la de ingresar al nefasto callejón de la mansa resignación, bajar los brazos y no esperar nada. La otra posibilidad es replantear su estrategia profunda y buscar diferentes variantes para salir de este perverso laberinto. Rendirse no parece ser una alternativa muy digna. Seguirle el juego a los manipuladores del poder, a los que se abusan de su posición para imponer sus reglas, no debería ser el trayecto obligado existiendo otras chances.” (cf. “La torpeza de validar la inacción”: amedinamendez@ gmail.com).
En la empresa FIAT (Córdoba) se presentó un nuevo modelo de automóvil con varias novedades técnicas, pero llamó la atención que el 85% del producto se debía a la acción de robots. Surge entonces la cuestión de si lo mismo, hoy o próximamente, se dará en el conjunto de la producción industrial (camionetas, tractores, maquinaria agrícola, comunicaciones, aparatología médica y comercial, servicios bancarios, etc.) Todo indica que es tamos muy cerca de un tsunami tecnológico. Es la historia que viene.
Nos estamos preparando para esa etapa inexorable del futuro..? Es probable que con los criterios imperantes en nuestras fuerzas cívicas y sociales, alguien tenga la ocurrencia de enfrentar el tsunami con algunos paros del área pertinente o con una concentración en Plaza de Mayo y discursos altisonantes. Será un modo de tapar el oleaje con las manos, como ya ocurrió en otros tiempos y en otros lugares. Y llegará la hora de la sustitución de la mano de obra directa por una docena de robots, y la desocupación de miles de trabajadores.
A la historia ya acontecida hay que recordarla para no tropezar con la misma piedra, pero a la que viene, la que está aconteciendo o por acontecer, nada ni nadie podrá hacer le un “corte de manga”. Hay que asumirla ya, y para eso no sirven ni servirán los sambe nitos del populismo degenerado aunque se lancen salpimentados con citas de Laclau o  de Trotsky. De este ultimo vale tener presente aquello de que “si al capitalismo no lo podemos derrocar revolucionariamente, hay que socavarlo desde adentro.”


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Rosas y su época

Por José Antonio Riesco


El 3 de febrero, en orden a su conmemoración brilló casi por ausencia. Fue el aniversario de la batalla de Caseros (1852) cuando el brigadier Juan Manuel de Rosas fue desalojado del poder. Lo hizo el Gral. Justo José de Urquiza, coman dando una fuerza militar combinada entre argentinos y brasileños. Rosas, en un bergantín de bandera extranjera llegó a Inglaterra donde pasó el resto de sus días. Fue el “tirano prófugo” del siglo XIX.

En sus dos ciclos gubernativos, como gobernador de “La Provincia”, dejó algunas marcas; en el primero corrió a los indios hacia el sur y los ingleses nos coparon las islas Malvinas – en el segundo “con la suma del poder público” mantuvo con fuerza la articulación de los centros gubernativos del interior con el Puerto. En la batalla de Obligado, con el comando militar del general Mansilla y el heroísmo gaucho, impidió que se adueñaran de los ríos las flotas combi nadas de las dos grandes potencias europeas de esos días. Peleando y nego ciando, don Juan Manuel impuso los derechos argentinos.

Fue un dictador, nadie lo ignora; acaso por que con el país que le entregaron en los años 30, no dejó de ser un mérito. No heredó, políticamente, nada menos que una bolsa de gatos; y por largo tiempo, debió afrontar y controlar una guerra interna y conspiraciones a diario. Por eso a su caída en 1852 la emergente nación no estalló en pedazos, hubo condiciones para el legendario Pacto de San Nicolás y de allí a la convención que al año siguiente sancionó una Carta Magna, que, salvo algunos retoques, sigue regulando el sistema institucional.

De1853 en adelante sí que hubo violencia mediando la cual tuvimos a Pavón y Cepeda hasta la victoria del poder central sobre la rebelión sangrienta del gobernador Tejedor en 1880. Sin computar los muertos e inválidos que dejó la guerra con Paraguay. Pero en ese ciclo se dio lo que en la Ciencia Política se llama “la forja del Estado Nacional”. (cf. Oscar Oszlak). Un lapso en el cual murió, multiplicada por un millar, mucha más gente que durante la tiranía del estanciero Rosas. Más atrás figuran los costosos pleitos entre porteños y caudillos, y sin olvidar los fusilamientos de Liniers y su grupo de conspiradores,

Como se ve no se trata de justificar ni de condenar, sino de explicar los difíciles tramos que desde 1810 en adelante debió vivir y soportar la joven república. Ante todo para sacudir la trama de odios y de resentimientos con que solemos alimentar nuestra visión del pasado y de sus protagonistas. Esa que tiene sus fuentes en la ignorancia, en el veneno de las cofradías ideológicas o en algunos pergaminos apolillados que nada tienen de “documentos”.

Al tirano Rosas el Gral. San Martín le legó el sable de sus campañas. Y a la reivindicación de la verdad sobre su ciclo gubernativo la realizó el historiador Adolfo Saldías, tarea que, con pleno apoyo, le encomendó Bartolomé Mitre. Con lo cual no se resucita un Rosas simpático –ningún dictador suele serlo-- ni cabe desconocer que cuando llegó la batalla de Caseros (1852) su régimen de manejo del Estado estaba agotado por completo.

Rosas no aceptaba la necesidad de que el país se diera una Constitución, acaso propio de su mentalidad de estanciero, pero tampoco hizo nada para que el pueblo avanzara hacia un modelo institucional mejor que su régimen. De haberlo hecho es posible que la Carta de 1853 hubiese sido algo más realista y eficaz que el modelo propio del hemisferio Norte que adoptamos.

El de 1853 tuvo y tiene sus virtudes, pero nunca, durante su ya larga vigencia, sirvió para superar las costosas crisis de convivencia política que hemos padecido y seguimos padeciendo. A no ser para que un montón de papanatas goce de jubilaciones privilegiadas. Y que me perdonen sus padrinos : John Locke, Alberdi, Gorostiaga y asociados.-

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El juez Zaffaroni

Por José Antonio Riesco

Instituto de Teoría del Estado

Está en la “berlina”, como otras veces, el abogado Eugenio Raúl Zaffaroni, juez en lo penal desde que su designación mereció un decreto del general Videla, por entonces titular de la Junta de Comandantes (1976). Seguramente el pertinente informe del “servicio” de IM lo acreditó como plenamente confiable a los fines y políticas del Pro ceso de Reorganización. En esos días tal dictamen era como la fe de bautismo de los candidatos a cargos públicos.

No se sabe bien cómo se insertó en la etapa de “restauración de la democracia”, pero
si que con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, obra y genio de la conducción del peronismo, que Eduardo Duhalde ejercía entonces, don Eugenio Raúl aterrizó en la Corte Supr. de Justicia. Allí se mantuvo con fuerte influencia en las resoluciones hasta que con notoria prudencia, poco antes de que finalizara la etapa del “Modelo K” (o Socialismo Siglo XXI), pasó a la condición de “jubilado pobre”. Para cuyo goce en nada lo afectó que, en pleno ejercicio de tan alta magistratura, se comprobó que era propietario de varios departamentos donde se ejercía la “profesión más antigua del planeta”.

Tiene fama como especialista en Derecho Penal, de allí su diploma de rey del “garan tismo” una corriente asumida por la jurisprudencia, o sea la ideología que impera en las resoluciones de numerosos jueces al juzgar a los criminales. En algunos casos se beneficia al imputado con la absolución, y en otros, al que merece una condena de 20 años le dan 4, o le aplican el mínimo de la pena que corresponde, o un poco más. De ahí surgen los privilegios derivados: excarcelación, reducción de la pena, arresto domiciliario, permisos de salida semanal y otros.

Para esta ideología de la impunidad –y que las víctimas aguanten-- se dan ciertos su puestos: el crimen no remite a la responsabilidad personal sino que es el producto de una sociedad injusta y opresora. La pobreza genera al delincuente (los ricos no co meten delitos..?)- También con el auxilio de cierta rama de la psicología se fundamen ta el jolgorio: inimputables por la edad, presión de necesidades sociales insatisfe chas, estados de inconsciencia, etc.

En las cátedras donde se forman los juristas (abogados, fiscales, jueces) estas doctri nas “avanzadas” se introducen en la mente de los cursantes (jóvenes y no tanto). Pe ro además se liga a la faena de algunos institutos de “derecho procesal” donde se i maginan y elaboran todas las picardías y chicanas que habilitan las restricciones a la función judicial en la investigación de los delitos. Lo que se ve salpimentado con nuli dades y apelaciones, y sin contar lo que suele ir “por la izquierda”.

Después de asignar a los medios sociales la causalidad de la delincuencia los “garan tistas” se pronuncian en favor de los ladrones y asesinos, o sea se transfiguran en soldados de la impunidad. “La cárcel no sirve para nada”, por ejemplo, es una de sus tesis dominantes a lo que sigue la práctica procesal de las sentencias leves, de las excarcelaciones regaladas y otras monadas por el estilo. Con esto en el alma los “ga rantistas” ejercen las funciones judiciales y buena parte de las cátedras pertinentes en las universidades.

El señor Zaffaroni es el príncipe de esta caprichosa doctrina, cuya aplicación a lo lar go de años, llevó a generar y consolidar una dañina “estructura de la impunidad”. O sea una degradación de los Derechos “penal y procesal” orientada a favorecer al ham pa y a destruir la seguridad y la dignidad de muchas personas y familias decentes.

En cuanto a sus reiterados concubinatos con lo regímenes de facto y populistas, “peor es meneallo”, diría Don Quijote. En el gremio de los democráticos no faltaron quienes oficiaron de amigos y asesores de los militares. Aunque sin igualar el “récord” de este miembro de la comisión IDH, de donde hay quienes lo quieren sacar. _

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Noticias de, y desde Córdoba Argentina, para el mundo

 

 

 

 



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